Circular por la costa de Bayas (Asturias)

Si hace unos pocos meses hablaba en este blog sobre la ruta de la costa Naviega, he decidido seguir hablando un poco de otros destacados o renombrados accidentes geográficos de la costa asturiana, puntas o cabos que merecen ser visitados para disfrutar aún más de este mar de infinita belleza tan cercano a León y a sus gentes.


Duración aproximada: 2 horas

Sentido de la ruta: Circular

Aproximación desde León ciudad: 2 horas aproximadas. AP-66 (Autopista) ó N-630 (Puerto Pajares) hasta el cruce de autovía (la Y) con dirección Avilés. Desde Avilés tomar A-8 dirección Aeropuerto de Asturias (Santiago del Monte-Bayas).




Siguiendo la ruta hacia el occidente de Peñas, ruta por otro lado que no es imaginaria, sino que incluso está balizada y señalizada con el nombre de “Senda Norte”, la cual comienza en Lluancu y acaba en la desembocadura del río Nalón, nos trasladamos al conceyu de Castrillón para conocer dos lugares importantes en la naturaleza del litoral asturiano, ambos declarados monumentos naturales en 2002.


La Isla de La Deva, la mayor de Asturias

Y es que si queremos realizar este breve paseo de dos horas que bordea los acantilados de Bayas, hemos de saber que vamos a conocer el mayor islote de la costa astur.


Costa de Santa María del Mar: minas de Arnao y la playa de Salinas.


Desde las praderas de Bayas, la costa industrial avilesina


Para ello nos encaminamos hacia el oeste desde la iglesia de Bayas, donde abandonando la carretera tras andar apenas 80 metros aparece un camino que nos integra en un pequeño bosque de pinos y eucaliptos, el cual nos sacará pronto a la húmeda vecindad del mar, próximos a la playa de Munielles, la cual es digna de conocer y desde la cual se obtienen unas buenas vistas de la abrupta y minera costa de Santa María del Mar.


Descenso que luego se converitrá en la única subida destacable del recorrido


Tras pasar una sucesión de cuestas, las cuales incrementarán la grandeza del paisaje hacia el oriente, vamos a llegar a un plataforma situada a más de 100 metros sobre el nivel del mar que nos sirve de nexo de uníon con el sendero que bordea esta franja de rasa cantábrica con el propio mar.


Llegando a la punta Vidrías con un paisaje de fondo que engloba varios lugares de interés de la costa de Castrillón


La Punta Vidrías en un saliente significativo de esta costa desde el cual obtendremos una fenomenal vista sobre la cercana isla de La Deva y los acantilados que la separan de la península.


La Punta Vidrías


Esta hermosa isla es la mayor del Principado de Asturias, con 800 metros de largo y 400 metros de ancho, y una altura cercana a los 90 metros, Deva es mirada obligada de todos aquellos amantes del mar. Y es que su nombre ya lo dice todo.


Deva



Deva es una divinidad presumiblemente prerromana que los habitantes de la europa atlántica adoraron allá donde el agua era protagonista. Así, esta deidad de las aguas está representada en muchos topónimos de nuestro norte. Por citar algunos, tenemos el Río Deva, nacido en los Picos de Europa, otro río y monte Deva en Xixón y por supuesto, esta isla-fortaleza que hoy sirve de refugio de varias aves marinas, pero que en la antiguedad debió ser un lugar de culto y oración para los pueblos astures que vivían cercanos al mar y sus caprichos.



Seguiendo el sendero hacia poniente vamos bordeando este increible paisaje donde se esconden restos de antiguas explotaciones mineras además de algún punto un tanto descuidado para la observación de aves marinas.


Oquedad en la base de la isla de Deva


El Playón de Bayas

También conocida como El Sablón, es la mayor playa en longitud de la costa asturiana y hacia su extremo oriental llegamos para comtemplar su magnitud desde lo alto de otro saliente que también nos permite ver la Isla de La Deva con otra perspectiva.



El Sablón

Formada por los sedimentos del río Nalón (en muchas de estas playas, el color negro de la arena es debido a los residuos de carbón que este río transporta desde las cuencas mineras hasta el cantábrico), esta playa es otro monumento natural de Asturias, compartida con Sotu´l Barcu y Castrillón.



Una larga sucesión de olar llegan a sus arenas continuamente, creando una peculiar neblina marina que parece dar un toque exótico al lugar, quizás solo roto por el sonido de los aviones que aterrizan y despegan del ya menguado, desgraciadamene, Aeropuerto de Asturias, el cual nos puede llevar a Londres en poco más de una hora y media, y que se asienta a pocos kilómetros de nuestra posición.



