Mentiras piadosas

1) Donde dije “digo”…

…digo “Diego”:

2) Donde estoy diciendo “digo”…

…digo (y hago) “Diego”:

3) Donde coqueteo con muchos “digo”…

…insulto y digo “Diego”:

4) Donde dije “digo”…

…digo “impuestos”:

5) Donde dije (y firmé) “digo”…

…reculo, me indigno y digo “Diego”:

6) Donde prometo “digo”…

…voto “Diego”:

12) Donde pienso “digo”…

…en realidad pasa “Diego”:

13) Donde puedo prometer (y prometieron) “digo”…

…¡sorpresa!, hacen “Diego”:

In conclusion, “hemos vivido tenemos unos políticos que nos han mentido por encima de nuestras sus posibilidades”.


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Cuando los elefantes se pelean

Es muy complicado pertenecer a la clase política de nuestro país. Imagínense el aliento de Merkel en nuestra nuca día sí, noche también. Piensen en Sarkozy dándonos palmadas en la espalda en la enésima Cumbre europea, mientras dos horas después, nos pone a caer de un burro. Pobre él, se ha visto obligado a echarle la culpa a España, para salvar a Francia de la quema que supondría que fuera derrotado electoralmente.

Es muy duro tener doce sueldos, ganar cuarenta millones en un año porque trabajas mucho, y encima que a esos tontos que se levantan a las 6 de la mañana para trabajar, se indignen porque tratas de que sean más productivos. No entienden, los muy imbéciles, que la productividad se basa en números, y que para relajar las estadísticas en rojo del IBEX, los CDS y demás historias, tienes que obligarles a contratos precarios y baratos despidos.

No saben lo que es, esos que se hacen llamar pueblo llano, ¡como si viviéramos en la Edad Media!, maldices, mientras Rouco te aprieta para que no rebajes ni un ápice el dinero que destinas a la Santa Iglesia Católica. No tienen ni idea de la estupidez que es que paguen un euro más por cada receta. ¡Un euro más! Y los muy tontos van y se indignan. ¿Qué es un euro más en la receta de un enfermo crónico? Dices mientras clavas tus indignadas consignas en mi pupila azul. ¿Qué son los recortes? ¿Y vosotros lo preguntáis, que nos habéis votado? ¡El recorte eres tú!

Mientras tratas de convencer a Nicolás, Ángela y Mario de que todo va a estar bien, van los científicos y te montan un pollo porque les hayas cortado un poco el chorro de subvenciones. Dicen que la economía tiene que basarse en un nuevo modelo productivo. ¡Já! ¿Qué sabrán ellos, que no hacen más que echar horas y horas en sus poyatas, jugando con ratones y placas de plástico? Ejpaña necesita un proyecto grande y libre como Eurovegas, ¡claro que sí! Dinero a mansalva, apuestas, especulación, recalificaciones de terrenos para hacer casinos, ¡es pensarlo y que se me caiga la baba! ¡Tanto tubo de ensayo ni tanta tontería! ¡Necesitamos dinero, no ciencia ni gastos en bobadas del estilo!

Y ahora encima vienen los argentinos a tocarnos las narices. ¡Habrase visto! ¡Que nos quieren expropiar lo nuestro! ¡Y encima en la radio se quejan porque no me preocupo por los casi de sesenta mil desahucios que hubo en España en 2011! ¡Encima! Si viven fuera de sus posibilidades, que se vayan a la calle. Y sino, que se lo hubieran pensado antes de comprarse una casa. ¿Que estaban dentro de la burbuja inmobiliaria? ¿Que los bancos dieron créditos por encima de sus posibilidades? ¡Oiga! ¡No se meta con los bancos, que están los pobres muy mal!

Y la última, la de Juan Carlos. Pobre hombre, de verdad. Toda la vida trabajando día sí, día también, para que se tome unos días de descanso por unos miles de euros de nada, ¡y encima le critican! Con lo mal que lo debe de estar pasando, con la cadera rota y su nieto disparando. Que ésa es otra, critican a Froilán por no tener la edad reglamentaria para el uso de armas. La gente metiéndose donde no la llaman, como siempre. Aunque por cierto, muy de acuerdo con mi amigo el obispo de Alcalá en la misa ésta que echaron en la tele pública, ¿eh? Que ésa es otra, el pollo que nos montan esos amanerados semana sí, semana también.

