El día quince

No sé que enigma encierra el día quince, el domingo cercano, pero se convirtió este miércoles en una especie de mensaje criptográfico que recorría la larga columna de la marcha negra, desde el principio hasta el final.
Nadie hasta el momento ha podido desvelar el enigma que encierra; tal vez sea un punto de inflexión entre lo que hemos vivido hasta ahora y los acontecimientos que puedan ocurrir en los próximos días. Y no suena bien.

Nadie duda del elevado nivel de tensión que la cerrajón del gobierno ha generado entre los caminantes, sus familias y los moradores de las cuencas del carbón, que mascullan entre dientes que es necesario elevar la temperatura de la caldera, para que reviente de una vez o para que se cuele un resquicio de cordura.

Madrid era este miércoles un caleidoscopio de todas las organizaciones profesionales y sociales que han sido tocadas, y cómo, por la plaga de los ajustes. La magia de la travesía por las calles madrileñas embelesó a los actores y al público pero debió ir un poco más allá; era la ocasión idónea para dejar a un lado no se si el miedo o el pánico que la conspiración financiera nos ha metido en el cuerpo.

Era el momento idóneo para establecer un nuevo kilómetro cero en la organización social y económica de un país que navega sin rumbo conocido, con una clase gobernante que cada día que pasa asfixia un poco más a una población que se siente desasistida, abandonada, ridiculizada, pisoteada, pero sobre todo sin ganas ni fuerzas o con demasiado miedo en el alma como para salir a la calle y gritar que basta ya de tanto latrocinio.

No sé qué sucederá el día 15, ni qué estrategia tienen en mente los mineros, pero no creo que estén dispuestos a esperar las bolas de fuego caídas del cielo sentados en el quicio de la puerta. Es un momento crucial y alguien debería moldear el futuro inmediato que se avecina; ya sabemos que nuestra clase política no está a la altura de las circunstancias.

Por cierto me olvidaba de dos pequeños detalles; Fue Francisco Fernández quién impuso a María Rodríguez como portavoz, hace ocho meses. No hubo más candidatos. A la cita previa a la rueda de prensa en la que la María y Natalia Rodríguez querían dejar el cargo como si hubiera sido el resultado de un acto de contrición no acudieron ni Evelia Fernández, ni María José García ni Agustín Pérez Lamo, lo que nos lleva a una pregunta de perogrullo; en realidad, ¿qué querían contar?.

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