Morir con honor

El Entrenador se fue introduciendo despacio en el vestuario mediante cortos pasos apoyado en un bastón que se retorcía en una espiral de madera barnizada. Su rostro era ya un pergamino quebrado y escrito con las palabras del paso irreversible del tiempo en cada arruga de su piel. Sólo quedaba de aquellos tiempos donde la gloria del Campeón le visitaba en cada partido, esa mirada de hielo con la que parecía penetrar en el interior de cualquiera.
El Entrenador cerró los ojos e inspiró el aire del recinto que olía a una especie de almizcle entre humedad y ungüentos de fisiterapeutas. Cuando abrió los ojos miró alrededor y pudo ver a sus jugadores esperando de nuevo escuchar el discurso antes de competir. Las palabras se fundieron en un eco que se extendía por el recinto llenando de su verbo todo aquello que se encontraba en el interior…Y comenzó a hablar:
“ Caballeros… He visto a hombres llorar como niños, testigos de sueños diluidos entre los dedos del tiempo, he oído crujir huesos como astillas en la carrera hacia la gloria, he sentido romper ligamentos como si fueran tiras de papel por alcanzar un anhelo y he podido ver el Infierno con mis propios ojos tantas veces como Dios me ha permitido entrar en el Cielo siendo un simple mortal como vosotros.
La Guerra que nos espera ahí fuera trasciende a la Competición. No se trata de la Victoria o la Derrota. Se trata de luchar hasta el final del combate en un encuentro con nosotros mismos en un duelo que busca la perfección de una Cruzada. Caballeros… si hoy hay que morir…, moriremos con honor.
Llevamos esperando este momento desde el día que nacimos y todo lo que ocurra a partir de ahora será fruto de hasta que punto somos capaces de aguantar el dolor más allá de todo lo que pueda soportar un ser humano. Esa es nuestra decisión, … ser ganadores… o ser como los demás.”
Sus huesudos dedos abrazando a un puño fueron antaño garras de acero preparadas para levantar cien kilos en superseries de bíceps y esas frágiles piernas sostenidas con la ayuda de un bastón, resistieron en el pasado las carreras más extenuantes sobre cuestas inaccesibles para la mayoría.
Habló de cómo se construyen los sueños y de la magia que transforma a los hombres corrientes en ilustres campeones. Habló de los sacrificios necesarios y de las derrotas inevitables. Habló de cómo ese día, en ese instante, todos los Guerreros de leyenda bajarían del Olimpo a sentarse en la grada para admirar un combate a muerte y honrar al vencedor.
El entrenador puso su mano en el centro y todos los jugadores se levantaron para hacer de nuevo juntos la piña que simboliza la comunión entre un hombre y sus aliados.
Y cuando todos pusieron sus manos encima… uno a uno se fueron desvaneciendo como en un extraño fundido con la atmósfera que impregnaba un vestuario vacío…
Pedro, el Conserje de la instalación, le dijo:
– “Entrenador, le acompaño a la salida. Es la hora de comer y vamos a cerrar”.
El Entrenador miró a su alrededor girando sobre sí mismo totalmente desconcertado y con la mirada puesta en algo que sólo debía poder ver él y apenas podía balbucear: “¿Qué…diablos…?”
Fuera del Pabellón esperaba una mujer apoyada en un coche en el que dentro había un niño asegurado en una silla especial.
-“Perdone de nuevo Pedro, pero ya sabe que a mi padre es difícil tenerle controlado” le dijo al Conserje con una de esas sonrisas que ganan el perdón de todo pecado.
-“No se preocupe señora –replicó-, es un orgullo poder escuchar a su padre los discursos que sólo los Campeones tuvieron el privilegio de oír antes de tantas Finales.”
El Entrenador ya en el exterior, hacía con sus dedos una visera por encima de sus ojos intentando distinguir el rostro de las personas que tenía delante.
-“Vamos papá,… la comida está puesta en la mesa y nos preocupábamos por ti…”
El Entrenador reconoció a su hija por el sonido de su voz y besando su mejilla, pudo decirle al oído…:
-“Creí que seguías siendo una niña…”

Publicado en Entradas | 2 comentarios

Pasajeros y Viajes

Exprimí el cigarro en una inspiración profunda como si en realidad fuera la última bocanada de aire puro que quedara en la atmosfera. El pitillo murió deshaciéndose entre cenizas como augurio de lo que esperaba a mis pulmones empapados en nicotina y alquitrán.

