Turismo Rural: La Cabana del Trasgu

Abro hoy una nueva sección de La Senda del Hayedo en el que iré hablando de lugares con encanto que cuentan con alojamientos rurales de diversa índole en nuestras montañas de León y Asturias.

Comenzamos esta andadura haciendo la primera parada en el Espacio Natural del Alto Sil, donde se encuentra el albergue de montaña “La Cabana del Trasgu”, emplazada en la pintoresca aldea de Salentinos (Páramo del Sil).

Esta es su ficha técnica:

 

La Cabana del Trasgu, un albergue rural a los pies del Catoute

Localización: Salentinos (Páramo del Sil – León)

Distancia desde León: 136 kms (95 minutos)

Distancia desde Ponferrada: 49 kms (50 minutos)

 

Mapa:


Restaurante/bar: Si

Número de camas: 10

Otros comercios cercanos: Si. Bar Restaurante La Obra en el mismo pueblo.

Rutas: Entorno predilecto para los deportes de alta montaña. Desde la famosa ascensión al Catoute (señalizada y de mediana dificultad) hasta el techo del Alto Sil, Valdiglesia, pasando por rutas sencillas centradas en la observación de fauna y flora cantábrica.

Turismo rural: Salentinos, como otros pueblos del Alto Sil, pertenece a una serie de aldeas de montaña establecidas en uno de los rincones más aislados de noroeste. Molinos, murias, cabanas, casas de corredor y calles empedradas componen estos mundos donde la naturaleza se impone y se cuela en cada rincón del pueblo. En el valle contigüo podemos visitar Primout, una de las joyas rurales de León donde el tiempo parece haberse detenido desde hace décadas.

 

Tarifas:  

Alojamiento con desayuno: 20€/persona

Alojamiento con desayuno y cena: 30€/persona

Alojamiento para 10 personas (albergue completo) con derecho a cocina durante dos noches: 450

Comidas y cenas: 10 y 12€

 http://www.lacabanadeltrasgu.com/tarifas-y-reservas/

 

Teléfonos: 987 52 61 79

Sitio Web: http://www.lacabanadeltrasgu.com/

 

El albergue de montaña “La Cabana del Trasgu” es abierto en el año 2012 de mano de Senén y su familia con la idea de proporcionar un alojamiento de calidad y asequible a la multitud de montañeros y senderistas que se acercan a las montañas del Alto Sil para la realización de cimas tan emblemáticas como el Catoute, el pico emblema que domina el valle de Salentinos.

 

 Valle de Salentinos

 

Es por tanto este albergue uno de los pioneros en estas montañas lindantes con las comarcas de Laciana, El Bierzo y Omaña. Una apuesta firme para comenzar el camino que lleve a este Espacio Natural del Alto Sil a equipararse con otras zonas de la cordillera como Picos de Europa o Somiedo.

Y es que La Cabana del Trasgu, aparte de pionero, es un lugar envuelto en el calor y la autenticidad que desprenden las cosas hechas con amor, tiempo y dedicación. El albergue se ha construido en una casa tradicional de la región, antigua carpintería, acondicionada para ofrecer un servicio de calidad a los huéspedes utilizando materiales naturales como madera y piedra.

 

 

Se compone de dos pisos y un pequeño ático. La planta baja integra una sala de estar-comedor para deleite de los amantes de la lumbre, de los escaños, de los filandones de medianoche… Y también para comenzar la jornada andariega con un potente desayuno “de los de antes”, es decir, los que dan rienda para horas y horas de caminata.

 

En la planta de arriba se encuentran las literas (8 camas) más un pequeño ático con dos camas especialmente diseñado para huéspedes que deseen más intimidad. Como la planta inferior, cada detalle ha sido desarrollado con intención y cariño en el diseño y decoración del piso, utilizando materia prima local como madera y piedra, haciendo que el albergue se trasnforme en un castillo medieval (con duende local -trasgu- incluido) pero conservando la esencia de las antiguas cabanas que pueblan los montes del entorno.

El albergue se complementa también con una cocina industrial, dos baños y disposición gratuita de toallas de aseo.

 

Es difícil salir de La Cabana del Trasgu una vez que nos hemos instalado en ella, pero el paisaje que nos rodea parece llamarnos a voces en nuestra alma (y en nuestras botas).

Valdiglesia, Cerneya, Braña la Pena, Catoute… El teixidal, la braña, las cortichinas… todos los montes de Salentinos (compartidos muchos con el valle hermano de Salientes), poseen sus nombres y sus particularidades, englobados todos ellos en el medio natural cantábrico, cuyo protagonista máximo es, sin duda alguna, el Oso Pardo.

 

 Catoute (2.111 metros)

 

Y es que esta especie, que no hace mucho estuvo a punto de desaparecer de estas montañas, se está convirtiendo en un revulsivo turístico de la zona, siendo Salentinos uno de los lugares predilectos para su observación entre xardones, bedules, urces y teixos, nombres propios de la flora del valle con esencia asturleonesa reflejada en la fala local, denominada aquí “pachuezu” y que aporta otro objeto de interés cultural para animarse a conocer Salentinos y su entorno.

 

La Cabana del Trasgu, además, ofrece un servicio de información turística de nivel para todo aquel que quiera conocer más sobre el paisaje, la región y cualquier vericueto que se precie a ser caminado.

 

Sin duda alguna, este sitio es un imprescindible en la agenda del montañero y del amante de lo auténtico, de lo natural, del “pueblo de verdad”.

 


Rutas por la zona:

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Nuestras montañas cantábricas

¿Qué hace a una montaña objeto de deseo para alcanzar su cumbre?

¿Por qué nuestros ojos inmnediantemente buscan su figura, estudian su forma y geometría o caminan sobre su cresta sin mover aún un solo dedo del pié? 

¿Qué antigua relación une a hombres y montañas?

 

Deseo de conquista, de saber que hay al otro lado, de superación, de búsqueda de la belleza, de domar lo salvaje… o simplemente necesidad de encontrarse con las fuerzas de la naturaleza, de toparse quizás con esa energía oculta entre los bosques y ríos que tiene su morada en lo más alto de las cumbres, allá donde las nubes juegan entre las rocas y el hombre es solo un desarmado visitante ocasional.

