Las cuentas del Reino

Supongo que en los próximos días recibiremos todo tipo de interpretaciones sobre la cara oscura que se esconde en el listado de números que componen el presupuesto municipal de 2012, uno, sin duda, de los más austeros de los últimos años y con un escaso recorrido. A buen seguro que en las próximas horas serán los grupos de la oposición los que afilen el lápiz para desentrañar la génesis y la estructura de los 134 millones de euros de los que ya sólo el capítulo de personal y el de gastos corrientes se tragan, en un santiamén, casi 117 millones.

Hecha la consiguiente resta observamos que quedan en caja 17 millones de euros que no se si dan para pagar, entre otros agujeros, la deuda a largo plazo que triplica al propio presupuesto, los algo menos de quinientos millones de euros. Está claro que son datos que no se pueden descontextualizar y su análisis va ligado al balance de todas las partidas, pero a simple vista parece que no hay ni para el aperitivo.

La máxima del guión está clara; acompasar ingresos y gastos. Veamos con más detalle un apartado cualquiera; se me ocurren los más de once millones de euros que pulsan en el balance municipal como déficit y que corresponden a competencias de otras administraciones. Es la vieja herida que supura año tras año. El equipo de gobierno de turno, así ha sucedido durante muchos años, asume competencias a las que la ley no obliga pero que generan rédito en las urnas. No es un caso único y en otras administraciones, como en el ayuntamiento de los ayuntamientos, incluso no sólo no se demanda su retorno a quien competen, sino que incluso se agradece y se aplaude a la autoridad territorial porque está dispuesta a enmendar la mayor un año de estos, cuando haya un rato, cuando pase ese cometa tan famoso.

Otro tanto sucede con el suculento aguinaldo que cada año reciben los clubes de alto nivel; ya antes de otorgar el maná público no podemos olvidar que la mayor parte del presupuesto del área deportiva, siete millones de euros, que no tengo claro si son los que restan del presupuesto general una vez descontados los gastos corrientes y de nóminas, o no, se lo traga literalmente el pago al personal que trabaja en esta área.

Sin ser experto en cifras a simple vista el panorama inmediato no es nada seductor y toda esta catarsis de datos, partidas, recortes y recortes caminan parejas a un plan de ajuste que quiere acoplar la plantilla municipal a los recursos que hay encima de la mesa. El primer tirón adelgazará la cifra en medio millar de puestos de trabajo pero tal vez las necesidades, seguro, exijan más ajustes, otro agujero del cinturón. Otra muesca en la puerta de la oficina del paro.

En fin, cabe una salida diferente, pero se me antoja un pelín drástica. No sé que opinan ustedes. Convertimos el ayuntamiento en una sociedad anónima, esperamos a que se cumpla el tiempo que marca la nueva ley sin beneficios para echar mano de la normativa laboral y en unos meses todos a la calle con una indemnización de calderilla. Y como todos los servicios son deficitarios la operación se ajusta en un tiempo record. Mientras esto sucede, se aplica el tope de mil euros para funcionarios de carrera y políticos en estado de gracia, es decir dedicación exclusiva, y el resto del personal entre 500 y 750 euros dependiendo de la antigüedad y de la actitud personal ante este nuevo enfoque. Ah, y todos, unos y otros, autónomos.

Una vez que nos hayamos acabado con la plantilla al completo, eso sí con mucho cariño y tacto, (ya saben que la educación nunca sobra; nunca sobra un gracias por los servicios prestados, o un agradecemos su disposición, es decir estas rutinas verbales que hacen más fácil la salida), contactamos con la empresa que contrata mano de obra barata de Portugal para mantener el tipo en el Palacio de Congresos, que tiene toda la pinta de estar listo para el 2025 o el 2026, y seguro que con un presupuesto como el de este año aún nos sobran 133 millones de euros. A partir de ahí volvemos a reiniciar el ciclo; nacionalizamos de nuevo el consistorio, convocamos tres o cuatro mil plazas de alta dirección, hacemos un polideportivo cada 200 metros, una piscina climatizada para cada barrio, un auditorio en cada una de las pedanías y así hasta que la rueda vuelva a explotar.
Una tercera vía plantearía vender todo a los chinos, pero no creo que entren en el juego porque están mosqueados con la prima de riesgo.

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