Mientras exhalaba una densa nube por la ventanilla de mi taxi pude ver en el retrovisor a mi próximo pasajero acercándose por la retaguardia. Nunca me gustó fumar en el coche, por eso siempre abría los cristales y echaba fuera todo indicio de mi pecado venial. Aún así, e incapaz de percibirlo, el interior del taxi debía estar impregnado de ese olor a tabaco que sólo advierten aquellos que no fuman.

La mujer se subió al vehículo con una elegancia felina. Alta incluso sin sus botas de tacón, morena de largo cabello ondulado como las olas de un mar oscuro, ojos de color desconocido ocultos tras unas enormes gafas de sol y una piel blanca inmaculada, de aquellas que sólo pueden pertenecer a los ángeles del cielo o los demonios más retorcidos.

Enseguida invadió el interior del coche la esencia inconfundible de Donna Karan y mientras cerraba los ojos para diagnosticar su pureza, su voz sonó en mis oídos a medio camino entre una orden y una súplica:

– ¿Puede llevarme al centro?.

De nuevo a través del retrovisor pude ver liberados sus grandes ojos negros mirándome en el espejo, y aunque estaba sentada justo detrás de mí, la distancia entre nosotros me pareció de una inmensidad tan grande que apenas pude responder por temor a que no me oyera:

– La llevaré a donde usted quiera en esta vida, y en la otra seré su barquero para pasar al otro lado del Aqueronte.

Creí verla sonreír con esos labios de color carmesí, aunque ahora pasado el tiempo, quizá fue una mueca de simple displicencia a un ser insignificante para ella.

Durante el trayecto me pilló varias veces in fraganti, observando cómo sus delicados, largos y finos dedos se paseaban con rapidez por las teclas de un teléfono móvil enfundado en una carcasa rosa pastel.

– ¿Cree que me conoce? Me espetó. ¿Juzga usted a todos sus clientes?

– Sobreestima la velocidad de mi cerebro señorita. – Le dije – . Todavía estaba intentando calcular que hay más allá del diez.

Creí volver a verla sonreír.

– Pues bien, le doy un poco más de tiempo… ¿Cree conocerme sólo por lo que ve? – Preguntó inclinándose hacia delante intentando que comprendiera la cuestión.

En mi labor profesional he tenido oportunidad de tener que llevar a sus destinos a infinidad de personas, desde gente de alta alcurnia o apuestos soldados uniformados, hasta borrachos incapaces de decir la dirección de su casa vomitándome la tapicería. He mantenido filosóficas conversaciones con catedráticos universitarios y he charlado largamente con individuos cuya mirada me salpicaba de vilezas inhumanas.

También he llevado a bellas mujeres que me han obsequiado con holgadas propinas que no me merecía… pero ninguna de ellas me habló jamás.

– Señorita, no sé qué contestarle. Si le digo lo que pienso, es posible que se ofenda, y si le digo lo que debo seguramente ya lo había oído antes muchas veces. – Informé intentando permanecer en terreno neutral.-

– Adelante, diga lo que piensa. Todavía queda trayecto. Hable honestamente. –Me soltó como retando a un niño en una lucha de puñales.

– Bien,… jugaré a su juego señorita. Ummmm, deje que organice mis ideas. – Decidí en ese instante hablarle de la forma más transparente posible y obedecer a mi cliente sometiéndome a sus peticiones.

– Creo que Dios o el Diablo, o ambos a la vez, le han bendecido con una belleza de la es plenamente consciente desde que tiene doce años. Creo que ese poder le ha permitido hacer con los demás lo que ha querido y sus deseos se han ido cumpliendo uno tras otro, doblegando las voluntades de las personas a las que ha pedido cualquier cosa. Pienso que no sólo es fácil acostumbrarse a eso, sino que termina siendo una forma de vida de la que apenas toma conciencia. Las cosas ocurren según su voluntad y termina olvidando que tanto usted como los demás son víctimas de la lascivia de su piel. Hombres que la desean y mujeres que la envidian. Todos caen rendidos a su atracción seducidos por el pecado de la carne.