A lo que iba, el Rey. Que pobre, encima que se toma unos días para reflexionar en la intimidad, como Josemari, que hablaba en catalán en la intimidad. ¡Aunque no mentemos a los catalanes, que contento me tienen! Y mira que tenía puntería Juancar, porque para matar a un elefante, hay que tenerla. Eso es un buen monarca de Ejpaña. Campechano, claro que sí. Haciendo esas cosas que los ejpañoles hacen todos los días. Safari por la tarde, caza de elefantes de madrugada. ¡Claro que sí! ¡Que hay que levantar el país! ¡Que así sí salimos de la crisis!

NOTA: En estas semanas que vivimos atentos a lo que acontece en Botsuana, quizás sea bueno rescatar un proverbio africano que enuncia “Cuando los elefantes se pelean, la hierba es la que sufre”. Y mientras tanto, el pueblo llano, marionetas de unos hilos que nos están haciendo tanto daño, seguimos viviendo en esa democracia que retrata tan bien Aleix Sailó como la nueva “Simiocracia“. Disfruten de los próximos meses, que se avecinan curvas.

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Las grandes lecciones

“Tus zonas erróneas”. “Vivir es un asunto urgente”. “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”. “Los secretos de la mente millonaria”. “Piense y hágase rico”. “El arte de no amargarse la vida”. “201 mensajes para emprender y liderar”. “Cómo lideran los mejores líderes”. “Sentirse mejor”. “Guía para angustiados”. “¡Desestrésate!” “Ser un buen jefe en 12 pasos.”

Vivimos angustiados. Buscamos las respuestas de nuestra consciencia en libros. Naufragamos por rutina. Esperamos que una frase de un libro lleno de polvo nos dirija la vida. Cómo ser, cómo ver, cómo creer, cómo querer, cómo actuar con tus compañeros de trabajo, con tu pareja, con tus amigos. Cómo ser feliz. Cómo no intentarlo.

Gastamos a diario esfuerzo, dinero y tiempo en buscar en librerías la solución a un imposible. Creemos, absurdamente, que la solución a nuestras miserias personales nos la dará un gurú norteamericano que “ha visto la luz”. Mientras tanto, seguiremos anclados en cómo desperdiciar el tiempo buscando  algo que jamás encontraremos.

Las palabras se las lleva el viento. Los libros quedan desvencijados en nuestro olvido. Mientras tanto, no aprenderemos. Seguiremos creyendo que la solución a nuestros problemas se compra con tarjeta Mastercard. Que el remedio para una ruptura sentimental lo hallaremos leyendo “10 razones para olvidar a la persona de la que usted está enamorada”. Que la solución para la ecuación a estar sin trabajo se basa en aprenderse de memoria “100 claves para vender sus capacidades profesionales”. Que el mejunje familia+amigos+vida se remedia con un cocktail de chorradas escritas de manera bonita. Sé feliz, la vida es bella, los pájaros cantan, las nubes se levantan. Que el remedio es “más curriculum y menos vitae”. Que encontrará trabajo haciendo networking, que los mejores consejos se los darán en una sesión de coaching, y mientras tanto, usted seguirá haciendo el imbeciling.

¿Hemos probado alguna vez a dejar ese libro de autoayuda en la estantería? Salir a dar un paseo, sorprendernos por las viejas calles conocidas? ¿Añorar el café de la esquina? ¿Saborear la próxima cerveza con unos amigos? ¿Disfrutar de la próxima sobremesa, al calor de la lumbre, en una noche de tormenta?

Vivimos a la espera. Ya seremos felices cuando acabemos la carrera. Cuando encontremos pareja. Cuando volvamos a ver a aquel amigo. Cuando encuentre trabajo. O cuando me empiece a gustar el que tengo. Cuando consiga una casa, un perro, dos hijos (y un árbol). Cuando tenga más tiempo para mí. Cuando no me estrese. Cuando me jubile. Esperando un tren que nunca llega.

