Desconozco si Jules Gabriel Verne (Julio Verne para los amigos) se dejó caer alguna vez por estos humildes valles y puerto ganaderos de la noble montaña del Torío leonés… no tiene mucha pinta… ¿verdad?. Si me atrevo a asegurar, por el contrario, que en la genial mente del novelista francés un esbozo semejante a la imagen que presenta al mundo la cueva de Valporquero, le debió servir para orientar su ya inmortal novela “Viaje al centro de la tierra”.
Solo quien conozca este rincón subterráneo de la cordillera cantábrica sabe de lo que estoy hablando. Pero para quienes no lo conozcan todavía, allá vamos.
Valporquero, un nido de águilas.
El municipio leonés de Vegacervera, antiguo concejo de Cervera, es el primer ayuntamiento montañés del curso del río Torío, el cual hemos remontado muchas veces y que, a través de este ENLACE, podéis conocer. A él pertenece esta aldea de altura la cual hace de frontera y de nexo de unión con las tierras argollanas de Villamanín y Cármenes, el núcleo central de la cantábrica leonesa.
A la salida de las hoces, donde el río se encajona formando uno de los más bellos espacios naturales de la provincia, aparece un pintoresco pueblo llamando Felmín. Felmín lleva siglos mirando hacia lo alto con curiosidad, pues en apenas 3 kilómetros, 400 metros de desnivel ascienden desde esta localidad a través de una sinuosa carretera hacia lo que parece ser lo más alto de la montaña, el nido del águila.
Valporquero es un mundo aparte, su paisaje contrasta con el la garganta del Torío entre Felmín y Vegacervera. Aquí la visión se alarga hacia las montañas y valles vecinos, y la cercanía de las peñas calizas tapizadas de frescos hayedos es palpable junto con esa brisa cantábrica de alta montaña tan característica que suele “pintar” de rojo los rostros de los incansables montañeses que por estos terrenos llevan subiendo y bajando el ganado de los amplios puertos y altivas majadas durante siglos.
El valle y el entorno de Valporquero
Y es que Valporquero no solo es una cueva, es un entorno realmente vasto que merece la pena ser recorrido sin prisa.
Ya en la subida de Felmín a Valporquero se aprecia una buena mancha de haya que tiene continuación en el colindante valle de la Abadía compuesto por Tabanedo y Rodillazo. Este bosque da color a estas montañas blancas y pindias por las que, alguna vez que otra, se deja caer el Oso, que encuentra en este hayedo y en el de más arriba, justo al lado de la cueva, un poco de sombra en sus largas travesías por la cordillera.
El pueblo se asienta sobre una pequeña llomba. De ella destaca el lugar denominado “La Atalaya”, desde el cual se obtiene una gran vista del paisaje montañés de Vegacervera y Cármenes.
Hay que abandonar el pueblo por su parte más alta, que ya supera con creces los 1.400 metros de altura, para ir entrando poco a poco en el largo y ancho valle ganadero por el que discurren varios caminos que unen esta población con Villamanín, Gete, Villar del Puerto o Coladilla. Es tierra de merinas y mastines, de pastores transhumantes y transterminantes, tierra alta, de nieve y frío, de embutido y lumbre, pero también de sol y hierba.
Paseando hacia el alto del collado de Formigoso, de 1.657 metros, que no es poco, se aprecia el tradicional uso de estos puerto denominados “pirenaicos” que el pueblo ha usado durante generaciones. Hoy el avance lento pero constante de un ejército de escobas está borrando estas largas praderas. Ya no hay tanta pezuña como antaño y si más colmillo y hocico de omnipresente jabalí, el mismo animal que pudiera dar nombre a todo este entorno, pues Valporquero parece hacer alusión a “puerco”.
Desde los altos del Salguerón, los terrenos de Valporquero se mezclan con los del vecino Gete, el cual posee uno de los mejores valles de esta montaña, al pie del mítico pico Fontún (Pico de la collada o Machacao).
Volviendo hacia el otro lado del valle, un desapercibido sendero lleva hacia una verde collada rodeada de piornal y salpicada de dolinas y depresiones del terreno que dan lugar bajo nuestros pies a formaciones kársticas como la cueva que en breve visitaremos. Este sendero une Valporquero con Valle de Vegacervera, Coladilla y Vegacervera. Es una ruta aconsejable si se tiene tiempo y ganas de andar. Pinchando AQUÍ podéis ver mi caminata por estos terrenos hace un tiempo.
La cueva: en el corazón de la montaña cantábrica
¿Preparados? ¿Cuerdas? ¿Cascos? ¿Linternas?
Tranquilos, estoy bromeando…
Desde 1966 esta cueva natural lleva siendo explotada para uso turístico y científico por la Diputación de León. Por un módico (bueno, semi-módico) precio de seis euros podemos recorrer gran parte del laberinto de salas y galerías de la cueva de Valporquero, habitualmente en periodo estival, aunque también en parte de la primavera y el otoño.
La montaña cantábrica leonesa guarda en su interior paisajes kársticos producidos normalmente por la lenta erosión de la roca caliza debido a los efectos del agua. Estos procesos geológicos han dado lugar en algunos sitios de nuestra montaña a cavidades de variado tamaño. A Valporquero hay que sumar por lo tanto las cercanas cuevas de Llamazares, en Valdelugueros, también abiertas al público.
La entrada directa de agua y la filtración de nieve y lluvia hacia esta gigantesca bóveda de Valporquero ha esculpido uno de los entornos más espectaculares del norte de España. Ha esculpido y sigueesculpiendo, pues Valporquero es una cueva en formación, es decir, que las estalacticas y estalagmitas que nacen en sus paredes crecen a ritmo de 1 centímetro cada cuarenta años aproximadamente. En tiempos geológicos eso no significa ni medio segundo, aunque en los efímeros tiempos humanos, eso ya sea media vida.
De especial interés son las columnas que se forman cuando la estalactita, que surge del techo, se une con la estalagmita, que se eleva desde el suelo. Valporquero es una completa guía geológica para todo aquel que se quiera interesar por este apasionante mundo subterráneo.
Varias salas componen Valporquero. Mientras el curso de agua busca su salida hacia el exterior, hacia el río Torío en el paraje de las hoces, la erosión ha provocado coladas y desprendimiento que han formado grandes salas como “La Rotonda”, de dimensiones gigantescas.
Otros rincones de la cueva son la sala de “Hadas” o “Gran vía”. Sus nombres hacen alusión a la sensación que el hombre experimenta en estos lugares bajo tierra, tan grandes, tan misteriosos, tan eternos.
Valporquero es por tanto lugar de visita imprescindible en la montaña leonesa. El pueblo, lleno de rincones típicos de arquitectura tradicional, la cueva, sacada de libros de ciencia ficción y la naturaleza exterior, salpicada de pastos, puertos y bosques, hace de este rincón una perfecta jornada para disfrutar de la naturaleza leonesa al 100%.






























