Ella me respondió: – No es tanto por mi belleza sino más bien, por la mente simple de los hombres, que me otorga esa capacidad de hacer con ellos lo que quiero.

Y yo le dije: – En realidad el único poder que posee son los veinticuatro años que tiene y lo que ahora es un problema simple para usted, cuando cumpla cincuenta y su marido quede cautivado por un poder joven semejante al suyo, comenzará a ser un problema complejo… allí cuando el tiempo le haya arrancado la magia con la que sus deseos se cumplían sólo con sonreír.

– Hemos llegado señorita…

– ¿Cuánto le debo?

– A cuenta de la casa señorita. Todavía conserva ese poder y hasta que lo pierda podrá viajar en mi taxi siempre que me sonría.

– Bien, pues quédese con mi tarjeta,… también tendrá un servicio a cuenta de la casa.

La mujer salió del coche llevando tras de sí la fragancia de su piel y dejando de nuevo dentro el triste hedor a tabaco y regurgitaciones de mi tapicería. Salí rápidamente del taxi para verla de nuevo mientras se iba pero ya no pude distinguirla entre la multitud de la gente paseando por el centro de la ciudad.

Sólo reaccioné cuando el claxon de los coches voceaba exabruptos e improperios hacia el taxista que creía que era dueño de la calzada… y entre mis manos ardía la tarjeta dorada de la exquisita mujer que se había rebajado a subir a mi taxi, con el membrete rezando en letras azules: L’amour Éternel (Se admite Visa).

Publicado en Entradas | Deja un comentario

Siete flores

I

Una madre golpea a su hijo antes de ir a la Escuela por no haber respondido a la obediencia. Poco después le abandona a la suerte del Colegio con la vana esperanza de que el sistema haga por ella lo que de nacimiento es incapaz. La madre sentada en la cocina lloró toda la mañana devorada por los remordimientos de una justicia que ponía en duda. Llamaron a la puerta y sobresaltada por un ruido que sin embargo esperaba, salió deprisa respondiendo al sonido del timbre. El niño traía aprisionadas en su pequeña mano unas cuantas Margaritas que extendió como implorando el perdón de un pecado que ignoraba haber cometido. La madre le abrazó y le susurró al oído. “Tú eres la flor que he esperado toda mi vida”.

II

Cuando abrí la puerta un hombre me entregó el pedido de una floristería… Rosas Blancas y Rojas quedaban esposadas a una cuerda de color rojo. La tarjeta dorada contenía palabras impresas de color carmesí…” Te espero en la ribera del río,,,allí donde las vides desbordan con sus uvas los sueños de los hombres que te desean.”

III

Nunca creí que terminaría como Directora de un instituto cuando de estudiante en la Universidad representaba el símbolo del pergamino que inspiraba la religión del libertinaje y la entrega al placer absoluto. En mi despacho me encontré Magnolias que se llevaban todo aquel poder que durante años había intentado impregnar en aquellas cuatro paredes…Me hablaban de amores prohibidos y deseos que intentaba olvidar desde hace años…

IV

Cuando ví las Orquídeas enseguida se escribió en mi rostro una sonrisa difícil de borrar. El móvil sonó, y yo respondí de inmediato…”gracias mi amor por el color del cielo al que me elevas…” y él me dijo, “De qué me hablas…si apenas podemos hablar sin discutir…”

V

Decidí llevar Crisantemos para verla postrada en una cama en la que siempre pensé estar yo en lugar de ella… Ironías de la vida…, yo que me había convertido en un fiel peregrino de los Centros de Desintoxicación, intentaba ver a través de sus párpados cerrados, la respuesta a una pregunta que me acosaba desde hacía décadas… ¿Por qué no me has abandonado en todo este tiempo…?