Párate y piensa. ¿Cuánto tiempo y energía gastas a diario? ¿Hace cuánto tiempo que no vives? ¿Hace cuánto que simplemente (sobre)vives? Vivimos, sin darnos cuenta, a contracorriente. Descontando segundos de un reloj que no se para. Avanza. Y nosotros nos empeñamos en vivir en bucles. Atormentados por el qué dirán. Por el qué, el quién, el cómo, el cuándo, el por qué, el para qué, el por cuánto. Nos hemos olvidado de que la vida es, simplemente, para ser vivida. Sin tanto tinte masoca ni tanto mejunje revolucionario.

Siente, quiere, ríe, grita, llora, canta, duerme, bebe, ama, besa, trabaja, disfruta. Pero sobre todo: VIVE.  Porque las grandes lecciones siempre llegan en los peores momentos. Ojalá jamás tengas que vivir un momento difícil para aprenderlo. Y como diría el poeta Horacio, carpe diem. Hoy más que nunca, pero igual que siempre.

Dedicado a G.

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La culpa es de la “I”

Hoy se celebran las elecciones al Rectorado de la Universidad de León, en las que concurren dos candidatos, el actual Rector, el Dr. José Ángel Hermida Alonso, Catedrático de Matemática Aplicada, y su opositor, el Dr. Francisco García Marín, Catedrático de Anatomía Patológica.

Más allá de las batallas habidas durante esta campaña por conquistar el voto indeciso y arrebatarle una cifra al contrario, estas elecciones arrojarán el nombre del Catedrático encargado de liderar durante los próximos cuatro años nuestra Universidad, que, no lo olvidemos, es una de las piedras angulares del desarrollo socioeconómico de toda la provincia de León.

Cuando la Universidad de León fue fundada, allá por el lejano 1979, como escisión de la Universidad de Oviedo, la gran mayoría de personas que conforman la comunidad universitaria (los estudiantes actuales), incluyendo la que escribe este artículo, no habíamos nacido. La semilla que germinó en el Campus de Vegazana, y que se extendería luego al Campus del Bierzo, fructificaría en las actuales cifras de cerca de trece mil alumnos, y algo más de dos mil trabajadores (entre personal docente e investigador y personal de administración y servicios), repartidos en ocho Facultades, seis Escuelas y dos centros privados adscritos.

Más allá de las promesas escuchadas durante la campaña electoral ya finalizada, lo cierto es que la Universidad de León, igual que el resto de centros de enseñanza superior de este país, no atraviesa por un buen momento, dada la coyuntura económica actual en la que vivimos en España. De ahí que, a partir de hoy por la noche, cuando se conozca el nombre del encargado de liderar la Universidad de León durante los próximos cuatro años, dicha persona (y su equipo rectoral) adquieran el enorme reto y responsabilidad de manejar el timón de un barco, que esperemos no naufrague entre el temporal que azota a las Administraciones públicas.

Un azote que se prevé duro, muy duro, especialmente cuando la inversión en Ciencia ha caído en los últimos tres años más del 31% y el Gobierno de Mariano Rajoy estudia la posibilidad de que España sea borrada del mapa de los organismos científicos internacionales más prestigiosos, por eso de que “no es algo rentable”.

A los políticos de este país se les llena la boca diciendo “que debemos cambiar nuestro sistema productivo por una economía basada en el conocimiento”. Para ello, irónicamente, su receta se basa en:

  1. No haber sacado aún la convocatoria de becas de formación del profesorado universitario (FPU), correspondiente al año 2011 (a fecha de 22 de marzo de 2012).
  2. Anunciar al inicio de la legislatura un recorte en el sistema de I+D+i que asciende a 742 millones de euros.
  3. Disminuir la oferta de plazas públicas nuevas en centros de investigación de 681 (año 2007) a 55 (año 2011).
  4. Suspender las becas y/o contratos de doctorado, como en el caso del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo o el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia.
  5. Y un largo “etcétera” que se verá complementado, por desgracia para el futuro de este país, tras la aprobación de los próximos Presupuestos Generales del Estado.

Parece que esa famosa ecuación de “I+D+i” (“Investigación + Desarrollo + innovación”) da alergia a nuestra clase política. Empeñados en basar nuestro sistema económico en las dos razones que nos llevaron a la crisis (es decir, la “sombrilla” y el “ladrillo”), no se dan cuenta que el gasto en Ciencia es, en realidad, una inversión. Y no, no son “cuentos chinos que repiten esos locos científicos encerrados en sus poyatas de laboratorio”.