Bayas


Desde este punto puede optarse por bajar a El Sablón o regresar al pueblo de Bayas por su entrada oeste.


(Pinchar para ampliar)


Publicado en La Senda del Hayedo | Deja un comentario

La Peña Valdiglesia, titán del Alto Sil

(Actividad realizada en Enero de 2013)

La cordillera cantábrica parece desgajarse en dos en su parte sureña cuando llega a las tierras oocidentales del territorio leonés. Las cuencas fluviales del Sil, el Luna y el Omaña ponen sobre el tablero del ajedrez todo su poderío, siendo el río Sil el aparente ganador pues alrededor de este río convergen la mayor parte de las aguas y las nieves que caen sobre las sierras de Coto, Vizbueno y Gistreo, es decir sobre los Montes de León en su parte norte, cadena de montañas que recorre de norte a sur la provincia leonesa desde L.laciana hasta La Cabreira, teniendo en su recorrido varios hitos de montaña imprescindibles para el buen montañero: Nevadín, Catoute, Peña Cefera, Valdiglesia, Teleno, Pico Tuerto…

A uno de estos hitos nos encomendamos hoy para intentar poner una significante “crucecita” en los picos más altos de León, y más concretamente de la región del Alto Sil, que engloba comarcas tan emblemáticas como L.laciana, Omaña y El Bierzo.

La Peña Valdiglesia es el techo de este barullo de montes con 2.134 metros, 22 metros más alto que el vecino Catoute, el cual siempre se creyó el más alto de esta comarca de arándanos, osos y brañas.


Valdiglesia y Braña la Pena visto desde el Puerto de Vivero


Valdiglesia, también llamado Valdeiglesias erróneamente (en la exhaustiva labor de identificación de topónimos para la realización del mapa Alto Sil de la editorial Calecha parece ser que quedó confirmado que su nombre tradicional es “La Peña de Valdiglesia”), es un pico perteneciente a un largo cordal que comienza en las proximidades de la presa de la Matalavilla y finaliza en la Peña Carnicera, ya en los límites con el concejo de Murias deParedes.


Valdiglesia desde Catoute


Ella es su máxima altura, pero se ve acompañada de de otras dos cumbres muy atractivas que complementarán nuestra ascensión: Pico Chao y Pico de Braña la Pena.

Para comenzar nuestra actividad nos hemos dirigido al pueblo de Salentinos (Páramo del Sil), el cual conocemos ya de anteriores expediciones, por ejemplo, al CATOUTE, uno de los picos más frecuentados de la zona y por supuesto de los más hermosos. Pinchando en este ENLACE podemos conocer más sobre él y Salentinos.


La Cabana del Trasgu (Salentinos)


Tras un fuerte desayuno al lado de la lumbre del albergue rural “La Cabana del Trasgu”, regentada por Senén, nos ponemos en marcha por el mismo camino que lleva a la transitada ruta del Catoute, a través del fuertemente encajonado valle en V de Salentinos, con empinadas laderas de monte bajo pero también de importantes manchas de abedul, roble, teixu y xardón, donde se cobijan especies cantábricas como el oso, el llobu y el urogallo.


La Reguera de las L.lávanas


El invierno está en su máximo apogeo y la helada es considerable cuando atravesamos el paraje de la reguera de las L.lávanas, un hermoso salto de agua que golpea incesamente esos bloques cuarcíticos que aquí y en toda la cordillera reciben en nombre de llávanas. Es un lugar especial, nos acompaña una amplia gama de vegetación atlántica como el capudre, el acebo y el abedul, y el río que nace en las cumbres del Alto Sil resuena en el fondo del valle, oculto entre un mar de árboles.


Atravesando una original l.leira

En breve, y tras pasar la fuente de las l.lávanas, el valle va abriéndose para que veamos al fondo toda su longitud y parte de las cumbres que lo rodean.

Llegamos pues a la guapa braña de Salentinos, ya con abundante pradería para el ganado y donde existe un refugio de montaña muy buen cuidado que esperamos siga así.


La Braña de Salentinos


Este punto es clave en nuestra ruta, pues desde aquí hemos de abandonar el valle y el camino principal que se dirigen al Campu la Veiga y al Catoute, para torcer hacia el norte (izquierda) por un camino que sube algo pindio al principio pero que luego relaja y que nos deposita en el valle de Las Murias.

