LA JUNTA DESPRECIA AL LEONÉS

¿Se imaginan a una comunidad autónoma negándose a cumplir un artículo de su propio Estatuto? ¿Se imaginan si ese artículo precisamente hiciera referencia a una parte importantísima de su patrimonio cultural? Pues bien, no hace falta que realicen ese ejercicio de imaginación, porque está sucediendo hoy en día en nuestra autonomía. El artículo del Estatuto es el 5.2, y de lo que trata es del leonés. Literalmente dispone: “El leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad. Su protección, uso y promoción serán objeto de regulación”. Esta declaración suena fatua y vacía, ya que a día de hoy la Junta sigue sin hacer nada en favor de la preservación y divulgación de dicha lengua.

Ello ha quedado de manifiesto en los últimos meses gracias a la labor desarrollada por la Asociación Cultural Faceira, que ejerció el Derecho de Petición (recogido en la Constitución) ante la Consejería de Cultura y Turismo y la Consejería de Educación para solicitar información sobre el cumplimiento efectivo del citado artículo 5.2. La Consejería de Cultura se despachó con una simple carta, asegurando alegremente (y sin aportar pruebas) que se están haciendo muchas cosas en favor del leonés. La Consejería de Educación, haciendo poco honor a su nombre, ni siquiera se dignó a contestar, vulnerando así un derecho constitucional. Faceira se lió la manta a la cabeza y con sus propios medios demandó judicialmente a la Consejería, a pesar de los gastos que ello conllevaba (procuradores, abogados,etc.). La maniobra resultó efectiva, ya que en cuando tuvo constancia de ello, Educación dictó una apresurada resolución denegando la introducción del leonés en el sistema educativo aduciendo unos argumentos realmente débiles y pobres.

De todo esto se desprende que las Consejerías encargadas de velar por el leonés no están haciendo nada ni pretenden hacerlo. Ello es más sangrante si acudimos a las comparaciones: el gallego, que está siendo impartido en colegios y escuelas del Bierzo y de parte de Zamora, cuenta con un presupuesto anual de casi 600.000 euros (100 millones de las antiguas pesetas), mientras que el leonés cuenta con la astronómica cifra de… 0 euros. De hecho, durante la tramitación en las Cortes de Castilla y León de los Presupuestos de la Comunidad para 2011, el PSOE presentó una enmienda para introducir una partida de 125.000 € dedicada a la promoción y protección del leonés que fue rechazada sin ningún argumento por el Grupo parlamentario del Partido Popular. Una auténtica vergüenza, porque en el resto del dominio lingüístico asturleonés, como en Asturias y Miranda do Douro (Portugal), sí existen medidas reales de protección y promoción de esta lengua, incluida su presencia en el sistema educativo. Pero es precisamente en las provincias de León y de Zamora donde más peligro corre el leonés e irónicamente es donde no se protege ni difunde en absoluto. Por todo ello, Faceira ha anunciado que denunciará ante instancias nacionales e internacionales el reiterado incumplimiento del artículo 5.2 del Estatuto y de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias del Consejo de Europa, así como la política arbitraria y discriminatoria de la Junta de Castilla y León hacia los hablantes del leonés. ¿Modificará esto la actitud de auténtico desprecio por el leonés que mantiene la Junta? No lo creo, pero siempre será mejor la labor de esta asociación que quedarse de brazos cruzados mientras lo que queda de esta lengua se desvanece.

(En la web http://faceira.org está disponible toda esta información en extenso… y muchas cosas más)

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Las conexiones leonesas de Canarias

Existe una herramienta en la página del Instituto Nacional de Estadística que sirve para comprobar cuánta gente se apellida como tú, y en qué provincia viven. El otro día me dio por jugar un poco con esta utilidad, y me pregunté en qué provincias abundaría el apellido “León”, así que introduje la consulta y obtuve este gráfico:

apellido león en Canarias

Llama la atención ver que las mayores concentraciones de este apellido se dan en provincias sureñas, con la excepción de Palencia y Cantabria. También es llamativo el caso de las Islas Canarias. En cualquier caso, repetí la búsqueda con el apellido “de León”, ya que se solía anteponer “de” en el caso de judíos y moriscos conversos y de la demás gente que adoptaba un apellido basado en la toponimia del lugar de origen. Los resultados con “de León” fueron totalmente diferentes:

