Deuda

Da vértigo sumergirse en los pensamientos de buena parte de sociólogos y economistas, en especial germanos, que reflexionan on line sobre el lado aún más oscuro de la crisis que nos asola, y que apenas, pronostican, ha dejado ver sus efectos más terribles. El punto de partida es sencillo, el sistema de producción capitalista como motor principal en la generación de empleo y de riqueza ha petado y ha quedado inservible y, a la vez, no ha sido capaz de frenar la voracidad desmesurada de un sistema financiero putrefacto. Europa ha dejado de ser el referente porque nuestros dirigentes han propiciado en las dos últimas décadas el desmantelamiento de sus fábricas, de sus puestos de trabajo, para trasladarlas a esos parajes tan esplendorosos donde ni existe ninguna reglamentación legal, ni asistencia médica, ni salarios dignos, ni horarios. El famoso milagro del empleo alemán está articulado entorno a empleos de quinientos euros, que ya perciban más de siete millones de alemanes y es el modelo que se quiere instalar en el resto de la vieja Europa.

Subrayaba un economista alemán, estos días en la red, que hemos vuelto sin el más mínimo disturbio a la edad del vasallaje, comida, alojamiento y poco más, mientras que la clase política pasa de puntillas por el principal problema al que no se han atrevido a hacer frente, el universo financiero. Sobre todo por que muchos han participado en esta farsa que exprime a la mayoría de los ciudadanos, mientras que no se sabe dónde están, seguro que a buen recaudo, los ingentes beneficios que han acumulado corporaciones financieras, bancos, intermediarios, etcétera en estos últimos años de ensayo, porque muchos expertos estiman que aún no hemos tocado fondo.

Se constriñe el cuerpo con violencia y luego se afloja para que, al recobrar algo de aliento, el efecto del síndrome de Estocolmo nos mantenga callados, agradecidos por las migajas. Y eso que algunas voces doctas advierten de que ni los fondos, los ahorros de muchas familias, están seguros en muchas entidades bancarias intoxicadas; ¿la familia de la finanzas ha desmantelado incontables cantidades de recursos públicos, los ha hecho desaparecer en un abrir y cerrar de ojos y no pasa nada?; la solución es sencilla, recortar derechos laborales y destruir la cultura de protección al más débil, al mismo tiempo que las grandes fortunas engordan con avaricia sus cuentas particulares; en 2011 ese núcleo, cada vez más reducido, que acapara los recursos de la mayoría de la población, ha elevado sus ganancias cerca de un 10%.

No creo que la mayoría de los mortales entiendan, entendemos, que miles de millones de euros que debían destinarse a generar empleo vayan a las arcas de los principales actores de esta tragedia que salpica a millones de familias.

Mientras, en nuestro entorno cercano la oposición municipal ha despertado por fin de su letargo, merced a las cuentas del reino. El interventor municipal asegura en un documento público que la deuda real del Ayuntamiento de Léon es de 223 millones de euros, y por eso resulta difícil de entender cómo no se ha puesto sobre la mesa mucho antes un dato que revela que se está utilizando la técnica de la boa para endulzar el rechazo a una política sólo preocupada por los recortes, el mejor nutriente para la docilidad. Doy por hecho que ninguno de las padres de estos recortes son mileuristas, ya no digo quinieuristas, que es la moda más rabiosa que nos llega del mercado alemán.

Vuelve al centro del debate la función real de las instituciones públicas. Es muy probable que el crecimiento desmesurado de las administraciones ya no sirva para gestionar los recursos de una sociedad que camina hacia nuevos horizontes, aunque no sepamos en qué dirección y cuánto durará el viaje. Pero las administraciones no son entidades privadas sino gestores de bienes públicos que deben utilizar estos ingresos que salen de nuestros bolsillos para mejorar la calidad de vida de los mayores, para estimular el deporte entre los más jóvenes, para cohesionar la vida en la sociedad.

Al margen de estas disquisiciones debo confesar que miro con el mismo respeto las intervenciones que se añaden a este blog de cuando en cuando: agradezco las loas y respeto los zarandeos aunque no sepa de quién proceden; ya les he dicho en multitud de ocasiones que no deben tomarse muy en serio esta columna. Podría tener efectos secundarios.

Una respuesta a Deuda

  1. Bruno dice:

    Esa es la realidad,muy bien plasmada,el problema es que hay que empezar de cero y nos ha tocado a nosotros.

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