A nuestra izquierda, por otro lado, estamos dejando el bosque del Teixidal, uno de los más significativos de Salentinos. En esta subida podremos contemplar las cumbre que se elevan sobre el otro lado del valle, límitrofes con el valle del Primout: Peña Roguera, La Bobia, Sunida… Una sierra superinteresante para crestear otro día.


Ascendiendo por el valle de Las Murias


El valle de Las Murias es un antiguo lugar donde existió una brañina, de hecho, la palabra “murias” proviene o significa “paredes” o “viejas construcciones”. Hoy en día es mayormente pasto del monte bajo y de los jabalíes. Poca pradería se intercala entre las escobas y es este el tramo donde más especial atención hay que prestar para no perder el sendero que asciende hasta un segundo nivel del valle.

Este segundo nivel, ya muy cerca de la cresta que separa Salentinos de Valseco, se caracteriza por la abundancia de zonas húmedas de gran altura, buenas para la fauna local (varias rastros de oso y lobo son apreciables en este paraje).


Las Murias. Se ve parte de una laguna congelada y el camino que parte de la braña


La cresta está ya muy cerca de nuestro alcance por lo que quiere decir que el peor o más duro tramo de la ruta está ya pasado. Una vez arriba, las grandes vistas hacia todos los puntos cordinales van a compensar este esfuerzo.

La ladera sur del Pico Chao (2.046 metros) nos regala ya una espléndida panorámica sobre el valle de Matalavilla, inundado en parte por el destructivo embalse. Sobre este y sobre el pueblo de Valseco, el cual es visible también, se levanta la cordillera cantábrica que limita el Sil y el Cúa del Ibias asturiano.

Alcanzamos el primer pico del día desde el cual dibujamos ya la ruta a seguir hasta alcanzar Valdiglesia, que emerge al final de la cresta.


Adrián “peleando” con la nieve helada del Pico Chao dejando Valseco a sus espaldas


Pico Chao o L.lao


Este tramo, del Pico Chao al Valdiglesia, es el más entretenido y el que mejores vistas depara, pero también requiere atención, en especial por la nieve y por el hielo que se acumula en la ladera norte que caer vertiginosa hacia Valseco y Salientes, formando bellos circos glaciares.


Un paseo de altura con vistas increibles hacia gran parte de los Montes de León


El pico de Braña la Pena es el siguiente hito en nuestro recorrido. Una cumbre muy semejante al Valdiglesia en muchos aspectos (esas afiladas y largas sierras de peñas que caen hacia Salientes son muy características de este macizo, así como los pequeños circos que se forman debajo de ellas). Con 2.100 metros de altura, el paisaje ya se abre viendo otras montañas como el Cornón de Laciana, la Ubiña babiana, Los Ancares o los Montes Aquilianos. El viento, por otra parte, aumenta su fuerza en cada paso, y es que estamos en la alta montaña leonesa, una de las mejores reservas de agua del país, pues de aquí bebe el río Sil, uno de los ríos más caudalosos de España (actualmente ciertamente esquilmado por una empresa eléctrica).




Diferentes estampas del recorrido Pico Chao – Valdiglesia


Las huellas de lobo son constantes en nuestro recorrido y adivinamos un paso fluido entre Salientes y Salentinos de este cánido cada vez más abundante, al igual que el Oso Pardo, que en Salientes alcanza una gran densidad durante la primavera.

La Peña Valdiglesia, 2.134 metros, está ya a tiro piedra. Su fina cresta nevada (y con algún que otro punto helado) pone la puntilla alpina a nuestra excursión. Con cuidado la cresteamos disfrutando al mismo tiempo de toda su grandeza.


Cima de Vadiglesia


Valdiglesia es una señora montaña y una de sus virtudes es su aislada posición en el mapa, rodeada de pueblos que lamentablemente o afortunadamente quedan lejos del turismo masivo de otras zonas como Somiedo o Picos de Europas. El Alto Sil es un mundo muy salvaje en pleno siglo XXI.


Pico Braña la Pena desde el cordalín de Valdiglesia



Cortados norteños de Valdiglesia y vistas hacia el puerto de Vivero y Babia con Peña Ubiña destacando al fondo


Descendemos de Valdiglesia tras contemplar unas buenas vistas hacia el Nevadín y todo el valle de Salientes, desde el cual también puede acometerse esta ascensión. Peña Ubiña y la sierra de la Filera que separa Babia de Omaña es también perfectamente visible desde aquí, así como las montañas que separan Laciana de Somiedo y Cangas del Narcea. El occidente de la cordillera desde un balcón envidiable.


