Micros en el capillo

No hace falta ser adivino para intuir la cercanía de la Semana Santa. Máxime si su cobijo cotidiano, seguramente propiedad del banco hasta que la hipoteca los separe, se cruza con la meridional de uno de esos recintos donde se ensaya desde hace tiempo, aunque ahora comienza el tramo final la sensación acústica es aún más apabullante.

Siempre me ha llamado atención la paradoja que se observa casi a simple vista en una organización con tanta fuerza y poder, en la que están presentes todas la familias leonesas que se precien, que asume como pocas y por derecho propio el rango de uno de los signos incuestionables para conocer la idiosincrasia leonesa y sin embargo, tan opaca, tan inalcanzable, blindada a la curiosidad. Más allá de los nombramientos de abades y seises, amén del tiempo de Cuaresma para el que se preparan todo el año, la vida cotidiana de las 16 cofradías, que seguro que aglutinan a más de 10.000 leoneses entre sus filas, pasa totalmente desapercibida para la mayoría de los ciudadanos de a pie. Tal vez fruto, cabría pensar, de la armonía y hermandad que se respira por todos los poros entre cofrades que hombro con hombro libran la batalla de la purificación y cumplen el rito encomendado, todo ello acompañado por el sonido angelical de los instrumentos de viento y de percusión; O sea, un paraíso.

Pero la realidad es mucho más cruda y como en toda historia hay un antes y un después y toda organización tan aparentemente angelical esconde feroces luchas por el poder, por el control; la situación se enroca si cabe más con el supremo cabreo que trata de disimular, pero no siempre lo logra, el Obispo de la Diócesis de León, Julián López, que a su rosario habitual diario añade unos cuantos más como penitencia ajena por tanto…

El antes y el después nos retrotrae a principios de la última década del pasado siglo; si la memoria fluye recordarán aquel episodio parecido a un capítulo de Falcon Crest con escuchas telefónicas, intrigas de cama y edredón, conjuras para derrocar a la cúpula de mando; en fin un folletín completo con todos los elementos que dan juego a ese tipo de series en la que hasta el personaje más modoso no podría tirar la primera piedra.

Una filtración muy interesada hizo saltar el contubernio y el cabreo de las altas sacras instancias duró muchos meses. Pues bien corren rumores de una nuevo episodio de espionaje en estos tiempo en los que basta darle a la grabadora del móvil para no perder ni una coma de lo que allí se dice, en el órgano que aglutina a todas ellas y las une cuan cordón umbilical al Obispado.

Pese al secretismo, algunas voces están hartas de callarse los numerosos expedientes en marcha para eliminar al enemigo cercano, que es el más peligroso. Y si en casa de vecino se cuecen habas, en la mía a calderadas. Pongamos un ejemplo; La cofradía de las Siete Palabras. Si escuchamos con atención algunos de sus miembros nos aseguran que ha habido un extensísimo expediente para cambiar a seises, sietes y hasta ochos, pero fue el propio obispo don Julián quien intervino para deshacer el complot. La historia se torna en bulo en boca de otros hermanos del mismo sello. Cuanto más históricas son las cofradías más histéricas son las pugnas que se convierten en purgas en toda regla.

Al obispo leonés no le gusta nada la proliferación de los divorcios, las separaciones, los líos o los intercambios de sus apóstoles del capillo; ni la conversión de la Semana Santa, concebida como un viaje personal y anónimo de los cofrades a su yo más íntimo, en una fiestón en toda regla, que, para su desasosiego, explota con una muchedumbre llegada de toda España para venerar a Genarín, la noche y la madrugada más intensas de la agenda oficial. Ahonda más si cabe en el cabreo que este Hommer Simpson de vena leonesa y pellejero sea más conocido que la procesión de la madrugada del Viernes Santo, donde se produce el emotivo encuentro.

Para completar el cuadro ya sólo falta que los agricultores y ganaderos salgan en rogativa ante la amenaza que la sequía ha sembrado en el campo leonés y la lluvia chafe el tinglado. Yo creo que de entre todos los más devotos son los hosteleros, porque se juegan mucho esos días.

2 respuestas a Micros en el capillo

  1. José Luis dice:

    Estos beatos son terribles; ¿quién dijo aquello de “sepulcros blanqueados?”.

    Al hilo de esto, es indignante que tengamos que asistir, año tras años, al paseillo de nuestros munícipes (en un estado aconfesional) entre cirios y palmatorias…Qué ranciedad.

  2. Pepe dice:

    La religión siempre ha sido un buen negocio a través del control social, algo parecido a lo que en estos momentos tenemos con Facebook y Twitter… qué de cosas nos prometen a cambio de nuestra creencia y el tamaño del bolsillo… esto no ha cambiado desde el principio de los tiempos.

    Las cofradías no son más que el reflejo social de su entorno, todas propugnan una ideología santificada por los más interesados en el márketing que suponen, es decir, el denominado poder eclesiástico que gracias a las prebendas que les concede el Estado Español sigue ejerciendo una cierta fuerza social, cada vez menor y por eso suceden estos disparates más propios de grupos mafiosos, aunque también es verdad que la mafia italiana surgió también con base religiosa, lo mismo que muchos grupos terroristas como la malhadada ETA…

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