Vendrテ。n gobernadores, alcaldes e ingenieros

Ha tenido que volver a pasar. Otra vez, la tragedia minera ha vuelto a las noticias con los nombres de seis fallecidos y el dolor terrible de sus familias y amigos. La mina, la maldita mina, ha vuelto al periテウdico, a Internet y al telediario. Y la bandera de Leテウn, a media asta, se ha teテアido otra vez de negro.

Se han muerto muchos, demasiados. Esta tierra tiene cargada en su espalda demasiadas tardes amarillas, demasiadas sirenas, lamentos, demasiados acompasados aテュes a la boca del pozo, que dirテュa la canciテウn.

No tenテュa que haber pasado. Ni la desgracia de Llombera ni tantas otras de aテアos anteriores. Y entre el dolor terrible de estos dテュas, comienza a aflorar la indignaciテウn de todos aquellos que tuvimos o tenemos familiares y amigos picando carbテウn.

Porque ahora vienen gobernadores, alcades e ingenieros, como cantテウ Vテュctor Manuel en la genial Planta 14, a tratar de calmar a las viudas que se muerden el paテアuelo y no sabrテ。n acercarse a la madre que les mira con los ojos resecos. Acuden a la mina en la hora de la muerte, ellos, los que tuvieron la poca vergテシenza de llamar a los mineros “trabajadores privilegiados“.

Ellos, los que desde Madrid hacテュan cuentas desde sus despachos, sin conocer ni saber quテゥ es el grisテコ y cテウmo funcionan los detectores. Los que no han pisado la bocamina, salvo para transmitir el dolor y el pテゥsame.

Hay quien se sorprende porque algunos familiares no quieran a los polテュticos en el entierro de maテアana. Esos que nunca hablaron con los trabajadores, y se llenaban la boca hablando de los grandes derechos que tenテュan los mineros por prejubilarse con 45 aテアos.

Ayer sucediテウ algo que jamテ。s tenテュa que haber pasado. La mina nos volviテウ a repetir la dureza de este trabajo, de la tragedia que supone que Manuel, Antonio, Josテゥ Luis, Roberto, Carlos y Orlando no regresaran a sus casas, con sus familias, con sus vecinos.

Lo ocurrido en Llombera deberテュa hacer reflexionar a los que llamaron privilegiados a los mineros. Que vayan a la mina. Que hablen con los trabajadores, que les digan a la cara (y no desde Madrid) lo afortunados que son por meterse a setecientos metros bajo tierra para picar carbテウn.

Y que luego hablen con los empresarios a los que conceden las ayudas, para ver si renuevan los mテゥtodos de seguridad, siguen siendo condenados por el Tribunal Supremo o apuestan realmente por la conversiテウn real del sector. La tragedia de ayer quizテ。s pudo ser inevitable, quizテ。s el escape de grisテコ fue tan rテ。pido que colapsテウ la sangre de aquellos valientes de metano, haciendo el aire irrespirable.

Solo lo sabremos con la investigaciテウn pertinente y con el paso del tiempo. Mientras tanto, respeto a estos trabajadores que se juegan la vida dテュa a dテュa y las condolencias a sus familias, compaテアeros y amigos. Dejen su duelo en paz.

Y aprendamos de su valentテュa, de la fortaleza que tiene el pensar en rescatar antes a los compaテアeros que salvarse a uno mismo. El esfuerzo diario de los mineros es ejemplo para todos.

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En un dテュa como hoy

Te llevテウ de la mano a tu colegio amarillo cuando aテコn no habテュas cumplido los cuatro aテアos, con aquel conjunto que no te gustaba nada, y la mochila era mテ。s grande que tテコ. A la salida de la escuela, siempre esperabas a que llegara a comer, porque como decテュa aquella vieja canciテウn de Revテウlver, “he pasado mil aテアos viendo como mi madreツtrabajaba y llegaba a casa siempre tarde,ツuna vez y otra vez treinta dテュas al mes”.