apellido de León en canarias

Sólo hay un lugar en toda España que concentre el color verde más intenso (un grupo importante de gente con este apellido): las Islas Canarias. Y la diferencia con las demás provincias es abrumadora. ¿Cuál puede ser la razón de este fenómeno? ¿Tal vez la emigración? Las Canarias funcionaron como un auténtico puerto de salida de las gentes que emigraron a América, y tal vez un contingente importante fueran personas de origen leonés, ya fueran judíos conversos al cristianismo o no. Como curiosidad personal añadiré que mi amiga Margalith Matitiahu, judía sefardí con raíces en Salónica, me contó que en aquella ciudad los sefardíes (judíos de origen español) se agrupaban en barrios y sinagogas según su reino de procedencia, y que existió un barrio de León. De hecho, de allí procedía su familia: el apellido de su madre era “de León”, aunque lo perdió al emigrar a Israel y tener que adoptar el de su marido.

Hay otras dos cosas que podrían indicar una conexión entre León y Canarias: el hecho de que existen abundantes leonesismos en el habla de las Islas (cosa que apunta Rafael Lapesa en su obra “Historia de la Lengua Española”) y las llamativas concomitancias entre la lucha leonesa y la lucha canaria. ¿Tiene todo ello un significado vinculado a la emigración leonesa, o es sólo una casualidad lingüística y antropológica? Me inclino por lo primero…

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Y el anacronismo se hizo exposición…

La semana pasada fui a visitar “La memoria del tiempo: fotografía y sociedad en Castilla y León (1836-1936)”, que está localizada en el Centro Leonés de Arte (palacete de Avda. Independencia, 18). Ya el título me hacía temer lo que finalmente encontré: un anacronismo institucionalizado con apariencia de exposición. Y es que no creo que haga falta explicar a estas alturas de la película que Castilla y León sólo existe desde 1983, pero por si acaso vuelvo a repetirlo.

La muestra exhibe un amplio grupo de fotografías antiguas de las provincias leonesas y de algunas castellanas, con un gran valor artístico, testimonial y hasta histórico: eso creo que nadie lo ponga en duda.
Todo ello, sin embargo, y en mi opinión, queda invalidado por el capcioso título, ya que no hace más que tratar de propagar una clara intencionalidad política: seguir convenciéndonos de la absurda idea de que Castilla y León existe desde hace mucho, mucho tiempo.

El folleto que dan a la entrada de la exposición no puede decirlo más claro: “Ancha es Castilla”, se titula. En el texto se abunda en la continua confusión entre Castilla y la actual comunidad autónoma de Castilla y León, con joyas como éstas:

“(…) Hemos tratado en este proyecto de recrear la imagen de Castilla y León”

Bueno, es muy difícil “recrear” una imagen de algo que no existía. ¿Qué le parecería a la gente una exposición que se titulara “La memoria del tiempo: grabados y sociedad en la Unión Europea (ss. XVI-XVII”? Sonaría sencillamente absurdo trasladar un marco administrativo actual en un pasado remoto, ¿no es cierto? Pues exactamente eso es lo que hace esta exposición dirigida por el conquense Publio López Mondéjar.

Sin ningún tipo de pudor, se habla de “los grandes maestros castellano-leoneses” (sic), olvidando tal vez que este neogentilicio ya ni siquiera aparece en el Estatuto de autonomía, y que mucho menos se puede aplicar a autores que vivieron y murieron mucho antes de que se forjara esta comunidad autónoma.

Ahora bien, adivinen qué fundación está detrás de esta muestra. Efectivamente, la inefable Fundación Villalar. Como ya dije en su momento, esta exposición corrobora que este año ha acabado la tregua que nos habían concedido a los leoneses con el 1100 aniversario del reino de León.

Pero veamos otra flor del folleto que tampoco tiene desperdicio:

“Este es también el propósito central del presente trabajo, que trata de contribuir a la recuperación del patrimonio fotográfico castellano-leonés (…) para la definitiva elucidación de la historia de la fotografía en Castilla y León y para reconstruir la imagen antigua de la región”

Sinceramente, creo que es difícil poner tantos anacronismos juntos.