Durante la década de los ochenta y noventa, Estados Unidos, realizando una importante reforma de su legislación mediante la introducción de la cláusula Bay-Dohle, generó más de 30 billones de dólares y cerca de 250.000 nuevos empleos gracias a la Ciencia. También en este país, buena parte de las Universidades se financian a través de las licencias de patentes de sus investigaciones. Por ejemplo, la Universidad de Stanford y la Universidad de California generaron cerca de 255 millones de dólares gracias a una patente relacionada con la Biología molecular. Cifras mareantes, desde luego, si tenemos en cuenta que la Universidad de Nueva York obtiene casi 800 millones de dólares gracias a las patentes generadas por sus científicos, casi diez veces más que el presupuesto que maneja la Universidad de León.

Sin embargo, en España nuestro panorama es desolador. Estamos empeñados en vivir en un sector académico encerrado en sí mismo, de espaldas a la sociedad y al mundo que nos rodea. Claro que hay que defender la Universidad pública y el conocimiento, ¡faltaría más! Pero la Universidad debe devolver a la sociedad parte de la inversión (que no gasto) que realizamos en ella. ¿Cómo? No se trata sólo de patentar y crear spin-off, que también. Se trata de patentar mejor y crear mejores empresas desde el mundo académico, con el objetivo no de desmembrar la Universidad pública, sino de que ésta pueda sostenerse, en medio de un temporal terrible de crisis económica. No debemos basarnos en la cantidad de patentes o spin-off que generemos, sino en su calidad, y en el potencial que tengan para sostener económicamente nuestras arcas públicas.

Hoy en día, la Universidad de León cuenta con 31 patentes, según cifras de la Red T-CUE, y de seis empresas spin-off (Vitatene, Bioges Starters, Indilab, BYDT y la recientemente creada Aquilón CyL). Cifras limitadas para una Universidad que quiere seguir creciendo y apostando por su futuro. Si de verdad queremos apostar por la ecuación de “I+D+i”, deberemos comprender que nuestro “Desarrollo” pasa, inevitablemente, por unir “Investigación” e “innovación”, también y muy especialmente en la Universidad de León.

El Rector que salga hoy de las urnas de la ULe deberá afrontar el futuro de ésta con determinación, si no queremos vernos abocados al abismo. Para ello, en mi opinión, se hace necesaria una apuesta más fuerte por el conocimiento científico que generamos, dejar de echar pestes de la “innovación”, pensando que así sólo “mercantilizamos la Universidad pública”. Si queremos que nuestra Universidad sobreviva, debemos dejar de mirar a un lado y apostar, realmente, porque la ULe actúe como verdadero y principal motor de desarrollo socioeconómico de nuestra provincia, con la idea con la que fue creada en 1979.

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Con la Iglesia hemos topado

Pagar por ver la Catedral: la polémica está servida

Leía antes de ayer, con una mezcla de asombro y perplejidad, la noticia de que la Catedral iba a empezar a cobrar una entrada de cinco euros para acceder al interior de nuestra Pulchra leonina. Ayer mismo, también ileón.com se hacía eco de las primeras percepciones de los visitantes a uno de los monumentos insignes de nuestra provincia.

La Catedral de León no es, por desgracia, ni el primer ni el último templo en hacer caja con las visitas a su interior. En 2010, la Catedral de Almería era la que tenía un acceso más barato (2 euros), aumentando este precio a 3 euros en el caso de las Catedrales de Bilbao, Valencia, Plasencia y Salamanca. Los templos más caros en esta fecha eran los de Burgos, Cádiz y Toledo (5 euros). La Catedral de Santiago de Compostela, sin embargo, mantiene el acceso gratuito.

Fuera de nuestras fronteras, la entrada a los templos religiosos es cuanto menos diversa. En el Vaticano, por ejemplo, organizan paquetes turísticos, que incluyen una visita a la Basílica de San Pedro, la Cripta vaticana y la propia Plaza. La famosa Catedral de Notre Dame (Francia), sin embargo, permite el acceso gratuito a los visitantes, y otros templos, como la Catedral de Colonia (Alemania), Patrimonio de la Humanidad, cobran una entrada con un precio menor (2 euros) a la ahora establecida por el Cabildo de León.

