Miedo y resignación


Entre la plantilla municipal la incertidumbre, la sospecha, la intriga que va pareja a todo despido colectivo –no sé que suena peor si el zurriagazo colectivo o el extinto ERE, expediente de regulación de empleo que ya el protocolo de la hecatombe laboral aconseja no utilizar- ya ha cambiado de matiz y ahora ya ha hecho aflorar el miedo. Sin matices. Ya ha calentado motores la primera de las representaciones la mesa constituida para certificar que menganita y fulanito se van derechos a la escombrera del desempleo. En las próximas horas comenzará el doloroso proceso de aplicar a un nombre y dos apellidos el sello de caducidad. El sentimiento generalizado es que la lista al completo, con todos los nombres y apellidos ya está cerrada, y que a partir de ahora sólo queda que fluya poco a poco, semana tras semana. Todos ha comenzado a utilizar los recursos que tienen a su alcance, los contactos, las llamadas desesperadas, para desvelar si el suyo, si su nombre, también ha sido incluido en el pedido final.

Los corrillos de café han dejado a un lado la jungla de las vanidades y las insidias costumbristas para centrar toda la atención en saber quién se apea en la próxima estación de la oficina de desempleo; bien sea por descarte, bien por aproximación, bien por encaje en el perfil o bien porque saben que ésta es la que estaba esperando algún resentido para clavar el estilete hasta el fondo, aprovechando que Europa ha dictado sentencia. Pero el miedo es una sensación difícil de camuflar porque aflora a pesar de todo tu afán por esconderlo, porque te traiciona pese a que aún no tienes certeza de nada; es como una melodía maldita que se cuela por tus poros muy a pesar tuyo y termina administrando tu energía vital. Si es cierto que algunos, muy pocos, han podido comprobar que no están en esta primera partida, pero dada la condición de los elegidos, los que menos cobran, los más frágiles, los más vulnerables, no existen muchos lazos de conexión con el centro del poder donde se ha elaborado por departamentos, nombre a nombre, el listado definitivo.

Claro que si le damos la vuelta a la torilla a lo mejor nos cuadran mejor las cuentas; si con la reducción de 274 empleos, incluido casi el centenar de excedentes que Nuria Lesmes ha consignado a San Cucufato (habrán podido comprobar mi alta estima por el santo Cucufato) para que no vuelvan a sus sillones, el Ayuntamiento espera ahorrar algo menos de ocho millones de euros, ¿cuánto se podría ahorrar entonces el consistorio leonés si en vez de 274 trabajadores de las escalas más bajas se hubiera aplicado la receta a los jefes de centuria, a los cargos de confianza, a los funcionarios interinos de alto rango, a los que se sabe que trabajan en el ayuntamiento porque cobran la nómina a fin de mes? Calculo, así a las bravas, que bastante más, tal vez el doble y así tacita a tacita…

Ahora queda lo más complejo, confirmar lo que muchos sospechan, abrir el frasco de los rayos y truenos, de los nombres y apellidos; queda el momento más agudo desvelar lo que unos pocos ya saben. ¿Se notificará de forma personal? ¿Vía email? ¿A través de terceras personas? ¿Se colgará el listado en la web municipal? ¿Se usará el viejo método de cornetín y bando municipal con el encabezamiento conocido; “de parte del señor alcalde se hace saber…?¿ O bien optarán por el estilo de formación en planta y una vez alineados el encargado del mensaje gritará eso de “que den un paso adelante los que tiene trabajo”, y entonces comenzará la criba; tú sí, tú no, tu sí…

Si creen que la operación ha concluido, no han acertado. Con esta primera tanda llegamos a las fiestas patronales, el verano, el descanso, pero después de la vuelta al cole…Hasta 1.300 queda trecho.

La foto que acompaña no corresponde a una excursión de prejubilados de Caja Levante -algunos parecen acompañados de sus nietos o sobrinos- que han decidido resguardarse de la lluvia o inmortalizar su paso por León al abrigo de la Casa de Botines. Es sobre todo una metáfora de los que somos; desconocidos, desamparados, azotados por la lluvia tanto como por los contratos basuras, sumidos en la normalidad de los quinientos euros de media mensual, abrumados por las doce horas días a precio de cuatro; periodigno.
¿Es la imagen de la resignación?.

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