Nos atraen las montañas. No cabe duda.

Tanta satisfaccion causa al amante de la montaña mirar su esbeltas o gruesas figuras como andar sobre sus estrechas canales y crestas. Porque al enamorado de la montaña, aquel que piensa en ella cuando sus ojos y botas no pueden estar cerca de sus laderas, solo vive para esperar que la nube se disuelva y pueda dislumbrase la belleza del mastodonde calizo o cuarcítico que desafía sin ningún tipo de prisa el paso del tiempo que para los hombres, es efímero y apenas notorio.

En la cordillera cantábrica, ese lugar del norte de la península ibérica a caballo entre el mar cantábrico y los valles del Duero y el Sil, tenemos deidades de roca que nos irradian fuerza y magnetismo.

Son nuestras montañas, algunas picudas y piramidales, otras anchas y llanas, desgastadas por la erosión del aire y el hielo. Otras son verdes, otras siempre blancas y grises. Las hay negras también, incluso amarillas. Algunas superan los 2.400 metros de altura mientras que otras son más modestas y se conforman con 1.000 metros.

Todas ellas forman los sistemas montañosos que entran y salen de las provincias de León, Lugo, Asturias, Cantabria y Palencia: sierras, peñas, torres, picos… que desarrollan una labor silenciosa y apenas percibida… la labor de gobernar el paisaje, el valle, el pueblo… el mundo que se abre bajo sus cuatro paredes durante siglos y siglos, pues ellas son inmortales.

Aquí van algunas:

 

PEÑA UBIÑA / PINUBINA - 2.417 m

 

Símbolo y guía de multitud de pueblos asturianos y leoneses, parece permanecer inmutable en el tiempo mientras la vida transcurre en los pueblos de Babia (desde donde está hecha la foto) o de L.lena y Quirós.

Se creía una de las más altas de España y parece ser visible desde bastante mar adentro.

Es una de las “reinas” de la cordillera y junto con Picos de Europa, las alturas máximas del sistema.

 

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YORDAS / BURÍN – 1.963 m

 

Cada valle cantábrico leonés tiene su totem, y en Riaño el Yordas (junto con el Gilbo) ejerce de ello. Bajo sus pies se establece uno de los valles más fértiles y emblemáticos de la cordillera: Riaño. Hoy sumergido por un embalse del que todas estas peñas aún no se han acostumbrado a verse reflejadas en él.

Burín es su cara de Valdeburón, es una peña inconfundible y muy querida en la montaña oriental leonesa.

 

PICO GORRIÓN / PICO MAYOR – 1.220

Quirós es un concejo atrapado entre grandes montañas: Aramo, Ubiña, Sobia… El Pico Gorrión es sin duda una montaña diferente, casi venida de la película del Señor de los Anillos. Desde la collá d´Aciera se aprecia altiva e inaccesible sobre las forestales vallinas quirosanas.

 

 

PEÑA TEN Y PILEÑES – 2.142 m y 2.012 m

 

Entre Sayambre y Valdeburón emergen cadenas de montañas donde la nieve se siente muy agusto gran parte del año. Peña Ten es la comandante de estas montañas que crecen sobre inmensos hayedos como el de la foto, en el puertu de Panderruedas.

Peña Ten pa les cabres y Pileñes pa les oveyes, dicen los pastores del conceyu de Ponga, el cual también toma parte de estas sierras que dividen varias cuencas fluviales como el Sella o el Esla.

 

 

MACIZO CENTRAL O DE LOS URRIELES – PICOS DE EUROPA

 

Desde el Coriscao se toman grandes perspectivas de Peña Remoña, Pedabejo, el Llambrión… los grandes titanes que alcanzan el cielo sobre los valles de Valdeón y Liébana. 

En las tardes de verano el cierzo cantábrico juega sobre sus blancas y verdes laderas, hogar de rebecos y muchos, muchísimos sueños de montañeros que en este lugar moran días tras día.

Picos de Europa siempre será el punto y final del maravilloso desfiles de cumbres de la cordillera cantábrica. 

 

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CATOUTE – 2.117 m

Los Montes de León se desgajan de la cordillera para formar una serie de macizos que en nada han de envidiar a sus vecinos cantábricos: El Catoute es de las cinco primeras montañas más conocidas en la provincia leonesa, y ultimamente su fama ha crecido entre el público asturiano y gallego.

Su forma, guapa y sencilla, y el entorno que tiene con pueblos muy pintorescos a ambas vertientes, hacen del Catoute de un imprescindible de la gran montaña leonesa.


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PEÑA RUEDA – 2.152 m

 

Este coloso calizo del macizo de Ubiña asentado sobre los puertos quirosanos de Agüeira es una de las montañas más visibles de la cordillera. Para andarlo hay que ser amigo de la piedra, que aquí lo domina todo. Tan solo el rebezu es capaz de volar entre estas paredes como también los hace el Águila Real.

Peñas que saben de pastores, vaqueiros, osos, llobos y de nieve… Una peña de libro en la montaña asturiana.

 

 

PICO HUEVO – 2.150 m

 

Mucha gente coincide en señalar el entorno del Puertu de Vegará como uno de los más ideales para la práctica de deportes de montaña. Un paisaje soberbio de color y forma, apacible y hasta poco frecuentado según épocas, con una gran lista de montañas donde destacan la serranía de Fuentes de Inviero o el Pico Huevo, en la foto sobre el valle leonés de Faro, concejo de Valdelugueros.

Aquí, la nieve y la naturaleza lo es todo.

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CUETU D´ARBÁS – 2.002 m

 

El último 2.000 de la cordillera en su tramo occidental, sobre los valles de L.laciana y del Narcea, el cuetu d´Arbás es una de esas montañas asturleonesas que dan una buena lección de lo que significa la cordillera cantábrica, unas montañas completas de fauna, flora, bosques, pastos, brañas, pueblos y puertos históricos… y hasta hay lugar para una estación de ski.

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MACIZO DEL MAMPODRE 

 

Picos de Europa, Ubiña y Mampodre, por supuesto Mampodre. El tercer gran macizo de la cordillera, un auténtico libro abierto de geología y una delicia para el montañero. A caballo entre las cuencas leonesas del Esla y el Porma, bajo sus paredes y neveros se tienden pueblos como Maraña o Acebedo para beber de la fertilidad de sus fuentes y pastos, siempre verdes.