Más pindias canales de Valdiglesia esta vez en su cara Este


Llegamos al collado de Tierrafracio, secular paso entre Salentinos y Salientes (y también en buena medida hacia el valle del Boeza y del Omaña). A nuestra dejamos la Peña Carnicera y el Tambarón, dos peñas que también son llamativas para el montañero y que siempre hay que llevar en la agenda.


Peña Carnicera desde el collado Tierrafracio


Desde el collado, siguiendo una no muy ancha vereda, vamos buscando salida al Campu la Veiga, el mismo que se acuesta en frente de las laderas empinadas del Catoute y Peña Cerneya, uno de los lugares más hermosos de este valle de Salentinos y puede que del Alto Sil. Abundante agua, bosque, lagunas, arándaneras por doquier, verticales peñas… es, como digo, un lugar digno de conocer.


Pico Catoute, todo un símbolo del montañismo leonés

Con algo de atención de no perder el sendero se llega por fin al fondo del valle (este sendero se encuentra cada año más deteriorado desafortunadamente). Desde este punto ya cogemos la pista principal que habíamos abandonado unos metros más abajo en el paraje de La Braña.

Un recorrido de altura por el macizo de Valdiglesia cierra el día invernal que esperemos podamos repetir otro día, esta vez ya más veraniego y sin ese cruel viento y frío leonés que ha hecho de estas montañas un reducto de la Iberia más nórdica.




Tiempo aproximado: 6 horas (ida y vuelta).

Alojamiento y buen comer: En Salentinos (Bar La Obra, Albergue La Cabana del Trasgu), en Salientes (Mil Madreñas Rojas).

Publicado en La Senda del Hayedo | Deja un comentario

Ruta de la Costa Naviega (Asturias)

El entorno

Blancos y negros acantilados, verdes praderas, largas playas, diminutas calas, desafiantes puntales, limpios ríos, castros celtas y pueblos marineros de herencia ballenera son algunas de las cosas que podemos toparnos y a la vez disfrutar si realizamos una de las rutas con más “tirón” y belleza de la costa occidental asturiana, la denominada ruta Naviega.

Con casi 20 kilómetros de recorrido entre el litoral cantábrico y las estribaciones de las montañas occidentales de Asturias (espacio que ha creado la llamada “rasa cantábrica”), la Naviega lleva ya casi 30 años siendo uno de los reclamos turísticos del conceyu de Navia, desde que en 1988 el grupo de montaña Peña Furada de Navia diera a conocer este itinerario natural.


La ruta es en sí una de las mejores maneras de conocer esta costa muchas veces olvidada y relegada a segundos platos entre la gran variedad de paisajes costeros de Asturias. Una ruta totalmente completa, donde conoceremos el entorno natural, cultural y urbano de dos de los pueblos más emblemáticos de esta costa: el pintoresco y marinero Puerto de Vega (Veiga) y el industrial y comerciante Navia, final del río que lleva el mismo nombre y que proviene ni más ni menosdel lejano Puerto de Pedrafita do Cebreiro, en Lugo, siendo uno de los ríos más importantes del noroeste de España, tanto por su longitud, caudal y como eje de comunicaciones del occidente asturiano y parte del oriente gallego (sus aguas, incluso, han servido de medio de transporte durante décadas).


La ruta

Alrededor de cinco horas (ida) nos llevará recorrer los cercanos 20 kilómetros que separan la playa de Navia de la reserva natural de la playa de Barayo, entre los conceyos de Navia y Valdés, la cual suele servir de comienzo de andadura.

Cercana al pueblo de Vigo, pero compartida como hemos apuntado con el bonito concejo de Valdés (L.luarca), el estuario del río Barayo en el mar cantábrico es uno de los puntos más interesantes biológicamente hablando de toda la ruta, aparte del paisajístico.

Río Barayo

Sus marismas, su vegetación de ribera, sus dunas y los cortados que se internan en el mar dan cobijo a un ecosistema de notable valor en esta costa cantábrica.


Dos estampas de la playa y el estuario de Barayo

Tras abandonar la espesura del río Barayo ascendemos hacia las praderas cultivadas de maíz que nos acompañarán en buena parte de la ruta. Desde este punto se contempla perfectamente la playa de Barayo, sus cuevas y sus puntales como El Cuorno de Barayo, que desafía el oleaje cantábrico.