Cada vez que te caテュas, tuvieras siete, quince o veintidテウs aテアos, ahテュ estaba ella para sostenerte, o para recogerte y ayudarte otra vez a levantar. Nunca hubo ningテコn ave Fテゥnix que no renaciera sin una mujer como ella a su lado. Cuando te regaテアaba, cuando se enfadaba, cuando te hacテュa reテュr, cuando se pegaba cuatrocientos kilテウmetros en el coche para irte a buscar al aeropuerto en Navidad, ella siempre estaba ahテュ.

Fue quien te animaba cuando suspendテュas un examen, “tテコ sigue, hija, tテコ sigue”, te solテュa repetir, hasta que en aquella graduaciテウn donde por fin celebrabas haber acabado, le dolテュan las manos de tanto aplaudir, y se le encogテュa algo por dentro al ver que… el tiempo habテュa pasado volando y ahora la que volabas del nido eras tテコ misma.

Cuando la vida te ha llevado lejos de casa, cuando en cada invenciテウn de esas maravillosas de MRW por un euro te manda un paquete con algo que seguro se te ha olvidado, cuando te llama por la noche, cuando ha luchado contra las nuevas tecnologテュas para estar mテ。s cerca, ya sea por WhatsApp, e-mail, Facebook o incluso Twitter, ahora, en un domingo como hoy, piensas que no deberテュa existir una fecha especテュfica para “celebrar el dテュa de la madre”.

Porque ella se merece un texto como este todos los dテュas, un ramo de flores cuando a pesar de estar cansada, se pone a hacer los deberes con tu hermano, a celebrar todos los テゥxitos familiares. Porque admiras que sea capaz de ser tan incombustible, y porque solo agradeces a la genテゥtica que la vida te dテゥ la mitad de sus genes y de su fuerza cuando seas mayor.

Gracias a ella has aprendido a ser tテコ misma, y la mejor lecciテウn la cantabas a su lado con aquel cassette que solテュais escuchar juntas en el coche, “sabes que llegar a la meta cuesta“, pero que serテュa imposible llegar sin su apoyo y テ。nimo detrテ。s. Ahora cada vez que te miras al espejo observas con nostalgia cテウmo te pareces mテ。s a ella, y a pesar de los ochocientos kilテウmetros que os separan, sabes que sigue cerca, dテ。ndote su aliento.

Por eso en un dテュa como hoy, aunque deberテュamos celebrar este primer domingo de mayo todos los domingos, igual que cuando nos juntテ。bamos todos en Leテウn a comer… por eso y por todo lo que te debo, felicidades mamテ。.

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Carta abierta a Samuel Folgueral: No todo vale

Hoy saliendo de trabajar leテュa con incredulidad las noticias que se iban propagando por Twitter, la red social que me permite estar un poco mテ。s cerca de casa y seguir desde tierras catalanas la actualidad de mi ciudad y provincia. De repente un titular me dejaba boquiabierta: Samuel Folgueral, el arquitecto que lidera el grupo municipal socialista ponferradino, asumテュa la alcaldテュa de la capital berciana.

De repente, las cuentas no me salテュan. Serテ。 por mi poca memoria o por mi negaciテウn a creer que el grupo del PSOE en Ponferrada podrテュa pactar con el de Ismael テ〕varez alguna vez. Pero lo han hecho. Y encima, con recochineo, presentando la mociテウn de censura un 8 de marzo, dテュa internacional de la mujer. Apoyados por el partido del condenado por acoso sexual en el caso Nevenka, Folgueral y el resto de concejales socialistas dan un golpe de mano en Ponferrada y desbancan de la alcaldテュa a Carlos Lテウpez Riesco.

Como persona de izquierdas y ponferradina, no me lo creo. Me parece una tomadura de pelo aberrante que el PSOE pacte con IAP para asumir la alcadテュa de la capital del Bierzo. Aunque las cuentas salgan aritmテゥticamente, no lo hacen moralmente. No todo vale, seテアores concejales. No vale el “poder por el poder”, el “ganar por el ganar”, y aunque 8 + 5 sean mテ。s que los 12 representantes del PP municipal, parece que no han aprendido la lecciテウn.