Son montañas también difíciles de domar, siendo habituales percances y accidentes entre sus lleras y llambrias.

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MUXIVÉN – 2.032 m

 

Otra de las montañas sagradas para el pueblo astur. El Muxivén y el Cornón son dos cumbres lacianiegas de gran belleza y bien destacables en la lejanía. Morada desde tiempos muy antiguos de osos, el ser humano ha tenido que adaptarse a este medio no siempre tolerante con nuestras preferencias terrenales. El frío y la nieve en estos primeros tramos del Río Sil son dos vecinos con los que hay que aprender a llevarse. Pero el Muxivén sabe adaptarse bien a cada estación, porque es un pico bien situado, una montaña fotogénica en uno de los mejores entornos cantábricos.

 

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PENA MEA – 1.557 m

He aquí una montaña que hace que Asturias sea el paraiso soñado de muchos montañeros y amantes de los paisajes verdes y auténticos del norte.

Peña Mea se alza sobre las cuencas mineras del Aller y el Nalón, siendo un estandarte siempre reconocible en los conceyos de Llaviana o Aller.

Las cabanas diseminadas entre los felechales y los fayerus, el sonido de los cencerros de las vacas que bajan y suben desde la Collaona, y la niebla, siempre esa burina incesante, convierten a Mea es un peña de 10 en la cordillera cantábrica, con unas vistas poco superables pues abarcan gran parte del cantábrico y casi toda la línea de cumbres de la cordillera.

 

PEÑA PRIETA Y TRESPROVINCIAS

Esto es lo más alto que verán nuestros ojos en la cordillera cantábrica. Son más de 2.500 metros, y no hay otro lugar en la cordillera (a excepción de Picos de Europa, que propiamente dicho no está en la línea de cordillera, sino ligeramente desviados hacia el norte) que aglutine montañas de tal envergadura. En un encrucijada de fronteras santanderinas, leonesas y palentinas, los valles del Alto Esla y el Carrión beben de una región apenas poblada por el hombre, donde el hielo ha diseñado montañas oscuras y negras donde la vida en los meses invernales es casi inexistente.

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SAN ISIDRO

Para terminar, todo un lugar clásico y histórico para muchos de nosotros, asturianos y leoneses. Un punto de encuentro de skiadores, montañeros, viajeros o arrieros.

San Isidro posee un entorno privilegiado a caballo entre el valle de Aller y Puebla de Lillo. 

El Torres, Toneo, Agujas, Requexines… son todos ellos grandes integrantes de este paisaje cantábrico que jamás decepcionará al amante de la montaña y de la nieve, pues ha liderado durante varios días este año 2015 el ranking de lugares con más grosor de nieve por metro cuadrado en Europa.

 

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El Río Esla y su nacimiento: una incógnita abierta. (Pequeña reflexión a grandes rasgos)

Hace más de 100 años que Don Antonio Valbuena, leonés y montañés de profesión nacido en el desaparecido pueblo de Pedrosa del Rey, recitara en la sociedad geográfica de Madrid en 1893 un completo y profundo estudio sobre “el origen del río Esla”, sus fuentes y su hidrología. Toda una obra de colección que se plasmó en papel en 1901 y es, hasta el momento, el estudio más importante emprendido sobre las ocultas o intencionadas fuentes del río más largo de España que no desemboca en el mar: El Esla.

Y es que la región leonesa es cuna y tierra de grandes masas fluviales. En nuestras montañas nacen ríos que si no fuera por ellos, algunos de los denominados “grandes ríos españoles” como son el Miño y el Duero, apenas llegarían con la mitad de agua con la que llegan cuando donan sus aguas al Atlántico.

 El Esla a su paso por Villarroañe, en la ribera leonesa

Y es que el Sil por el oeste y el Esla por el Este, forman un cinturón donde brota todo lo leonés. Dos corrientes de aguas que a decir de los paisanos que lo habitan, llevan más agua que los ríos a donde “donan” sus aguas. El Sil lleva la fama y el Miño la fama, dicen por El Bierzo, y no les falta razón.

Y el Esla, el río al que va dedicado este pequeño post, es, como he dicho antes, el río más largo que no desemboca en el mar, sino al Duero, que no es río menor, pero que se hace río grande y entra en Portugal formando los Arribes del Duero por la innegable aportación de agua del Esla, nuestro Esla,  ese que se gesta en miles de arroyos en los hayedos de Riaño y que emprende un viaje de 287 kms hasta la confines de la provincia de Zamora, donde, con incluso más caudal que el Duero, pierde para siempre su nombre tras haber recogido multitud de ríos como el Órbigo, el Porma, el Tera, el Cea o el Bernesga, todo un titán fluvial.

Astura

Es el padre Esla, el río que dió nombre a León antes de llamarse León y que aún lo sigue dando a la región hermana de Asturias.

Porque cuando hablamos del río Esla hemos de saber que casi (según varios estudios históricos realizados) con toda seguridad estamos hablando del río Astura, nombre con el que los romanos lo identificaron, pues en sus márgenes y más allá de él habitaban las tribus astures, uno de los pueblos prerromanos que más tardó el ejercito romano en “someter”.

El cronista romano Floro, traducido por el historiador leonés Eutimio Martino, así lo relata en sus crónicas sobre la batalla de Lancia:

“Los astures descendieron por aquel tiempo de sus montañas nevadas con un enorme ejército. No parecía ser un ataque temerariamente emprendido, como propio de bárbaro, sino que, habiendo puesto los campamentos junto al río Astura…”

Es por tanto el Esla, ese Astura de los Astures, y así se ha constatado en varios documentos medievales donde aparece citado este caudaloso río como Astura, Istula o Estla. Aunque si bien hay que apuntar que otros estudios apuntan la localización del Astura en otros lugares de la región, cercanos a Astorga y al Órbigo. También habría que recoger aquí el topónimo de Astuera localizado en el concejo de Colunga, en Asturias.