VI

El aire de las habitaciones de hotel huele a secretos encerrados. Él siempre me decía: ¿Qué recuerdas de tus sueños cada vez que despiertas a mi lado?” Y yo le respondía…”Nunca recuerdo mis sueños cuando duermo al lado tuyo, sola o al lado de cualquiera…”
Habrían pasado cerca de diez años y aunque me prometí olvidar a aquel hombre, un día me levanté con la imagen de su rostro en mi memoria,,, aquel que hizo posible que recordara mis sueños a partir de entonces… Miosotas adornaban cada paso que daba en la búsqueda absurda de un amor que jamás volvería,… porque yo ya no le deseaba…

VII

Hacía frío esa mañana de Noviembre y me envolví fuertemente con el abrigo negro. Mis Lirios se transforman en tristes figuras de belleza incólume a medida que lágrimas disfrazan de gris la danza de la muerte… El epitafio versa sobre la plegaria de que el niño, el aspirante, la pasión, el amante, la enmienda, el pecado y la redención…forman parte de todos aquellos que están tejidos con los delicados hilos del Destino.

Publicado en Entradas | 6 comentarios

I will always love you


¿Qué es lo que hace tan atractiva la mirada al lado oscuro de la vida? ¿Qué es lo que empuja a una persona a la que han concedido el privilegio de la belleza y el talento, beber hasta el suicidio? ¿Qué es lo que hace que un ser humano considere insuficientes las emociones de la vida y busque refugio en el abrazo alcohólico de las drogas, hasta adorar el rostro de la muerte? ¿Qué extraño deseo fuera del alcance de los mortales hace saltar a Whiney o Amy al profundo precipicio del averno? ¿Qué buscabais allá en el otro lado princesas…?

Vivimos en un mundo de hiperestimulación y de idolatría a una felicidad que se escapa a medida que vamos consiguiendo nuestros deseos y las ansias de satisfacción inmediata nos obliga a querer más y más, más y mejor… en un apetito que nunca cesa.

Aquellos que por sus propias limitaciones son incapaces de alcanzar sus sueños o deseos, codiciarán todo lo que tienen los demás en una especie de rencor que les otorga el derecho a medicarse contra el dolor de la desdicha. La tragedia de querer ser más de lo que eres y ser consciente de tus carencias representa el gran complejo en la evolución de los hombres a medida que crecen y dejan de ser niños para comprender el rol que desempeñan en sus vidas.

Con la pérdida de seres queridos, buscamos consuelo en brebajes como si fueran la pócima de un encantamiento prohibido y conciliar la vida con la tortura del recuerdo.

Prometedores destinos frustrados, quebrados por accidentes fortuitos, tornan la vida de las personas terminando con las expectativas que se tenían y con ello, de nuevo el peregrinaje hacía las drogas como consuelo de lo que pudo ser y no fue.

Amores imposibles, desear pero no ser deseado, querer pero no ser querido, amar pero no ser amado, son razones suficientes para buscar eternamente un sueño en forma de alcohol y todas las personas tendrán un poco de eso que añoramos.

En ocasiones tanta luz nos deja ciegos de por vida y mentes sutiles perciben de la realidad matices que el resto no vemos. Interpretar constantemente la verdad del mundo consigue terminar con el espíritu de aquellos que pueden hacerlo.

Escapar de un recuerdo, de un trauma infantil puede ser convocar extraños monstruos nocturnos cuyas voces sólo pueden silenciarse abotargando el cerebro hasta hacerlos callar.

El éxito prematuro, el talento desbordante, la idolatría popular, la riqueza excesiva, la vida exprimida, la búsqueda de nuevas experiencias, la frustración de las ilusiones, el suicida cobarde, las pasiones quebradas, la mediocridad aspirante al trono, el espejo distorsionado, el doloroso conocimiento de la verdad, el deterioro de la piel sin mácula, el paso inexorable del tiempo, las preguntas sin respuesta … y en definitiva el deseo inmortal del hombre de querer … y no poder, de no aceptar las condiciones de la vida, … un contrato irrecusable que te abre las puertas de ambos lados.

Whitney murió sola en una bañera ahogada en el mar de sus propios lamentos y ni todo el talento y belleza de ébano pudieron salvarla de los monstruos que la perseguían. Amy se entregó a la muerte sin testigos en su apartamento tras una ingesta masiva de alcohol con 27 años, allí donde la vida no podía consolar un dolor que pocos podrán comprender.

