Hace ya dos años que en mi blog personal narre el desarrollo de las elecciones húngaras desde Budapest. El preocupante aumento de las fuerzas de extrema derecha ya era por aquel entonces un problema para la Unión Europea y algunos así lo advertimos, pero para la mayoría de los mandatarios europeos no fue suficiente. El problema húngaro no puede ser tratado como una cuestión secundaria, más bien todo lo contrario, debe ser tratado con la máxima prioridad y urgencia por Europa.
La Unión Europea no puede ni debe tolerar la actitud de un gobierno, liderado por Viktor Orban, que en solo 18 meses no solo ha llevado al país a la bancarrota (cosa fácil con herencia de su predecesor en el gobierno y del propio Viktor Orban en su anterior etapa como Primer Ministro) sino que ha convertido a Hungría en el país europeo más cercano a un sistema dictatorial bajo la apariencia democrática al más puro “estilo Chávez”.
Merece la pena mencionar que el partido del Primer Ministro Húngaro, el Fidesz, tiene bajo su tutela dos tercios del bello parlamento húngaro al conseguir el 54% de los votos en las elecciones de 2010. Con esa superioridad parlamentaria, y con los últimos movimientos legislativos , Viktor Orban deja entrever sus planes cada vez más claros de perpetuarse en el poder impidiendo el ejercicio democrático de sus opositores y de los grupos sociales opuestos a su gestión.
Viktor Orban pretende, a través de las reformas propuestas, entrar en la historia como el salvador de la Gran Hungría. Un claro ejemplo es la entrada en vigor el uno de enero de las ya famosas “enmiendas de la polémica” a la Constitución que han obligado a la Unión Europea a dar un serio (aunque para mí no suficiente) toque de atención al Gobierno y apoyar abiertamente a los partidos de la oposición.
La entrada en vigor de estas reformas reafirma el carácter nacionalista y derechista de la hasta ahora República de Hungría, que de aquí en adelante se llamará solo “Hungría” atendiendo a las peticiones de nostálgicos revanchistas que añoran el dominio territorial anterior al Tratado del Trianón (1920).
A nivel político y económico resulta más que preocupante que un país miembro de la Unión Europea proclame de forma unilateral medidas como el “blindaje” de la figura del Primer Ministro (haciéndolo intocable) y del Forint, definiéndolo como intocable, o la reforma del Banco Central haciendo a esta institucion totalmente dependiente del ejecutivo, lo que ha provocado la espantada de inversores extranjeros y el desmoronamiento del forint como moneada, agravando la deuda de un país con una inflación del 4,3% y una tasa de desempleo superior al 10%. Estas medidas provocan las iras de la UE y del FMI que se niega (y con razón) a aportar los 20.000 millones de euros que necesitaría el país para no caer en la ruina absoluta.
Si nos adentramos en las medidas que afectarán al sistema judicial húngaro, y partiendo de la base de que a juicio de Orban es necesaria una “limpieza” entre los magistrados húngaros (para lo que propone jubilar a todos los mayores de 62 años), las medidas dejan más que claras las intenciones para que gran parte del sistema judicial pase a depender también de las decisiones del ejecutivo que el mismo preside.
En el ámbito social, la prohibición tajante del aborto, la definición del matrimonio como “la unión de un hombre y una mujer” (dentro de una serie de marcado carácter homófobo), la inclusión en la constitución de la frase “Dios bendiga a los húngaros” (cuando Hungría es un país con una gran variedad religiosa) y la aprobación de leyes xenófobas contra las comunidades gitanas suponen un claro paso atrás en el desarrollo social de la nación húngara.
Pocos días más tarde del anuncio de estas medidas, y ante la creciente alarma política y social en el seno de la UE, Viktor Orban dio marcha atrás en una intervención en la Eurocamara (que le ha dado un mes para responder a todas las preguntas) asegurando que “los diferentes problemas se pueden resolver rápidamente”. Desde mi humilde visión, permítanme dudar de dichas palabras.
El problema, más allá de la difícil situación económica, política y social de Hungría tiene un nombre, Viktor Orban. La reacción de Europa no se puede hacer esperar ya que los ciudadanos de un país con la historia y la proyección de Hungría no se merecen tal “desastre democrático”. Y la primera medida debería ser aplicar el artículo 7 del Tratado: privar a Hungría del derecho de voto en la UE (al menos hasta que cambie su rumbo) por violar los derechos establecidos en el Art.2.
Del mismo modo que no sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia. Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense.


Excelente y didáctico árticulo sobre el asunto húngaro. Ojala las entidades europeas tuvieran las cosas tan claras como usted.
Lamento decirle que Usted no tiene ni idea sobre la situación política de Hungría. Yo no he votado por Orbán, y a menudo critico las acciones del gobierno, pero esa histeria extranjera me saca del quicio, y por fin va a conseguir que defienda a Orbán.
Una mayoría enorme de los ciudadanos húngaros eligió este gobierno, y a pesar de la una cierta caida de su popularidad ganarían las elecciones si quiera hoy. No, no son santos, cometen errores a veces locuras, pero por Dios, son el gobierno de un país soberano, elegido democráticamente. Le recuerdo que hace una semana casi medio millon de personas demostararon en Budapest mostrando su apoyo al gobierno.
“Dios bendiga a los húngaros” es la primera frase del himno nacional. Yo no soy religioso pero no me ofende, y le recuerdo que ni siquiera los comunistas tenían los cojones de cambiarlo.
“la aprobación de leyes xenófobas contra las comunidades gitanas” De qué está hablando Usted?
Yo no me atrevería hablar sobre temas de las que no entiend nada, y se lo recomienod a Usted también.