Al mismo tiempo reflejar que aunque el Esla sea el viejo Astura, en la comarca de Riaño, que es donde se centra esta minúscula investigación, no habitaron los astures sino los cántabros, pueblo hermano que ocupó estas altas cuencas así como las del Porma y muy presumiblemente las del Curueño. La frontera entre astures y cántabros aún sigue estando hoy muy discutida entre los historiadores prerromanos.

Un río en definitiva lleno de historia y geografía, un gigante de la orografía leonesa que junto al Sil han sido capaces de aglutinar en su cauce el resto de las aguas leonesas, que no son pocas, a excepción del Dobra, el Cares, el Sella y los arroyos de Balouta y Suarbol, vertientes todos estos al mar o a otros ríos cantábricos.

Nacimiento

Tras esta pequeña pero densa presentación, se lanza la pregunta crucial de este post:

¿Pero dónde nace el Esla?

Tan sencillo como coger un mapa cualquiera de geografía nacional o regional y ver que este río tiene sus fuentes cercanas al puerto de Tarna, en valle de Valdeburón.

¿De verdad tan sencillo?

La respuesta es NO.

No es tan sencillo determinar la fuente primigenia del río Esla cuando uno se traslada al terreno en cuestión y comprueba la existencia de dos masas fluviales que se juntan (o se juntaban) en el corazón de la comarca de Riaño, hoy bajo las aguas del embalse que parece pretender enturbiar aún más esta incógnita a la que voy a intentar arrojar un poco más de luz.

Dos valles, dos ríos, un mismo nombre: una disputa centenaria

Así podría titular la sana polémica y controvertida que se genera desde hace siglos en las márgenes de los dos ríos que gestan en Riaño el famoso Esla. Y es que los vecinos de Valdeburón por el oeste , y los equivalentes de Tierra de la Reina por el este, han proclamado y siguen proclamando actualmente que el agua que corre por debajo de sus puentes es el agua del Esla y no otro.

Dejando claro, antes de empezar esta pequeña batalla de argumentos, que el agua que vierte la presa de Riaño es el Esla sin ninguna duda así como la confluencia de ríos en el Riaño viejo daba lugar a Esla. El siguiente paso sería determinar cuál de los dos ríos lleva más caudal antes de ceder sus aguas a Riaño, o, por otro lado, determinar, a cual se le ha llamado Esla o Astura  más tradicionalmente.

El Esla de Burón

En la cartografía actual y en la nomenclatura oficial de los ríos, el Esla viene a nacer cercano al Puerto de Tarna, divisoria de Asturias y León en el sector oriental de la cordillera cantábrica, muy cercano a las fuentes del Porma leonés o el Nalón asturiano, es decir, un lugar predilecto para el nacimiento de grandes ríos.

 La Uña, última población leonesa por carretera antes del puerto de Tarna y primer pueblo que cruza este Esla

¿El único Esla?

Ya sin salirnos de esta “versión oficial” no compartida ya por el paisano Don Antonio Valbuena en su libro de 1901, nos asalta la primera duda.

¿En qué parte del Puerto de Tarna nace el Esla?

Así como los asturianos lo tienen muy fácil para identificar el nacimiento del Nalón en la Fonte la Nalona, los leoneses habrán de recorrer hasta tres valles para lograr, si lo logran, dar con la fuente del Astura.

  1. Si es verdad que nace en puerto de Tarna, deberíamos entonces buscar la fuente madre en el río Riosol, el cual se forja en las turberas de Tarna y Las Señales y se encamina dirección Este hacia las verdes praderas los Carbellares, donde se une otro río de cierta envergadura.

 Las praderas de Riosol con el Mampodre de fondo

  1. Ese río de cierta envergadura que se une al Riosol de Tarna no es otro que el Valdosín, que nace en los lindes de León con el concejo asturiano de Ponga, cerca del Puerto de Ventaniella, y que reúne una gran cantidad de agua en la vega por donde discurre. Cercana a esta vega, bajo los magníficos hayedos cantábricos, surge una fuente, llamada del Naranco, a la que los escritores Juan Pedro Aparicio y Jose María Merino en su libro “Los Caminos del Esla” identifican como la fuente primigenia del Esla tras haber recorrido todos los valles de la comarca.

 Dos estampas de Valdosín y su hermoso río que baja de Ventaniella y Peña Ten

  1. El río de Maraña, un poco más desviado del entorno de Tarna, es también considerado por los vecinos de este pueblo como el verdadero Esla que bebe de las casi nieves perpetuas del macizo de Mampodre. Es otra opción a considerar.

Habiendo conocido estos tres cursos fluviales del alto valle de Valdeburón cercanos al puerto de Tarna como la cartografía oficial apunta al nacimiento del Esla, dejo a gusto del lector elegir su verdadero Esla. A opinión del que escribe, la unión del Valdosín y el Riosol si podrían forma este río histórico, puesto que es a partir de este punto, en su salida del pueblo de La Uña, cuando se aprecia un cierto caudal estable e importante en el río que atraviesa Valdeburón, tierra que sin embargo no guarda ejemplos de grandes puentes como si lo hace el otro valle que más adelante mencionaremos.

 El Esla en La Uña

El Esla en Acevedo

Orográficamente hablando, este valle leonés que fue real merindad en la edad media se podría decir a grandes rasgos que es un valle ancho (de hecho, así se le conoce en la comarca, el valle ancho), con amplio pastizal regado por un río más profundo que ancho y con tres valles muy importantes que también desembocan en él: Río del Puerto de Polvoredo, Río de San Pelayo bajo las calizas del Burín y el más importante, el valle del río Orza que recoge las aguas de Vegacerneja y del puerto del Pontón.

 Valdeburón, valle de amplia praderia de alta calidad para el pasto

El Esla en Escaro entrando al valle riañés. Se distingue aún el viaje cauce del río al lado de la carretera.

Actualmente, no podemos ver la confluencia del río que desciende de Burón con el que desciende de Vegacerneja, debido al nefasto embalse, pero si podemos apuntar que a partir de este punto, se gestaba un gran río, con un cauce con más anchura de la que deja atrás y el cual se disponía ya a entrar de manera espléndida en el valle de Riaño al pasar por Escaro, pueblo que a veces se descubre con la bajada de las aguas y donde se puede percibir el cauce del antiguo Esla así como su puente, que junto con el de Burón, es de los que más longitud tiene.