La situación propuesta en nuestra ciudad para la Catedral no es novedosa, sino que parte de las razones que esgrime la Iglesia se basan en lo caras que resultan las obras de mantenimiento y restauración del templo. Argumentos parecidos, por otra parte, a los que esgrimen en la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, donde cobran 13 euros para entrar, ascendiendo a 17 euros el precio, en caso de que desees hacer una visita guiada.

Pero, ¿el Estado no financia a la Iglesia católica?

La financiación de la Iglesia católica merece un capítulo aparte en la Historia de nuestro país. Uno de los mejores conocedores de esta temática, el Dr. Alejandro Torres, es Catedrático de Derecho Público de la Universidad Pública de Navarra. En sus estudios, ha analizado la evolución de la financiación de la Iglesia católica en España en diversas ocasiones.

La financiación actual de la Iglesia católica nace del Acuerdo económico firmado en 1979 entre el Estado español y la Santa Sede. Este documento sustituía al suscrito en los años cincuenta, por el que España estaba obligada a financiar a la Iglesia, como “compensación de las desamortizaciones del siglo XIX y las labores y obras de la Santa Sede a favor de la nación”. Obviamente, estas palabras distan mucho de lo acaecido en los lejanos tiempos de la II República, cuando España se comprometió a eliminar el presupuesto al clero, en virtud del artículo 26 de la Constitución de 1931.

Pero volviendo a la incipiente vuelta de la democracia en España, tras los años de dictadura franquista, merece la pena, ahora que el tema está de moda en España, analizar la “no evolución” de la financiación “a unos pocos” por parte del Estado (que, en principio, “somos todos“). En el Acuerdo que la Santa Sede y España firman en enero de 1979 (unos días después de la entrada en vigor de nuestra Carta Magna), se contemplan cuatro fases:

1) En la primera, se mantenía la financiación “made in Franco”, por la que España estaba obligada a dotar de una asignación presupuestaria directa a la Iglesia Católica. Esta fase es claramente anticonstitucional (no olvidemos que nuestra Carta Magna, en su artículo 16.3, habla de que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”), pero se justificó argumentando que la “sociedad española era eminentemente católica”. Aquellos que justificaron esta fase en su momento se basaron en que dicha etapa debía ser consideraba como “provisional”.

2) En la segunda fase, España cedía su aparato recaudatorio (“Hacienda somos todos“) a la Iglesia católica, para que ésta pudiera recabar dinero de sus fieles por medio de la famosa “casilla del IRPF”, que en principio, concedía una asignación tributaria del 0,4%, que luego pasaría al 0,5%. Pero, “cosas veredes, amigo Sancho“, en esta segunda fase se establecía un período de 3 años (que se alargaron, misteriosamente, de 1988 a 2007), por el que si la Iglesia católica obtenía menos dinero, el Estado debía por medio de la “dotación presupuestaria” de la fase 1, completar esta cantidad.

Pero como ya sabemos que “Hacienda somos todos, y aquí todos somos iguales, aunque unos más iguales que otros“, parafraseando a Orwell, en el caso de que la Iglesia católica recibiera más dinero por la asignación tributaria, se lo quedaba todo la propia institución religiosa, sin devolverlo al Estado. Esta situación se mantuvo invariable durante los gobiernos de Felipe González y José María Aznar (aunque durante los años de Gobierno popular estas cifras aumentaron considerablemente, ver la tabla adjunta).

