El Campamento de la Esperanza

Justo tal d√≠a como hoy hace ya once a√Īos, el 30 de febrero de 2001 ‚Äďya el d√≠a 29 se dieron los primeros pasos, la madrile√Īa Castellana amanec√≠a de un pelaje muy diferente al habitual y esa ser√≠a su nueva se√Īa de identidad durante algo m√°s de seis meses, 187 d√≠as con sus correspondientes noches; era el Campamento de la Esperanza uno de escasos ejemplos de tenacidad, esfuerzo, trabajo en equipo y af√°n que protagonizaron 1.800 trabajadores de Sintel, la empresa filial con la que Telef√≥nica se hinch√≥ de ganar dinero durante tres d√©cada y que en pleno tr√°nsito de poderes entre Felipe Gonz√°lez y Jos√© Mar√≠a Aznar comenz√≥ a perge√Īar su desaparici√≥n con aquella venta de la compa√Ī√≠a a Mas Canosa, el lider cubano m√°s reconocido entre la ortodoxia anti castrista asentada en Miami.

Le√≥n era uno de los bastiones de la compa√Ī√≠a y era cabecera de la zona norte que inclu√≠a toda la Comunidad y el vecino Principado asturiano. De los 211 trabajadores asignados, la mitad operaba en L√©on y provincia y la otra mitad se dedicaba a atender el resto de la zona asignada. Muchos de ustedes recordar√°n el sinf√≠n de protestas y la lecci√≥n de paciencia y organizaci√≥n que fueron capaces de poner en pr√°ctica la plantilla al completo. Buena parte de ellos estuvieron acampados en aquella colonia con la que los madrile√Īos conectaron y mimaron desde un primer momento con total desinter√©s durante los seis meses y cuatro d√≠as que permanecieron all√≠. Al frente de la legaci√≥n leonesa estaba el presidente del comit√©, Hern√°n Hijosa.

El caso de Sintel es uno de esos episodios raros que ni lo poderes pol√≠ticos y mucho menos las organizaciones sindicales pudieron dome√Īar y que se silencia desde todos las esquinas, no vaya a ser que el fallido 15-M tome nota de c√≥mo se hacen bien las cosas. Al principio los poderes pol√≠ticos y las c√ļspides sindicales no daban un c√©ntimo por el futuro de la acampada pero la magistral intendencia y organizaci√≥n gener√≥ una peque√Īa colonia autosuficiente en pleno coraz√≥n financiero, bancario y pol√≠tico de la capital espa√Īola que se convirti√≥ en todo un problema que el PP se quit√≥ de encima con un acuerdo que recog√≠a las principales reivindicaciones. Un compromiso que firm√≥ el ministro de la Presidencia, un viejo conocido de la pol√≠tica de la Comunidad que presidi√≥ durante tres mandatos, si la memoria no falla, Juan Jos√© Lucas. Ya sab√≠an que el acuerdo era incumplible pero al Gobierno de Aznar le permit√≠a desalojar la Castellana por donde hab√≠an desfilado muchos ilustres del mundo de la cultura; pero aunque todas las visitas fueron de inestimable valor an√≠mico, una que todos los trabajadores de Sintel guardan en un espacio muy cercano al coraz√≥n fue la de Jos√© Saramago.

Es curioso, pero con todos los vaivenes que han sufrido la plantilla de Sintel nunca tradujo tanto desatino institucional en des√°nimo y desd√©n e incluso ha sabido mantener la llama, muy peque√Īa pero llama, hasta nuestros d√≠as porque a√ļn quedaban varios puntos que supuran demasiado pus. Uno de ellos todav√≠a se sald√≥ en el √ļltimo Consejo de Ministros de Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero.

Desde el a√Īo 2002 la Audiencia Nacional instruye la demanda por quiebra fraudulenta presentada por los trabajadores de Sintel; a punto de cumplirse diez a√Īos la instrucci√≥n a√ļn no est√° acabada, en un par de ocasiones era err√≥nea, y por el camino se han esfumado las responsabilidades de Telef√≥nica con la complicidad de las direcciones nacionales de los principales sindicatos.

Sobre el asentamiento de la Castellana, el campamento Esperanza, se vertieron r√≠os de tinta, horas y horas de grabaci√≥n e incluso m√°s de un documental pero en la memoria colectiva queda el coraje de una plantilla de la que, poco a poco, pol√≠ticos y sus propios sindicatos fueron apart√°ndose y no por ello renunciaron a perseguir un sue√Īo que era real; Sintel era una empresa con cartera de clientes y planes de futuro que ten√≠a hueco en el mercado laboral como filial o como cooperativa, y as√≠ lo demandaron en numerosas ocasiones los trabajadores con un plan preciso de mercado hecho a conciencia. Pero para la clase pol√≠tica y para la aristocracia sindical el asunto Sintel siempre ha sido un enorme grano en la nalga del que a√ļn no se han podido deshacer. Sintel es un mal ejemplo porque con una capacidad de organizaci√≥n tal y como la que ellos desplegaron, los m√°s de cinco millones de parados espa√Īoles podr√≠an poner de rodillas al m√°s santo de los ap√≥stoles de la pol√≠tica espa√Īola: por eso es un asunto que cuanto menos se hable de √©l, mejor.

Una respuesta a El Campamento de la Esperanza

  1. vieja guardia dice:

    S√≠ se√Īor, todo un ejemplo. Quienes profesionalmente nos acercamos a conocer aquel campamento vimos c√≥mo la uni√≥n y el empe√Īo de un grupo, aunque sea peque√Īo, convencido mueve monta√Īas. Un recuerdo muy especial a los de Sintel Le√≥n.

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