El Esla de La Reina

Abandonamos Valdeburón y su “Esla”, que también se llamó “Yuso”, curiosamente como el nombre que hoy aparece en los puentes de la otra gran subcomarca de la montaña de Riaño: Tierra de la Reina.

 Los Espejos de la Reina

 El Esla a su paso por Villafrea

Tierra de la Reina es un valle totalmente diferente al de Valdeburón y se nota en su menor anchura, en sus desniveles, en su geología, en su orientación, en su altura y hasta en sus gentes. Y por supuesto en el río, con más anchura que profundidad y más pedregoso que el río de Valdeburón.

Dos son las fuentes de donde podría surgir este Esla que aquí buscamos:

  1. Llánaves de la Reina y su entorno de San Glorio y el valle del Naranco. Simplemente apuntar la gran cantidad de nieve que aquí se acumula al ser una de las zonas de la cordillera donde más nieva y también apuntar la existencia de dos topónimos semejantes a los vistos en Valdeburón: Naranco, por un lado, es el valle que se abre en Llánavez y queda al sur del pueblo cántabro-leonés de San Glorio. Naranco es un topónimo frecuente en la cordillera y se enlaza con “fuente” o surgencia de aguas.

Entorno de San Glorio

El otro topónimo es la Vega Tarna, muy cerca del puerto. Es una turbera abundante en agua durante todo el año y que viene a coincidir por el topónimo “Tarna” recogido en el puerto y pueblo del mismo nombre entre Asturias y León, es decir, el nacimiento oficial del Esla. Curiosa coincidencia.

 Cuenca glacial del Naranco

  1. La versión de Antonio Valbuena, oriundo de este valle, es que el Esla nace en Pandetrave, en terrenos de Portilla de la Reina, en la divisoria de los ayuntamientos de Boca de Huérgano y Valdeón, muy cerca de los farallones calizos de los Picos de Europa.  Nada que objetar sobre esta idea porque es tan válida como las antes descritas y los caudales son semejantes.

 Río Esla, ahora llamado Yuso oficialmente.

Si realmente el río de Tierra de la Reina es el antiguo Astura, habría que buscar el argumento fuerte algunos kilómetros río abajo, cuando este ha recibido dos importantes aportes de agua: el río Lechada y el río Valponguero, que por sus longitudes bien pudieran competir también por ser partidas de nacimiento del Esla.

 El Esla en Los Espejos de la Reina

Antonio Valbuena apunta la existencia de antiquísimos puentes de varios ojos y cierta altura en el cauce de este Esla frente a la inexistencia de estos en Valdeburón, hecho que relaciona con la mayor importancia del caudal del río de la Reina y su dimensión histórica que hizo que los hombres construyeran puentes más grandes para así facilitar la comunicación entre pueblos y evitar el aislamiento en épocas de riadas.

 El truchero Esla de Tierra de la Reina

Tenemos tres puentes de cierta importancia espacial y temporal: el de Villafrea, el de Boca de Huérgano (que tiene dos) y por supuesto el más importante de toda la comarca de Riaño por su belleza, importancia en las comunicaciones y su porte: el puente de Pedrosa, hoy, lamentablemente a punto de desparecer entre el fango del embalse.

 www.pedrosadelrey.com

Tan solo la existencia de este puente, intenta explicar Antonio Valbuena, constata que este río es mucho mayor en caudal y cauce que el de Burón. De hecho, antes de llamarse Pedrosa del Rey, este pueblo se llamó Pedrosa de la Puente, por la importancia de esta construcción.

 El puente Pedrosa, histórico y de suma importancia antiguamente, hoy bajo el agua

Entonces, ¿en qué quedamos?

A primera vista parece que la balanza se posiciona  al lado del Esla de Tierra de la Reina, el cual hoy se llama Yuso a pesar de la oposición vecinal que incluso pone carteles artesanos en los puentes con el nombre “Esla”.

Pero no podemos olvidar el río que se forma(ba) donde los caudales de Vegacerneja y Burón se encontraban, creando un río con caudal y cauce que podría igualar perfectamente al de Pedrosa del Rey.

Una medición  exacta en ambos caudales para saber los metros cúbicos por segundo de agua que ambos ríos llevan antes del cierre de la presa hubiera facilitado bastante las cosas en esta curiosa incógnita que estoy desarrollando a modo de reflexión de un descendiente de esa tierra con el objetivo de revivir el debate en cierta manera.

 Riaño, el verdadero. El río de la izquierda es el que baja de Tierra de la Reina.

Mi humilde aporte personal a la “investigación” ( si así se pueden llamar a estas palabras ), es que los vecinos del pueblo de Carande, entre Pedrosa del Rey y Riaño, y ligeramente desviado unos dos kilómetros del cauce del río hacia el sur, siempre llamaron al río que descendía de Tierra de la Reina como río Grande, en referencia a que bajaba más agua que otros ríos de la comarca. Una denominación que se une también con la de Río Caudal y Río Bierón, ambas recogidas en la tradición oral y en documentación medieval de Tierra de la Reina.

 Riaño y el embalse que lo mató. A él llegan las aguas de los ríos del Esla

Paradójicamente, el Esla de Tierra de la Reina nunca fue llamado “Yuso”, nombre frecuente en la toponimia leonesa que describe tierras bajas frente a “Suso”, que describe tierras altas. Es solo a partir de siglo diecinueve, cuando, según Antonio Valbuena, el Esla de Pedrosa comienza a llamarse Yuso por intereses de la familia Allende de Burón, lo cuales hicieron que por su pueblo pasase el Esla. No hace falta indagar mucho para comprobar las rencillas entre Antonio Valbuena y la familia Allende y por extensión, entre Pedrosa y Burón.

¿Podremos algún día saber cuál es el río que más caudal lleva o cuál es el Astura al que se refieren los textos medievales?

Sería interesante pero difícil y menos con un embalse que impide más investigación con instrumentos tecnológicos de medición.

Lo que si se puede realizar hoy en día en la Montaña de Riaño y en la Región Leonesa, a modo de sugerencia y restando importancia a este divertido acertijo del nombre de los ríos, sería recuperar la dignidad perdida en el fondo del gran embalse del Esla recuperando y dando uso al antiguo y bonito nombre de ASTURA, pues sus fuentes están en estas montañas indudablemente. Unida a la recuperación de este nombre está la del nombre legendario e Vadinia, territorio o ciudad de la tribu cántabra de los vadinienses.