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Regreso a la anormalidad

Acabó el año 2010, y con él la plétora de actos y actividades que festejaron el 1100 aniversario del nacimiento del reino de León. No creo mucho en las conmemoraciones históricas, pero sin embargo he de reconocer que ésta puede haber dejado sembrada una simiente que tal vez veamos germinar cuando maduren las generaciones que la han vivido en la escuela.

Y es que han sido muchos los chavales que han tenido que realizar trabajos de distinto tipo sobre el reino de León, y los que se han pasado por las exposiciones, han visto el documental en la televisión o en Internet, etc. Por primera vez los estudiantes han podido ser conscientes de que aquí hubo un reino medieval de primer orden, a pesar de que prácticamente ni se lo menciona en los libros de texto. Incluso han podido acceder a informaciones y datos que desmienten lo que esos libros transmiten, con lo que todo ello supone. Hasta los profesores han podido darse cuenta de ello: el que reaccionen en consecuencia o no ya es harina de otro costal.

A lo largo del año pasado la Fundación Villalar y la Junta han mantenido un perfil bajo en lo que se refiere a su actitud de construcción de sentimiento autonómico “castellanoleonés”, debido sin duda a que no consideraron pertinente ejercer de aguafiestas.

Sin embargo, ha sido empezar el 2011, y ya tenemos un amplio y disparatado escaparate de despropósitos. Por ejemplo, hasta el 22 de enero el Museo Provincial de León (edificio Pallarés) acogió una exposición llamada “Castillos y Murallas en el Occidente de Castilla y León”, donde una vez más se trasladaba al pasado el actual marco autonómico, y donde los hechos históricos más relevantes eran, como siempre, los castellanos. Hay un interesante análisis de la exposición en el blog de Cristian Martín:
http://elmurrial.blogspot.com/2011/01/castillos-y-murallas-en-el-occidente-de.html

Más recientemente, el día 27 de enero, fue presentado el primer tomo de la “Historia de Castilla y León en Cómics”, de la Fundación-Fundición Villalar (fundación de la que ya hablaremos largo y tendido otro día). Titulado “De Atapuerca a los Trastámara”, constituye una burda manipulación de la Historia en la que los leoneses aparecen como “los malos” e incluso como tontos o cobardes (véase el análisis realizado en
http://blogs.ileon.com/historiasdeleon/2011/02/01/comic-villalar/ ).
Entre los asesores históricos se encontraba Julio Valdeón, fallecido el verano de 2009, lo que me hace pensar que en realidad este cómic ya estaba acabado hace tiempo, pero que se ha esperado taimada y oportunamente a que pasaran las celebraciones del 2010.

Y ahora nos encontramos con otro libro, titulado “Muerte y represión en el magisterio de Castilla y León”. Sin entrar a valorar el contenido del libro, ya que todavía no lo he leído, ¿a qué se debe a la inclusión de Castilla y León en el título? Castilla y León sólo existe como marco administrativo de referencia desde 1984 y llevarlo hacia atrás es jugar con la ucronía. Creo que nadie se imagina un libro que se titule, por poner un ejemplo, “Muerte y represión napoleónica en la Unión Europea”, ya que sería tildado de anacrónico. En mi opinión, debería haberse optado por “Muerte y represión en León y Castilla la Vieja”, o “Muerte y represión en la submeseta norte”.

En cualquier caso, sólo son tres muestras de que se ha vuelto a poner en marcha la maquinaria de manipulación histórica. Una vez más, veremos surgir como setas libros y exposiciones en los que se nos habla del pasado de Castilla y León, retrotrayéndolo a épocas anteriores a 1984. Y mientras tanto, veremos que en el curso que viene los libros de texto de esta comunidad autónoma seguirán dedicando dos tristes líneas al reino de León, y transmitiendo una historia falseada y con tintes de nacionalismo “castellanoleonés”. En fin, que mucho me temo que 2011 supone el regreso a la anormalidad.

