Soy de esas personas capaces de pasarme los largos días de invierno soñando mis posibles escapadas de verano. No es fácil decidir dónde quiero perderme, porque lo haría en cualquier sitio, por eso me cuesta decidirme por qué lugar me quiero dejar llevar e invadir. Pero hace años descubrí dos ideas que deben ir unidas: mochila y corazón, y que desde entonces intento cumplir en cada escapada.
Como a mí, supongo que le pasa a mucha gente, y en estos días de calor pienso en las jornadas de descanso de los más pequeños que nos rodean. ¿Cómo hacer que nuestras niñas y niños disfruten del verano mientras crecen?
Los peques quieren saltar, reír, conocer, explorar, indagar, disfrutar… y nosotros tenemos la responsabilidad de consensuar y de decidir dónde lo pueden hacer, dónde quieren y podemos que lo hagan, qué y por qué. En principio una infinidad de ideas se me vienen a la mente: ludotecas, campamentos, granjas, escuelas de verano, etc. Luego hay que considerar los recursos y realidades de cada cual. Pero en cualquier caso, lo que debe estar al margen de todo ello, es la finalidad que le demos a la opción elegida. Valoramos que nuestros niños y niñas están en edad de conocer, explorar, aprender, indagar, disfrutar, relacionarse, saltar, reír, etc. ¿No es acaso también lo que quieren? ¿Coincidencia?
Ante nuestros ojos tenemos muchas más posibilidades y acciones de las que creemos, ¡Usemos el ingenio y la imaginación! Os animo a ello. No hace falta irse lejos, aunque sí que es verdad que a veces faltan opciones atrayentes y resolutivas ante horas de trabajo, tiempo de relax, familiares con necesidades, y sueldos justos e injustos.
Recuerdo mis veranos como un tiempo lejano que se pasaba lento. Días soleados que volaban y en los que yo me quería hacer mayor. Ahora pienso en los veranos de los locos bajitos e intento darle sentido y valor, buscar herramientas para las familias. Paseos por el campo, baños en el río, visitas a pueblos, domingos familiares, convivencias, rutas en bicicletas, juegos por la noche, comidas refrescantes, reencuentros, actividades, silencios, horas en coche, nuevas amistades de verano…
Parémonos a darle la importancia a este tiempo, a su tiempo. Escuchemos a esos bajitos, mirémosles y observemos qué necesitan. Disfrutemos con ellos y de ellos, de nosotras. Termina un curso escolar cargado de prisas, rutinas, horarios, actividades, aprendizajes, y ahora toca cerrar una etapa que continuará el próximo año. Nos preguntamos qué hemos aprendido, y ahora debemos de poner la guinda al pastel. Con sencillez, pero con la importancia y el valor de una etapa y de un ciclo. No es un punto y aparte, sino un punto y seguido, diferente, pero igual de importante, especial y que irá cargando sus mochilas con corazón.
La Autora
Alba Otero Perandones (La Bañeza, 1984) es pedagoga y especialista en gestión de ONGs. Ahora continúa en Madrid un sueño que comenzó hace tiempo. Está convencida de que la educación es el motor más potente para una sociedad mejor, pero todavía anda buscando la mejor fórmula. Por eso siempre tiene una maleta cerca y los ojos bien abiertos.-
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Alba me encanta leerte, cuanta razón tienes en todo lo que dices y qué bien expresado está, cada día tengo más claro que eres increíble y única.
Un besazo enorme y por favor sigue deleitándonos desde tu blog
Bravo ¡¡
Eres impresionante!! no dejas de sorprenderme, ni de enseñarme!!
me encanta lo que escribes y la ilusion que tienes por tu profesion.Besitos