Tampoco vendría mal recuperar la figura histórica de Antonio Valbuena, que tantas horas pasó pensando en el bien de su tierra, la cual hoy ya no existe, pero que si podemos hacer que exista en la memoria colectiva de una montaña que no debe morir, como tampoco renunciar a su herencia histórica.

 

 

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Paseando por Ablanosa: el reino del bosque cantábrico

Un aconsejable paseo forestal para cualquier época del año en las proximidades del último pueblo del Valle del Nalón,, a muy pocos kilómetros de la frontera de León (límites de Valdeburón y Puebla de Lillo).

Estamos hablando de Tarna (Conceyu de Casu, Asturies), una aldea en conjunción con la naturaleza desbordante del Parque Natural de Redes, siempre verde, siempre fresca y siempre embriagadora para el enamorado de las grandes selvas cantábricas. Porque hablar de Tarna es hablar de bosque, de río, de nieve. Y es que la alta cuenca de este río Nalón esta dominada por tupidos montes de castaño, hayedo y roble en proporciones saludables, verdaderos pulmones del norte.

 

 La cabecera del valle del Nalón, asentamiento del pueblo de Tarna, desde el puerto que lleva el mismo nombre y que separa los concejos de Caso y Valdeburón

 

A Tarna, que se accede desde Oviedo remontado la cuenca minera de Langreo o también desde Riaño (León) subiendo por el verde Valdeburón hasta el puerto homónimo de la población asturiana, se llega siempre con los ojos radiantes de ver tanta belleza en sus montañas, tan solo enfeadas un poquitín por la línea de alta tensión que al final no se construyó completamente y esperemos nunca se construya.

Maciédome, L´Abedular, Cantu l´Osu, Remelende, Cuetu Negru…. peñas todas que sobresalen entre los mantos verdes casinos, enjambres de hayas, en su mayoría, que son hogares de una fauna que aquí, como en la vecina montaña de Riaño, se suele ver casi a todas horas y en cualquier punto (hasta un Urogallo se solía pasear por las calles tarninas hace unos años).

 

 Tarna, una fresca mañana del mes de Julio

 

El paseo veraniego de hoy no encierra mayor dificultad que saber saborear el bosque, la biesca. Un ecosistema que nos acompañará constantemente hasta casi el final de la ruta desde la misma carretera, a dos kilómetros del pueblo dirección Oviedo hasta las altas praderas de Vegapociellu, muy cerca de la divisoria asturleonesa entre Casu y Puebla de Lillo.

 

 El valle de Ablanosa, el cual nos disponemos a recorrer, desde la carretera general

 

Ablanosa es el nombre del valle y también de la mayada que se encuentra en medio de este. Es un valle típico cantábrico, con circo glacial en su final y rodeado de altas cumbres, por un lado calizas y por otro cuarcíticas, estando su interior poblado de un espeso bosque de haya, fresno, castaño, roble, abedul, avellano y arce. Modelado también por la mano del hombre con el establecimiento de sendas y caminos que comunican varias mayadas o brañas que guardan una guapa sintonía arquitectónica con el medio que las rodea y que incluso constituyen ya un elemento importante del paisaje del que se aprovechan otros seres vivos del valle. Como digo, es un típico valle cantábrico, el cual me quiere recordar al valle de Pedroso, en la otra punta de la cordillera.

 

 Comienzo de la pista nada más descender de la carretera

 

Desde la carretera desciende una pista que se dirige al fondo del valle, donde corre el recién nacido Nalón el cual se atraviesa con un puente (Puente del Corral) que nos saca ya al comienzo del valle de Ablanosa, el cual nos da la bienvenida con una de las pendientes más notables del recorrido, pero que pronto disminuirá. Estamos aproximadamente a 900 metros de altura sobre el nivel del mar.

 

El Nalón

 

Y estamos ya metidos en faena en el interior de ese reino forestal que hoy queremos buscar. El nombre de Ablanosa deriva de Ablana o Ablanéu, nombre asturleonés que equivale a avellano o avellana en castellano. Es un topónimo extendido tanto al sur como al norte de la cordillera, de un árbol esencial en la vida de la montaña cantábrica, pues de él se alimentan multitud de especies.

La pista es cómoda y no tiene pérdida. La ventanas del bosque dejan ver el otro lado del valle, donde el Cuetu negru rompe el horizonte emergiendo de un oceáno verde denominado en parte como el monte saperu. Saperu ye el nombre que se le dá al roble albar en algunos lugares, aunque también puede derivar de la abundancia de anfibios.

Robledal en la primera parte del recorrido

 

Nosotros no vamos a meternos hoy en monte saperu, que quedará para otra ocasión, sino que seguimos dirección sur para llegar a las mayadas de L´Ablanosa y meternos de lleno en el monte fabucáu, donde el roble que nos ha acompañado desde el río va a dejar paso al haya.

 

El Cueto Negro, atrayente montaña que divide los valles de Ablanosa y de Mongayu

 

A los bosques de hayas, en estos valles asturianos, se les da el nombre de Fayeru. Es solo uno de los muchos nombres que reciben estos bellos árboles en el ámbito asturleonés, yendo desde el Jedo o Jaido de Riaño o Cabrales hasta el fayéu de Tinéu o Degaña, pasando por las denominaciones muy extendidas de Faeo y Faedo en el centro asturleonés. Todas ellas son hijas de esa f inicial latina que en esta lengua se mantiene a diferencia del castellano.

Llegamos a L´Ablanosa, donde las cabanas de la mayada conservánse en buen estado y los prados consiguen robar un poco de espacio al infinito bosque. 

 

 L´Ablanosa

Es un lugar hermoso. Se oye el río que baja airoso de las montañas de nieve y arándanos que limitan Tarna con Isoba, y trás de él, solamente las nubes que acarician las cumbres del Cantu l´Osu a nuestra derecha y del Cueto Negro en nuestra izquierda.

