Un paréntesis

Convengamos, ya como punto de partida, que un paréntesis nos sentará bien a ustedes y mí. No es más que eso, un lapsus para limpiar a conciencia el diván rojo a donde han ido a parar mis miedos y mis ocurrencias, mis diatribas, a veces las tonterías que trato de acompasar con la realidad que nos acecha. Necesita una buena capa de espuma seca Hurra y, más que un tiento, un meneo en toda regla con el cepillo de púas de cerda. No se si seré capaz de arrancar todas esos sinsabores que se han ido apostado en los recodos más insospechados, debajo del terciopelo rojo que esconde las tripas del diván, briznas de una realidad que nos acongoja, mezcladas con las virutas del relleno.

Todo tiene que quedar bien dispuesto para volver al colgar el cartel de abierto, a la entrada de este consultorio digital, hasta que ustedes digan lo contrario, casi a la par que los padres se rascan los bolsillos para pagar los primeros plazos de los libros, si es que a estas alturas los ajustes no han acabado con todo signo de vida.

Será un verano inusual, tan raro como la climatología que nos acompaña y puede que a la vuelta de la esquina a los funcionarios ya no les quede ni aliento ni nada en los bolsillos que rascar. Al menos aún conservan trece pagas, algo absolutamente inaudito en el resto del panorama laboral.

Me llevo varios libros bajo el brazo (me he convertido en discípulo de Iris Murdoch) y un pensamiento que quiero compartir con ustedes; ¿Cómo es posible que un señor que gana entorno a los diez mil euros al mes pueda decir que bajando la cuantía de la prestación se incentiva la búsqueda de empleo? ¿De qué planeta es él o es que los demás mortales procedemos de otra galaxia y estamos condenados a la esclavitud cíclica? ¿Cuántos mundos conviven en este viejo cascarón?

Debería rebosar de alegría por este intervalo y sin embargo no sé que me repatea en las entrañas. Siento cierto temor sobre la estrategia de los mineros para romper las cadenas con las que se ha blindado el Gobierno, que aún no nos ha dicho qué esconde el marcado empecinamiento del señor Soria. No es un problema de doscientos millones de euros. Eso es evidente.

Dentro de pocas semanas volvemos a encontrarnos, si ustedes quieren; yo, bueno…necesito sentirles cerca; eso si antes no nos han convertido en material de desecho altamente contaminante.

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