Año
Asignación
tributaria
(0,5239% del IRPF)
Complemento estatal
Total dotación
presupuestaria
1978 37.619.811,27 37.619.811,27
1979 40.833.447,53 40.833.447,53
1980 45.614.126,19 45.614.126,19
1981 51.087.843,93 51.087.843,93
1982 55.685.749,88 55.685.749,88
1983 62.368.047,79 62.368.047,79
1984 66.421.970,60 66.421.970,60
1985 71.071.508,42 71.071.508,42
1986 76.188.657,70 76.188.657,70
1987 79.998.088,78 79.998.088,78
1988 41.677.652,28 41.520.363,18 83.198.015,46
1989 44.854.967,64 40.838.988,28 85.693.955,92
1990 54.788.763,51 33.476.011,09 88.264.774,60
1991 70.187.976,04 21.526.471,09 91.714.447,13
1992 80.773.719,86 10.940.727,27 91.714.447,13
1993 85.429.538,71 6.284.908,42 91.714.447,13
1994 91.287.367,90 18.697.847,20 109.985.215,10
1995 90.001.092,95 23.806.559,14 113.807.652,09
1996 93.876.542,13 23.897.789,85 117.774.331,98
1997 91.738.822,84 29.136.731,59 120.875.554,43
1998 101.081.716,63 22.318.088,64 123.399.805,27
1999 107.141.044,71 18.479.957,06 125.621.001,77
2000 97.690.982,85 30.442.441,84 128.133.424,69
2001 107.289.392,74 23.406.723,52 130.696.116,26
2002 105.692.430,08 27.617.608,92 133.310.039,00
2003 115.715.090,05 22.980.670,95 138.695.761,00

3) En la tercera fase del Acuerdo de 1979, se contempla la asignación tributaria “pura y dura”, es decir, que la Iglesia sólo pudiera disponer de la recaudación tributaria del 0,5% por medio de la famosa casilla, pero que no se diera ni un euro más en concepto de “dotación presupuestaria”. Esta situación es jurídicamente más defendible que los dos episodios anteriores, pero con matices.

Por una parte, España cede su maquinaria recaudatoria al servicio de “unos pocos”, y por otra, la asignación tributaria que se realiza a la Iglesia católica acaba repercutiendo en el dinero de “todos”, es decir, del Estado. ¿Por qué? Las cuentas son fáciles, con este sistema, algunos pagan el 100% a Hacienda y otros el 99,5%, porque no olvidemos que esta institución religiosa es privada.

Se puede argumentar, y de hecho se hace a menudo, que la “labor social de la Iglesia es necesaria, y repercute en el bien común”. Sin embargo, eso no es del todo cierto por dos razones: la Iglesia no daba justificaciones de dónde empleaba ese dinero procedente del 0,5% y para colmo, las organizaciones sociales de la Iglesia católica (por ejemplo, Cáritas), que realizan una labor encomiable, reciben su ayuda del 0,5 de la otra casilla destinada a “fines sociales”.

4) Y por último, ¿cuál es la cuarta fase de los Acuerdos de 1979? La autofinanciación, ese escenario utópico e idealista en el que la propia Iglesia declara la voluntad de recaudar fondos económicos exclusivamente a través de sus fieles.

Esa voluntad queda hecha trizas con la llegada del nuevo Gobierno socialista, ya con Zapatero como Presidente. Allá por el lejano 2006, cuando la crisis aún no había llegado y vivíamos en una bonita burbuja, se incumplían sistemáticamente los Acuerdos de 1979, pues no se había pasado de la segunda fase (recordemos que ésta duró de 1988 a 2007, cuando su provisionalidad era de tres años). Además, en diciembre de 2005, la Comisión Europea daba un severo tirón de orejas a España, por incumplir la legislación comunitaria (la Iglesia católica estaba exenta de pagar IVA, cuando esto no era posible, de acuerdo a lo que nos exigía la UE).

En lugar de pensar que era hora de alcanzar la cuarta fase de autofinanciación de la Iglesia, prevista en los Acuerdos de 1979, complicamos la historia mucho más. En 2006, España acepta mediante un “canje de notas” que la Iglesia empiece a pagar el IVA en sus actividades económicas y pase a la tercera fase de los acuerdos de “asignación tributaria”. A cambio, no obstante, de “nimiedades”, tales como que la asignación de la famosa casilla del IRPF pase a ser del 0,7% (esa cifra que tanto prometimos para la cooperación al desarrollo) y que nos olvidemos de llegar algún día a un escenario en que la Iglesia católica se autofinancie.

A partir de ahí, la Iglesia católica muestra una trasparencia “absoluta” de qué hace con esos fondos económicos, con la publicación de únicamente tres informes justificativos en 2007, 2008 y 2009. De 2009 a 2012, nos olvidamos, porque total, sólo asignamos durante el presente año la friolera de 13.266.216,12 euros (¡mensualmente!)