La vida es ajena al poder y la genialidad, y a todos nos golpea con la misma dureza tarde o temprano. Aquellos que tienen el valor o la inconsciencia temeraria de mirar hacia abajo en el precipicio para ver lo que hay, corren el riesgo de perder el equilibrio o sentir la atracción del vacío en un vuelo efímero que termina con la muerte. El resto sólo podremos vivir preguntándonos constantemente…¿Qué habrá allí en el fondo…?

Publicado en Entradas | Deja un comentario

El Pacto

Es posible que no todas las consecuencias del Deporte de Competición sean todo lo positivas que deseáramos. La agresiones físicas y verbales, conductas maleducadas e incluso insalubres por parte de algún aficionado, la vanidad, el doping, las desigualdades que generan los que ganan y los que pierden, la competitividad extrema, la selección exclusiva, las lesiones crónicas, la violencia en general, etc. son parte de una detracción cada vez más creciente del universo deportivo. Sin embargo que duda cabe que los beneficios y valores que ese mismo dispositivo nos ofrece son infinitamente superiores, como son la salud, la solidaridad, la cohesión de grupo, la identificación, trabajo en equipo, el esfuerzo, el sacrificio, la fuerza de voluntad, la lucha por la consecución de un logro, el compañerismo, el liderazgo, responsabilidad, lealtad, respeto, convivencia, la aceptación de la derrota, la justa valoración de la victoria, la superación, la autodisciplina y autoestima, la cooperación, la autonomía, la integración social y relaciones interpersonales, huir del aislamiento, ocupación del ocio y el tiempo libre, evitar el sedentarismo, etc.

En el Villa de Aranda de Balonmano, únicamente somos testigos de los grandes valores trasmitidos por el Deporte. El esfuerzo y sacrificio como señas de identidad y un grupo cohesionado que trabaja como un verdadero equipo identificado con lo que representa y con lo que hace. Compartir objetivos comunes y sudar la camiseta juntos, son cosas que hacen surgir la amistad y el compromiso ante las adversidades propias y ajenas. Las relaciones humanas que se establecen hacen posible que se cree un clima en nombre del Deporte y aquellos que aman el Balonmano quieren vivirlo de nuevo tal y como lo hacíamos originalmente jugando como niños en el patio del colegio.
Ganar es importante, pero no lo es todo. Perfeccionarnos, seguir mejorando y continuar dando de nosotros lo mejor, son pautas que dictan nuestro día a día sin pensar mucho más allá de lo que tenemos que trabajar hasta el fin de semana más próximo.

Formar parte de un grupo que representa algo más que nosotros mismos y que tiene una identidad propia, exige de cada uno renunciar de manera altruista a una parte interior para entregarla a los demás desinteresadamente,,,y eso para algunos no es fácil. El jugador es egoísta por naturaleza y en esencia desea la Gloria eterna en una guerra que no termina nunca, por eso claudicar ante el grupo despojado del Ego pero coronado con el laurel del Equipo, dice del individuo mucho más que sus acciones deportivas.

Cuando los intereses particulares dentro de un grupo priman sobre los colectivos, comienzan las fisuras y a resquebrajarse los cimientos de su fortaleza. Las miserias del hombre afloran y sobre los principios del “Yo” se justificaran las verdades a medias, las manipulaciones, las reuniones clandestinas y finalmente… la traición. El equipo ha muerto.

Los que han vivido directa o indirectamente estas tristes situaciones, son conscientes de lo difícil que es conseguir de un colectivo heterogéneo y con objetivos inicialmente muy distintos, la constitución de un grupo homogéneo que lucha por lo mismo.

Existe un compromiso adquirido para todos aquellos que a lo largo de su vida deportiva fundieron con sus manos unidas gritando el juramento de la lealtad que les llevaría a entender las relaciones humanas grupales como algo más que cumplir con un horario establecido en un despacho. Formarán parte de una cruzada en todos los lugares donde estén, predicando un modelo de vida y una manera de entender el trabajo colectivo.

Gracias a todos aquellos que acuden a la Guerra al escuchar la convocatoria cumpliendo con un viejo pacto sellado a golpe de sudor en un contrato que nadie puede romper.

“Tú nos diste la medalla de Plata y nosotros te damos la de Oro…”.

Publicado en Entradas | 2 comentarios