Sabrテ。n sumar muy bien, pero que Folgueral sea alcalde habiendo obtenido los peores resultados de la historia del PSOE en Ponferrada en las elecciones de 2011, dicen mucho del apoyo que tiene actualmente el grupo municipal allテュ. Y lo que no se gana en las urnas, la confianza, no deberテュa conseguirse con el apoyo de un condenado por acoso sexual.

Desde hoy, dejen de contar con mi apoyo y mi voto. No vale todo en polテュtica. Esa sed de poder les auguro que les harテ。 estrellarse dentro de tres aテアos y medio. No se echen las manos a la cabeza cuando vean que siguen perdiendo apoyo ciudadano, cada vez mテ。s en contra de este bipartidismo asfixiante que nos estテ。 ahogando a todos.

Lanzar la mociテウn un 8 de marzo, para mテ。s inri, me parece tan vergonzoso, que no reconozco en sus siglas los ideales socialistas, el apoyo a la igualdad y a los derechos de la mujer. Sigan asテュ. El Titanic en el que estテ。n convirtiendo al PSOE, a nivel municipal y nacional, tiende cada vez a parecerse mテ。s a la vieja UCD. Un paso mテ。s desde Ponferrada para ahogar el viejo sueテアo de Pablo Iglesias.

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Yo no vivテュ el 23-F

Hace 32 aテアos, cuando no eran ni las seis y media de la tarde, el coronel Tejero entrテウ en el Parlamento, y al grito famoso de “ツ。Quieto todo el mundo!”, disparテウ al aire. Sテウlo tres diputados de los que estaban allテュ presentes se mantuvieron firmes, sin agacharse en sus escaテアos: Adolfo Sテコarez, Gutiテゥrrez Mellado y Santiago Carrillo. Aquella tarde, histテウrica para nuestra casi embrionaria democracia, serテュa recordada despuテゥs con el miedo vivido, pero tambiテゥn con la alegrテュa de saber que por una vez Espaテアa no se decantaba por la opciテウn de matarnos entre todos y derramar sangre.

Este 23-F ya no recordamos a Tejero. Ahora la imagen del Rey impertテゥrrito en la televisiテウn pテコblica de 1981 suena con ecos demasiado lejanos en nuestra historia. Hoy pensamos en el Monarca y sテウlo Nテウos viene a la cabeza una cacerテュa de elefantes. O quizテ。s la inexistente acepciテウn de “abdicaciテウn” en el diccionario real.

Tenテュa razテウn Alfonso Guerra cuando decテュa aquello de que “a este paテュs no lo iba a conocer ni la madre que lo pariテウ”. Y es que con el paso de los aテアos, el recuerdo incierto y gris de aquel lunes se ha borrado de la memoria colectiva. O al menos, de aquellos que ni vivimos el golpe, ni votamos la Constituciテウn, y apenas recordamos la entrada de nuestro paテュs en la Uniテウn Europea.

Uniテウn Europea que, sin embargo, sテュ forma parte de nuestra intrahistoria generacional. Una Europa que ahora mテ。s que nunca suena a Viejo Continente, desgastado por unas diferencias econテウmicas y sociales fraticidas entre el norte y el sur. Una Europa, en definitiva, que hemos construido un poco entre todos, por ejemplo a travテゥs del programa Erasmus que nos ha ayudado a entender que un alemテ。n, un sueco, un portuguテゥs y un espaテアol igual no eran tan diferentes. Una Europa que borrテウ sus fronteras para acercarnos a todos, que compartiテウ su moneda, que escribiテウ la historia mテ。s cercana a la cooperaciテウn y la fraternidad jamテ。s vividas, especialmente tras la II Guerra Mundial.ツUna Europa asentada sobre los pilares democrテ。ticos inspirados tras los juicios de Nテシremberg; en definitiva, una Europa mテ。s humana, mテ。s ciudadana.

Lo que estテ。 claro es que tras esta crisis que nos asfixia, no volveremos a ser los mismos. Ni tampoco lo serテ。n la educaciテウn y la sanidad pテコblicas, la justicia o la investigaciテウn. Cuando salgamos de esta, porque saldremos, habremos retrocedido mucho mテ。s atrテ。s de aquel 23 de febrero de 1981. Un paテュs empobrecido, ahogado por el dテゥficit, derrumbado tras los sueテアos utテウpicos de una burbuja que nos estallテウ en la cara. Quテゥ grandes nos creテュmos y quテゥ pequeテアos テゥramos en realidad. Hoy la bテコsqueda de un futuro mejor se retrata en las colas infinitas del paro, en los jテウvenes de mi quinta que han hecho las maletas, en las miles de personas que cada noche buscan en la basura algo que llevarse a la boca.