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El nefasto cómic de la Fundación Villalar

El pasado día 27 fue presentado el primer tomo de la “Historia de Castilla y León en Cómics”, el nuevo despropósito de la Fundición Villalar. Titulado “De Atapuerca a los Trastámara”, constituye una manipulación de la Historia y un menosprecio total de la identidad leonesa.
Pero antes de analizarlo, veamos cómo lo presentan en su página:
“El cómic está destinado a jóvenes y estudiantes de Educación Secundaria (entre 12 y 16 años) y condensa de manera inteligente, y desde el más absoluto rigor histórico, la enorme cantidad de acontecimientos que han tenido lugar desde nuestros orígenes. Próximamente se editará el II volumen: De los Reyes Católicos hasta la actualidad”.
Como veremos, esas intenciones quedan muy lejos de la triste realidad. Se han imprimido 1.500 ejemplares a todo color y sin reparar en gastos, que se distribuirán en los próximos días a todas las bibliotecas de los Centros de Educación Secundaria de la autonomía. También se pondrá a la venta en librerías a 18 €, aunque se puede descargar en PDF si se busca por la página de la Fundición.
Antes de nada, he de decir que no tengo nada personal contra el dibujante, el vallisoletano Miguel Díez Lasangre, ni contra sus asesores históricos, pero sí en cuanto a los contenidos y al tono propagandístico. Los dibujos, de una gran sencillez y sin ser ninguna maravilla, creo que son los adecuados para una obra de estas características, y me parece positivo el sentido del humor utilizado, aunque frecuentemente es usado como arma ideológica. Hay buenas imágenes de batallas, edificios, etc., pero todo esto se pierde desde el momento en que se abre el libro y se percibe el inconfundible tufillo de la propaganda política y nacionalista tan típica de la Fundición Villalar. Algo que no ha de extrañar si comprobamos que entre los asesores históricos está el fallecido Julio Valdeón. Ello también nos da la pista de que es una obra que lleva gestándose varios años, lo que me lleva a preguntarme por qué la han presentado precisamente ahora, justo después de acabar las celebraciones del 1100 aniversario del reino de León: ¿Casualidad? No lo creo…
Pero pasemos a echar un vistazo al tebeo.
En la Presentación ya nos encontramos esta joya:
“Dejando aparte antecedentes más remotos, basta remontarse a la Reconquista y la progresiva repoblación de la cuenca del Duero, para asistir al nacimiento de un pueblo singular que poco a poco extendió su lengua y sus tradiciones a un extenso territorio que llegó a abarcar desde Asturias hasta Andalucía” (José Manuel Fernández Santiago, Presidente de las Cortes de Castilla y León y de la Fundación Villalar-Castilla y León, pág. 7)
Caramba, yo juraría que en el actual Estatuto de autonomía ya se recoge que leoneses y castellanos son pueblos diferentes y diferenciados, pero aquí el señor Fernádez Santiago nos habla de un “pueblo singular” que tuvo una única lengua, contraviniendo de paso el artículo 5 del mencionado Estatuto, donde se habla de la importancia del leonés.  Mal comienzo…
Lo mismo puede decirse de este fragmento de la Introducción:
“Aquí están contados y plasmados, de una manera asequible, a la vez que concisa y atractiva, los hechos más importantes de nuestro pasado. Me refiero a aquellos hitos decisivos de nuestra historia particular que, dentro de los límites de Castilla y León como pueblo, pasaron después a formar parte de la historia general de España como una nación moderna. Sin ninguna duda, nuestros niños y nuestros jóvenes tendrán en esta historia en cómic una referencia a la que acudir por el rigor de los hechos aquí descritos” (Manuel Fernández Álvarez, revisor de contenidos y del guión, pág. 9)
“Castilla y León como pueblo”. Guau.  “(…) el rigor de los hechos aquí descritos”. Pues si empezamos diciendo que Castilla Y León es un único pueblo, poco rigor se aprecia.
Pasando al tebeo en sí, en la parte de la Prehistoria hay una viñeta que no me puedo resistir a compartir:

Esta viñeta hace realidad las denuncias hechas por Plataforma Pro Identidad Leonesa en el sentido de que para la Junta, Castilla y León ya existía como tal desde la Prehistoria.
Posteriormente se habla continuamente de los “celtas de la meseta”, o “pueblos de la meseta”, presentados prácticamente como un conjunto, aunque sí que se nombran de pasada los nombres de algunos de esos pueblos.
Como ya viene siendo habitual en libros de texto y otras publicaciones de laFundición, se presta una muy especial atención a los vacceos y, sobre todo, a los celtíberos: a estos últimos y al asedio de su ciudad de Numancia se les dedica más de cuatro páginas, con todo lujo de detalles: asedio, vista de la ciudad, etc.
Los ástures tienen que conformarse con salir mencionados en un par de viñetas. La única vez que aparecen las guerras asturcántabras en el texto es de traca:
“ROMA AÚN TUVO QUE SOMETER A CÁNTABROS, ASTURES Y GALAICOS, PUEBLOS QUE EN PARTE HABITABAN LAS ZONAS PERIFÉRICAS DE LA CUENCA DEL DUERO, Y QUE RESISTIERON HASTA 19 A. C.” (pág. 23)
¿Galaicos habitando en la Cuenca del Duero?¡Por favor! Menuda patada a la historia: ¿era ese el “rigor” prometido? Y por si fuera poco, estos galaicos protagonizan la mencionada viñeta, apareciendo como el estereotipo de gallego que no se sabe si va o viene:

Se menciona que:
“UNA VEZ TERMINADA LA CONQUISTA, LAS TIERRAS DE LA MESETA PASARON A FORMAR PARTE DE LA REPÚBLICA DE ROMA, ENMARCADAS ADMINISTRATIVAMENTE EN LA PROVINCIA CITERIOR” (pág. 24)

De las posteriores divisiones, y de los conventus no se dice nada, porque claro, habría que hablar de los ástures, y no interesa, oiga. Además, si se hubiera puestola división de Diocleciano se verían divididos los territorios de Castilla y León y claro, eso tampoco conviene.
Por cierto, los mapas de la actual Castilla y León aparecen constantemente desde la Prehistoria, como anacrónico marco histórico. Sería comprensible que figurara un mapa al comienzo con las principales ciudades, pero ponerlo tan a menudo huele mal.
En cuanto a la época de las invasiones bárbaras (suevos y visigodos) sí que está tratada con rigor histórico. Lo mismo puede decirse de los orígenes del reino asturleonés, e incluso llega a reconocerse que “CASTILLA, POR EL MOMENTO, NO PASABA DE SER UN CONJUNTO DE CONDADOS QUE DEPENDÍA DE LOS REYES DE LEÓN” (pág. 36).
Con el surgimiento de Castilla como condado se habla de la aparición del castellano, pero ni una palabra del leonés. Y ya figura el castillo dorado sobre fondo rojo, lo que constituye un gravísimo anacronismo, ya que ese blasón no apareció hasta finales del s. XII. Su uso tiene como fin que el lector vaya identificando “nacionalmente” a esa Castilla primigenia, y esa sensación se refuerza en la ilustración de la Batalla de Simancas, donde la manipulación ideológica es flagrante (pág. 38):

Ya antes Fernán González aparece como un igual del rey Ramiro II, y porta un castillo heráldico en el pecho. El auténtico protagonista de estas páginas es el conde castellano, y el rey leonés aparece como una especie de personaje secundario cómico que se humilla ante él para pedirle ayuda (!!!).

EN CUALQUIER CASO, EN SUS ÚLTIMOS AÑOS DE GOBIERNO, FERNÁN GONZÁLEZ YA ACTUABA EN LA PRÁCTICA COMO SI FUERA UN REY.
Y A SU MUERTE, SU HIJO HEREDARÁ EL CONDADO SIN QUE LEÓN SE OPONGA. CASTILLA HABÍA ALCANZADO UNA GRAN LIBERTAD DE ACCIÓN RESPECTO A LOS MONARCAS LEONESES; POR ESA RAZÓN FERNÁN GONZÁLEZ ES CONSIDERADO EL PADRE DE CASTILLA Y SUS GESTAS SERÍAN NARRADAS EN EL FAMOSO POEMA QUE LLEVA SU NOMBRE. (pág. 39)