¿Y la Iglesia asume los costes de las obras de los templos?

Aunque muchas veces la Iglesia argumenta que “cobrar entrada a los templos” responde, no a un afán recaudatorio, sino a costear las obras de restauración y mantenimiento, de nuevo tenemos que matizar esto. Por una parte, dichas obras no se financian a través del presupuesto que anualmente el Estado da a la Iglesia, sino que tienen una partida aparte. Esto responde a la necesidad, creo que incuestionable, de mantener nuestro patrimonio histórico y cultural en buenas condiciones.

Por ejemplo, en el caso de la Catedral de León, la Junta de Castilla y León y el antiguo Ministerio de Cultura (hoy integrado en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), han dotado de partidas económicas muy importantes para financiar dichas obras. De este modo, en 2011 se adjudicaron casi 430.000 € para obras de restauración del cuerpo superior de la torre de campanas de la Catedral, en 2012 casi 150.000 € para la restauración de las fábricas de los lienzos de los ventanales NXI, SXI y SXII de los lados norte y sur de la nave mayor, en 2005 casi 240.000 euros para restaurar los arbotantes 1, 2, 3 y 4 de la fachada norte, en 2008 más de 750.000 € destinados a restaurar y consolidar las cubiertas altas, el hastial, los pináculos y diversos elementos pétreos de la Catedral, a los que se sumaron 70.000 € en conceptos de asesoría y consultoría para redactar el proyecto técnico .

¿Hay el mismo trato para la Iglesia católica que para otras confesiones religiosas?

La respuesta es rotundamente “no”. En primer lugar, la Iglesia católica y otras asociaciones confesionales no católicas legalmente reconocidas están exentas de pagar determinados impuestos. Destacan el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, el Impuesto sobre Actividades Económicas, el Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana, el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras y el Impuesto sobre vehículos de tracción mecánica.

La exención del IBI para las viviendas de los “ministros de culto” católicos, aunque luego extendida también para los evangélicos y musulmanes, choca directamente con nuestra Constitución. España se declara como un Estado en el que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Sin embargo, los sacedotes de estas confesiones tienen un estatuto privilegiado respecto del resto de ciudadanos, incluso por encima de los funcionarios públicos del Estado, al darles beneficios tributarios en una esfera puramente individual (sus viviendas).

En segundo lugar, el Estado también asigna una determinada partida económica a confesiones religiosas no católicas, pero sólo para proyectos con fines sociales y culturales justificados. En 2005, la partida económica destinada tenía un alcance máximo de 3.000.000 de euros, cifras muy alejadas de lo que recibe la Iglesia católica (y además, con unos fines muy estrictos, que no cumplen las asignaciones económicas destinadas a la confesión religiosa católica).

Por último, España, además de dotar directa e indirectamente a la Iglesia católica de unas cantidades económicas mareantes, gasta anualmente cerca de 600 millones de euros en los salarios de 25.000 profesores y maestros (seleccionados por los Obispados, para que luego nos quejemos de los funcionarios). Además, se destinan alrededor de 6.000 millones de euros de los presupuestos educativos, sanitarios y sociales en los conciertos de entidades vinculadas a la Iglesia católica. Sin contar las ayudas en las visitas del Papa, las JMJ y demás.

¿Pagar y callar?

En el momento económico en que nos encontramos, me parece injusta la decisión del Cabildo de León de empezar a cobrar la entrada a la Catedral. No creo que, por las razones anteriormente expuestas, la Iglesia pueda esgrimir argumentos que no se refieran a un interés puramente recaudatorio.

En la situación de crisis actual, con unos drásticos recortes en sanidad y educación, quizás deberíamos empezarnos a plantear el modelo preferencial, en un supuesto “Estado aconfesional”, que estamos manteniendo con la Iglesia católica. La sangría de dinero público es clamorosa, máxime cuando parece que parece que todo marcha bien cuando se trata de “financiar entre todos a la Iglesia“, pero prefiramos “hacer caja” con los ciudadanos de a pie.

Son sólo cinco euros por cada visita individual, pero dado el montante económico que se asigna anualmente a la Iglesia católica, de forma directa e indirecta, las cuentas no cuadran. “Con la Iglesia hemos dado, Sancho“, que escribiera Cervantes.


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