 

 Amigos del montañero

Bonita estampa de las cabanas que parecen surgir de la misma tierra

Le toca al valle ahora estrecharse mientras vamos abandonado la mayada que deja estampas muy bellas al pie del camino. También toca abandonar el camino para coger un sendero indicado levemente por un letrerín donde se lee “A la Vega”. Allá vamos, a la Vegapociellu, final o principio de este valle.

Es uno de los tramos más agrestes puesto que vamos siguiendo senderos que se unen y se desunen constantemente en mitad de un largo y ancho fayeru de alta belleza y atracción para todos los sentidos del ser humano.

 

 

En este tramo del valle, inmersos ya en el bosque fabucáu, la anchura del mismo es minima y apenas entra la luz solar en este día un tanto nubláu.

Se va presintiendo poco a poco la salida del oscuro pero hermoso tunel del bosque cuando aparece de nuevo un sendero un tanto más marcado y algunos claros que nos dejan ver las montañas de La Bardera, divisoria de aguas entre el Nalón y el Porma.

 

 Escalera natural en el monte Fabucáu

 

Y de repente, saliendo de un tramo de escobas floridas en amarillo, aparece una de las mejores visiones del recorrido: la Vega Pociellu, a 1.277 metros de altura.

 

Dos estampas de la Vega Pociellu

Esta vega, donde aún pasta el ganado bovino y caballar y donde aún queda en pie alguna cabanina que nos relata tiempos en que este valle sería un constante trajineo de pastores y vaqueros, es una auténtica joya natural. Para empezar, su forma en U es clara evidencia de un circo glacial, como glaciar son aún los inviernos en estos lugares rodeados por cumbres de más de 1.800 metros donde el viento y el hielo han modelado un terreno en el que solo el monte bajo y algunas manchas de abedul resisten el invierno. Un claro contraste con los laterales del valle, donde el hayedo, situado a menos altitud, domina con creces cada vallina.

 

 Las cabanas de la Vega Pociellu, muchas de ellas ya son fantasmas de lo que fueron

 

Desde la Vegapociellu sigue un tímido senderín entre la pradería que pronto se internará de nuevo en un corto bosque para ascender hacia la divisoria cantábrica, la cual, como antes hemos dicho, une Tarna con los altos páramos de Isoba y en concreto con el valle de Pinzón, otra joya de la naturaleza cantábrica.

 

Tiatordos, la fabulosa roca caliza del Alto Nalón y Ponga


Mirando hacia nuestro punto de inicio solo se ve inmensidad, y al fondo, la silueta caliza del Tiatordos, la gran montaña del oriente asturiano y emblema de este parque natural de Redes.

Toca zampar en la vega, entre las cabanas y con la mirada clavada en la montaña como canta Victor Manuel, hijo de esta bendita tierra astur. La vuelta, más rápida que la ida, la realizamos por el mismo sendero hasta el Nalón.

 

Duración aproximada: 3 horas y media.

Sentido: Lineal

Desnivel: 350 metros (ascenso) aproximadamente.

 

 

(Pinchar para ampliar)

 

Recomendamos…

Un buen lugar para alojarse en el parque natural de Redes… 

Posada Cantu l´Osu, en Sobrescobio. Pincha AQUÍ para ver su página web.

 

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Ascensión a Las Corcadas – La Panda – desde Casasuertes

Ya hacía tiempo que no pisaba tierras de Casasuertes (Burón, León) y al mismo tiempo que no ascendía un “2.000”. Aunque lo último tiene poca o ninguna importancia, si era importante para mí volver a andar por uno de los valles más chulos e interesantes de la cordillera cantabrica en su vertiente sureña.

Este valle y casi esta misma ruta que hoy os presento en el blog, ya había sido tocada AQUÍ hace unos años cuando descubrimos con Adrián los antojos del Oso con las maderas de los refugios del parque regional.

 

 Casasuertes (Foto: Adrián Fernández)

Ya de aquella hablamos de subir hasta “La Panda”, esa peña caliza con esa cresta de “diplodocus” tan característica que en los mapas aparece normalmente como “Las Corcadas” y que enamora al montañero que la ve por primera vez por sus atractivas vertientes que caen tanto hacia Portilla como a Casasuertes.

 

 Corcadas, solitaria montaña caliza a la sombra del Gildar y el Cebolleda, desde Peña Prieta.

2.050 metros de altura elevan a esta montaña para servir de mirador excepcional de los gigantes de Tierra de la Reina que se agrupan hacia el norte y el este: Peña Prieta, Tres Provincias, Cubil del Can, Vallines, Lurianeta, Murcia, Espigüete… Así como la línea de cumbres de Gabanceda-Cebolleda, que esconde al otro lado el bucólico valle de Valdeón y los Picos de Europa.

Pero no solo altas cumbres destacan desde su cima, sino también una expléndida visión de los espesos montes de Portilla de la Reina, hogar principal del oso pardo en su sector oriental, y que están llenos de fauna que se puede ver facilmente en esta ascensión. Allá vamos.

 

 Saliendo de Casasuertes, al fondo la pirámide de La Panda.

Salimos de Casasuertes, a una altitud de 1.240 metros sobre el nivel del mar.

Desde pequeño, oir hablar de este pueblo o ver su nombre en los mapas, hacíame pensar instantaneamente en lo salvaje, en lo virgen, en lo más profundo de la montaña de Riaño y por extensión, de la cordillera.

Y es que Casasuertes son palabras mayores. Su aislamiento que se aprecia una vez pasado el cruce de Cuénabres al sumergirnos en verdaderas selvas cantábricas no tan frecuentes en su parte sur, hace de este valle un lugar de privilegiada naturaleza y de historias que hablan de grandes nevadas, lobos, osos y quizás, soledad.

 

 

El pueblo es apenas una calle que acompaña al río y que se arrejunta a él bajo las miradas de Peñamayor y el hayedo que se extiende hacia el valle del Misón, ya bajo la cumbre del Pandián.

 

 Entre Prao Mayor y la Cueña

A pesar de la estrechez del valle en este punto, poco a poco, según salimos del pueblo hacia el norte, la vega va ganando terreno y el paisaje se abre en los terrenos de Prao Mayor, uno de los lugares más guapos de este valle y cruce de caminos, por otro lado.