Por supuesto, no se menciona para nada que el Poema de Fernán González es un poema antihistórico y mitificador de muchos siglos después. Nada se dice de sus múltiples traiciones para no manchar su inmaculada imagen de héroe castellano.
Cabe reseñar que a lo largo del tebeo es frecuente que los reyes leoneses aparezcan como patéticos personajes cómicos, y los condes y personajes castellanos como héroes serios y majestuosos.
En la pág. 45 los condes castellanos portan escudos herádicos ¡y una bandera de Castilla! en lo que parece ser una gala del anacronismo histórico, heráldico y vexilológico:

En cuanto a Sancho Garcés III de Pamplona (que no Navarra, como se empeña en decir el texto), se habla de su coronación en León como emperador, pero nada se dice de su posterior huida frente a Bermudo III (pág. 46).
Se sigue repitiendo como dogma de fe que Fernando I fue el primer rey de Castilla, aunque con matices:

“EFECTIVAMENTE, SEGÚN LAS INTERPRETACIONES HISTÓRICAS TRADICIONALES, FERNANDO HEREDA EL CONDADO DE CASTILLA CON EL CARÁCTER DE REINO; ES DECIR, FERNANDO I, PERTENECIENTE A LA DINASTÍA JIMENA DE NAVARRA, SERÍA EL PRIMER MONARCA DE CASTILLA” (pág. 46).

“BERMUDO III MORIRÁ EN LA BATALLA SIN DEJAR DESCENDENCIA. FERNANDO I, HACIENDO VALER LOS DERECHOS DE SU ESPOSA SANCHA, SERÁ CORONADO REY DE LEÓN, DANDO LUGAR A LA 1ª REUNIFICACIÓN DE LEÓN Y CASTILLA”.(Pág. 47)
Se sigue jugando con el concepto de que una mentira repetida mil veces puede convertirse en una realidad. Esa supuesta primera reunificación de León y Castilla sólo supuso el regreso del condado castellano a la órbita leonesa tras unos pocos años de gobierno pamplonés.

Curiosa cuando menos es la nota al final del episodio en la misma pág. 47:
“SEGÚN OTRAS INTERPRETACIONES HISTÓRICAS MÁS RECIENTES, FERNANDO I SIGUIRÍA (sic) SIENDO CONDE DE CASTILLA HASTA LA DERROTA Y MUERTE DE BERMUDO III, Y SÓLO ALCANZARÍA LA DIGNIDAD DE REY AL HACER SU ENTRADA EN LEÓN”.
Es llamativo que comience a cambiarse el discurso oficial, aunque, eso sí, lo vemos reducido a una especie de nota al final, mientras en el tebeo se sigue reflejando la milonga de que Castilla fue reino ya con Fernando I. Por cierto, a partir de esa página, Fernando I y sus tropas portan escudos y banderas cuartelados, o con un castillo y un león, que como se sabe fueron creación de Fernando III, bien avanzado el siglo XIII. Serán cosas del “absoluto rigor histórico” que se prometía al comienzo del cómic:

Alfonso VI y Urraca aparecen retratados como personajes torvos, con ojos oblicuos (¿con qué motivo?), frente a la majestuosidad de Sancho II (pág. 49):
La lindeza se repite en la pág. 50 con un Alfonso VI patético y cobarde en la batalla:En la misma página, Alfonso VI se lo pasa pipa en su delicioso destierro toledano:

No podía faltar la falsa historieta castellanista de la traición de Bellido Dolfos, personaje que ¡oh sorpresa!, también tiene ojos oblicuos (pág. 51):Con la muerte de Sancho, Alfonso VI se convierte en bueno (progresivamente desaparecen los ojos oblicuos) y en la pechera luce el escudo partido de Castilla y León. En el mapa de la pág. 54 el reino figura como “Reino de Castilla y de León”, y en la misma página Alfonso toma Toledo con un estandarte cuartelado (!!) al que todavía le quedaban unos 150 años para existir:

Otra mentira histórica que no podía faltar es la Jura de Santa Gadea (pág. 58), una leyenda sin base real en la que el Cid toma juramento a Alfonso de que no ha participado en el asesinato de su hermano. Por si acaso, se introduce con un precavido “se cuenta que…”.