Es duro pensar que la generaciテウn siguiente a nosotros no disfrutarテ。 de algunas pequeテアas cosas que conseguimos despuテゥs de muchos aテアos de lucha. Ya saben, nimiedades como los derechos laborales, el apoyo a la educaciテウn pテコblica o un sistema de salud universal. Ni Espaテアa ni Europa volverテ。n a ser lo que fueron. Los sobres del Parlamento se teテアirテ。n de un negro vergonzoso, y las declaraciones de la renta en B serテ。n la nueva moda en Hacienda. Los partidos mayoritarios, probablemente, no dejarテ。n de jugar al tenis, en esos eternos peloteos del tテコlohashechomal y lohagomalporlaherenciarecibida. Mientras deciden quiテゥn gana el punto de set sobre la ILP de los toros, las cuestiones lingテシテュsticas o las escuchas en floreros de un conocido restaurante del Eixample barcelonテゥs, los ciudadanos, 32 aテアos despuテゥs del golpe, y en una crisis sin precedentes, habremos perdido el partido para siempre.

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Dimitir no es un nombre ruso

Han pasado cinco aテアos desde que comenzaron los primeros sテュntomas de una crisis larga, demasiado larga. Tan larga que se nos ha olvidado aquello de llevar a mテュnimos histテウricos la tasa de desempleo, y cada lunes la cola del paro se hace mテ。s larga. Muchos de los jテウvenes de mi generaciテウn emigran, huyendo de un paテュs que ha olvidado demasiado rテ。pido aquello de que jugaba a la Champions League de la economテュa.

Pero no sテウlo hemos sido superados por una crisis econテウmica y social con pocos precedentes en nuestra historia reciente. Tambiテゥn nos hemos topado – de repente – con una increテュble crisis テゥtica y moral de aquellos que estテ。n destinados a ser nuestros representantes pテコblicos. Yernテュsimos que se forran organizando eventos deportivos y utilizando sus reales influencias, sobres que llevan dinero B procedente de donaciones ilegales, EREs amaテアados para favorecer a los nuestros, miembros de partidos polテュticos que no responden ante la desfachatez de las Cajas de ahorro cuando estaban en sus Consejos de Administraciテウn…

Resulta inquietante ver que tras cinco aテアos, sigue existiendo esa calma aparente ante el descrテゥdito polテュtico. Ya no nos sorprenden los casos de corrupciテウn (en la imagen inferior se ven los casos existentes en Espaテアa), lo tomamos como algo rutinario, lテウgico por ser demasiado habitual. Pero la indignaciテウn latente ante los “no me consta”, “sテュ hombre” y demテ。s escurrebultos que se quieran inventar sigue estando ahテュ, esperando a que una mecha incendie la pテウlvora que recorre cada hogar de punta a punta del paテュs.

Ante el insテウlito panorama de especuladores, sobres por debajo de la mesa y cuentas en Suiza, los partidos polテュticos deberテュan ser los primeros en reaccionar. Estoy convencida de que los partidos per se no son corruptos, los son aquellos (minorテュa) que forman parte de ellos y utilizan su responsabilidad pテコblica para aprovecharse en beneficio propio.

ツソQuテゥ margen de confianza nos queda a los ciudadanos cuando vemos que la mala praxis es tapada, justificada y embrollada por compaテアeros de partido, a la espera de un cargo en la prテウxima lista, o un favor a medio plazo? Si de verdad quieren que la sociedad recupere su confianza en los responsables polテュticos, la mテ。xima que deberテュan seguir nuestros representantes democrテ。ticos serテュa obligar a todos los que se ven envueltos en casos de corrupciテウn a dimitir. Solo eso garantizarテュa la buena salud de nuestro sistema democrテ。tico.

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