Ya con la sombra de La Panda sobre nuestras cabezas, que desde aquí se muestra piramidal y esconde su larga cresta que tanto la caracteriza, cogemos el camino que se interna en la foz de la Cueña, puerta de acceso al valle de Valcarque.

 

Venada y cría subiendo hacia las Consagras

 

Este es uno de los pasos más prestosos del recorrido, caminando bajo el fresco hayedo, sobre el río, pegados a la caliza y con buenas vistas sobre el monte de las consagras que suele ofrecer buenas visiones de fauna local, avanzamos ya con algo más de pendiente sobre sendero sin demasiadas pérdidas.

Como comentábamos en el anterior reportaje sobre Casasuertes, en este guapo lugar se halla una oquedad sobre la roca donde se suele echar de comer a las cabras montesas en tiempos de invierno y nevadas, y comentaba Adrián la manía que tiene el oso de entrar a esta cueva no a comer la comida a las cabras, sino a desmontar la esctructura de madera que sirve de recipiente de la comida. Parecer ser un animal con ciertas manías y costumbres las cuales incluyen reventar todo lo que sea madera y pueda estar un poco dulce. ¡Qué personaje tenemos en nuestros montes!.

 

 

Salimos de la Cueña a los prados de Valcarque, punto donde aprovechamos para comer y estudiar la ascensión a la divisoria de aguas entre Casasuertes y Portilla (Concejos de Burón y Boca de Huérgano).

 

 Montes de Valcarque

Hay sendero, a veces un poco difuso, para subir por el hayedo que tenemos en hacia el este y que nos ha de llevar a la collada que separa Valcarque de Susiellas, otro de los grandes valles de Riaño, y acceso más rápido para coronar las Corcadas, si se quiere.

Negociando un poco con las urces y las escobas llegamos al collado, a 1.635 metros, desde el cual vemos la línea a seguir para arribar a la base de La Panda.

 

 

 

 Subiendo la ladera de la Panda con Gabanceda al fondo y el macizo del Cornión por detrás de ella.

 

 Ten, Pileñes y Maciédome

La blanca caliza de esta montaña destaca entre las cumbres que la rodean, ya geología más cuarcítica y pizarrosa. Esta veta caliza sigue su recorrido hacia Cuénabres aflorando entre el monte cada poco casi de forma rectilínea.

Tenemos ya una magnífica panorámica de Picos de Europa, con abundantes neveros en pleno mes de Julio, así como del Mampodre, Peña Ten, Pileñes y demás amigos.

 

Vistas hacia Casasuertes, el valle donde venimos y al fondo el Mampodre.

Con muchas ganas de abandonar una vez el no confortable terreno de monte bajo salimos a la cabecera del valle de Montó, bajo la pirámide de La Panda. Vamos a por ella.

Y vamos poco a poco porque los 200 metros de desnivel que nos separan de la cumbre se hacen de rogar, y más aún cuando vamos parando constantemente para deleitarnos con las vistas de esta guapa pero también fria mañana de Julio.

 

Llegamos a la cumbre por fín. Más montañas al otro lado y sobretodo, lo más destacable, es el inmenso monte de Portilla de la Reina que posee en los valles de Vallorza y Salceda.

Comunicados con Casasuertes por sendero, son sitios realmente salvajes. Me imagino a las gentes de estos dos pueblos caminando por estos montes en invierno, sobre la nieve, con la oscuridad de la noche cayendo sobre sus cabezas y con el miedo ancestral al lobo sobre su cuerpo.

 

 

En Salceda, me comenta Adrián, se intentó la suelta en libertad de la osina Jimena, encontrada en el Alto Sil y llevada a Burgos para su conservación y su preparación para la posterior suelta en liberdad. El esbardu murió en el viaje de vuelta a las montañas leonesas. Sin esclarecerse mucho el por qué, fue un buen mazazo para toda la gente que trabaja por la recuperación de la especie en la montaña de Riaño. Hubiera estado bien que el centro de recuperación de especies estuviera aqui, y no a 200 kilómetros. Pero bueno, eso ya es tema político…

Revolución de montañas: Vallines, Lurianeta, Coriscao… entre otras

 El que escribe sobre el valle de Susiellas

 

Nos vamos a por la cumbre “cumbre” de Las Corcadas. Un chulo cresteo que ya echaba de menos, mientras observamos venadas, rebecos y cabras montesas. Toda una lección de fauna.

Es Corcadas y el macizo del Yordas uno de los pocos lugares de la montaña leonesa donde poder observar cabras montesas, reintroducidas aquí hace apenas unas décadas con claros fines cinegéticos, casi como el venado, especie no tan abundante hace un siglo como lo es ahora. Si es verdad, que la cabra montesa paseó por estas montañas hace siglos, siendo extinguida como otras tantas especies (quebratanhuesos, lince, perdiz alpina…).  

 

 

Pasamos por una brecha en la caliza que se cuela hacia el este vertiginosamente y decidimos convertirla en punto de partida hacia el collado la Cruz, el punto que queremos coger para descender de nuevo a Casasuertes.

Foto de cima y vuelta hacia la brecha, no sin antes contemplar pausadamente todas la cumbres del Alto Esla en su parte de Tierra de la Reina, verdaderos titanes, toda una revolución de montañas de varias formas y tamaños. El Cubil del Can, con su tradicional nevero que se mantiene hasta Agosto lleva buena parte de las miradas. El Espigüete, cumbre palentina con parte en tierra leonesa, es casi una deidad en esta parte de la cordillera.

 

El Cubil del Can y al fondo Peña Prieta, máxima altitud de la cordillera

 Espigüete

El descenso, con precaución, porque ya se sabe que “en las bajadas, están las ostias”, lo realizamos apuntando hacia el collado la Cruz a través de lleras y terreno no muy bueno.

 

 Ruta de descenso al valle

En la Cruz nos espera el frescor de hayedo, que se agradece después de unas cuantas horas de sol y piedra. El sendero que aquí se coge nos lleva directos a Prao Mayor a través del valle de Salceda (si, el mismo nombre para este valle de Casasuertes), terreno conocido donde cogeremos de nuevo la pista de ida para hacerla de vuelta, no sin antes mojar un poco las piernas en el truchero río de Casasuertes.

 

(Pinchar para ampliar)

 

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