Se dedican nada menos que 3 páginas al Cid, a quien contemplamos asediando Valencia utilizando trabucos o trabuquetes, unos ingenios que no se emplearon en Europa hasta el s. XIII. Otro anacronismo que apuntala ese “rigor” del que nos hablaban en la introducción (pág. 60):
Sin ningún rubor, el reino ya es llamado Castilla y León, y Alfonso VII figura con un escudo partido de Castilla y de León, aunque esporádicamente se menciona al reino de León:

“EFECTIVAMENTE, EL CONDADO DE PORTUGAL, ANTES GOBERNADO POR SU TÍA TERESA Y AHORA POR SU PRIMO ALFONSO ENRÍQUEZ, QUIERE INDEPENDIZARSE DEL REINO DE LEÓN”(pág. 63).

Bueno, eso de cambiar de nombre al reino cada poco no es que quede muy coherente, aunque hay que partir del hecho de que una historia de Castilla y León en bloque y monolítica ya es una incoherencia de base. A pesar de ello, a Alfonso VII se le denomina “rey castellano” en la pág. 64, y en el mapa de la pág. 65 sus dominios aparecen como “Reino de Castilla y de León”. Tal vez deberían haberse leído antes la coetánea Crónica del Emperador Alfonso, donde figura constantemente como “rey de León” o “rey leonés”. Pero una vez más, eso les habría roto el discurso castellanista.
Curioso destino para el primer monarca del que sabemos que portaba el león como símbolo. Además, en la toma de Almería los soldados enarbolan una bandera cuartelada, como si fuera la del reino. Alfonso VII estará revolviéndose en la tumba:

La separación entre León y Castilla tras la muerte de Alfonso VII está bien retratada en líneas generales, aunque se dedican varias páginas a la batalla de las Navas de Tolosa, y se ve a Alfonso IX poniendo excusas para no acudir (pág. 73). En realidad, el rey leonés no acudió a la batalla porque era enemigo de Alfonso VIII de Castilla. Por cierto, nadie dice nada malo del rey de Portugal, que tampoco fue.

En la página 78 se mencionan las Cortes de León de 1188 de Alfonso IX de esta manera tan artera y equívoca:

LA CURIA EXTRAORDINARIA CONVOCADA EN LEÓN POR ALFONSO IX EN 1188 ES CONSIDERADA EL GERMEN DE LAS CORTES DE CASTILLA Y LEÓN.

Se resumen en 5 viñetas, y las presentan como una simple excusa de Alfonso IX para sacar dinero al pueblo. No se menciona que es el germen del parlamentarismo mundial, pero sí como germen de las Cortes de Castilla y León. Bravo por la manipulación:
A partir de ahí ya se habla de Castilla y León tan ricamente, aunque aún quedan algunos despropósitos más. Por ejemplo, en la página 91 se narra el celebérrimo acto heroico de Guzmán El Bueno, pero en ningún momento se dice que era leonés. Por si fuera poco, en la pág. 92 sale con un escudo cuartelado (!!):
En todo el libro no hay ninguna mención al leonés como lengua romance, pero sí hay muchas al castellano, que aparece como única lengua del reino. La única excepción anecdótica es el galaico-portugués de las Cantigas de Santa María de Alfonso X. Menos mal que el leonés aparece reconocido como tal en el Estatuto, porque si fuera por la Fundición Villalar…

Y así todo un cúmulo de falsedades y de interesadas omisiones. En las guerras civiles a partir del siglo XIII, nunca se citan las ocasiones en que León estuvo a punto de separarse de Castilla. En la pág. 93 se habla de la creación de las hermandades para luchar contra los mahechores, pero no se menciona que el reino de León creó la suya propia y diferenciada de la castellana. Se habla de las cortes, pero tampoco se dice que con frecuencia y durante muchas décadas se reunían por separado las de León y las de Castilla, etc., etc.

En la última parte, el reino recibe el nombre de Castilla, simplemente. Así ya nos quedan claras las cosas: no hay nada nuevo bajo el sol. La Fundición Villalar sigue empeñada en gastar nuestro dinero en forjar una falsa y artificial identidad castellanoleonesa, y para ello no duda ni un segundo en pervertir, mistificar y falsear la historia leonesa.

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