Cada saliente, entrante, cala, roca… tiene su nombre, y como es lógico la lengua que los bautiza es el asturleonés, una lengua que por estas latitudes va a ir perdiendo fuerza paulatinamente hasta que lleguemos a la ría del Navia, donde el gallego parece imponerse sobre la vieja lengua astur, y es que el río Navia es un separador natural e histórico de los pueblos prerromanos de astures y galaicos.

Es por ello por lo que toda esta pequeña franja supone una delicia para el aficionado a la lingüística y a la toponimia, pues las dos lenguas, lejos de competir, se combinan y se mezclan. Incluso, en las pequeñas aldeas de Vigo y Santa Marina, se recogen palabras vaqueiras caracterizadas por el uso de la “ch” vaqueira, al igual que en Luarca, Somiedo o Palacios del Sil. Aunque muchas de ellas ya están de desuso o integradas en la fala eo-naviega.

Asteiro

La ruta sigue pasando muy cerca de la Punta El Oligo, desde la cual se obtienen buenas imágenes la costa que vamos dejando atrás, y del castro de Vigo (Punta El Castro), donde se tiene constancia de un asentamiento prerromano, alzado sobre el mar y también sobre un vasto terreno de labor (Las Chanadas).

En breves metros veremos ya otra de las calas o ensenadas más guapas de la ruta, esta es la de Asteiro, rodeada de profundos felechales y donde desemboca el pequeño reguero de Vigo.

Estamos ante un mar salvaje, duro, agresivo, pero a su vez bondadoso, rico y fértil para aquel que lo trabaja y lo respeta. En toda la costa naviega se dan buenas poblaciones de percebe y marisco en general, siendo Puerto de Vega uno de los puntos más importantes del norte de España en su comercialización. Y son en estas escarpas peñas, islas y rompeolas donde el percebeiro prueba su pericia para conseguir el preciado producto marino. Las islas de Romanelas, las cuales son visibles constantemente desde esta primera parte de la ruta, suelen ser uno de los mejores puntos para encontrar este marisco.

Llegamos a Puerto de Vega o Veiga, que es como se suele llamar entre los paisanos de esta villa marinera de historia y cultura digna de conocer.

Entramos al centro del pueblo a través del Baluarte, un mirador-paseo que nos permite contemplar el famoso puerto de pescadores de Veiga, con su almena defensiva para contrarrestar los viejos ataques, según cuenta la historia, de los piratas ingleses.


En Puerto de Vega se respira mar en todos sus rincones. En el almacén de pescadores llegan cada día las gentes del mar donde reparan sus utensilios, sus embarcaciones en el inmediato astillero de “La Venecia” y se planifican las próximas salidas en busca de la gran variedad de productos que el cantábrico ofrece: caballas, besugos, merluzas, bonitos y todo tipo de marisco que será vendido en la cercana lonja, “la rula”, que está en medio del puerto, pero que también será enviado a otras tan importantes como la gallega de Burela.

Salimos del puerto ascendiendo hacia poniente, a través de las empinadas calles por donde un día el asturiano quizás más ilustre de todos los tiempos, Jovellanos, fue conducido a lo que sería su lecho de muerte en 1811 tras una enfermedad de pulmonía.

Y es que antes de abandonar Puerto de Vega es aconsejable visitar el Museo de las Historias del Mar, donde se enseña y se relata todo lo acontecido en este pueblo desde su nacimiento haciendo hincapié en la interesante tradición ballenera que esta localidad tuvo, pues fue en este puerto donde se firmó un histórico documento fechado en 1608 sobre la caza de este cetáceo que antaño se dejó ver más frecuentemente por toda la costa cantábrica.


Dos paisajes de Veiga: su nuevo puerto marinero construido a principios de los 90 tras una devastadora galerna, y los amplios pastizales que lo rodean.

Cruzamos la ermita de La Atalaya, altiva sobre el pueblo, y nos encaminamos poco a poco a la segunda parte de la ruta, donde el paisaje cambia y los accidentes geográficos influyen notablemente el sendero.

Antes de llegar a la playa de la Llosera, hacemos parada en la antigua cetárea de Veiga, cerrada ya en 1968 pero que aún conserva su muro que permitía la entrada de agua marina para la conservación de marisco (bogavante, centollu, ñocla…) en su interior en condiciones ideales para su posterior comercialización.

La Llosera, como su nombre indica, fue lugar elegido para extraer ese material propicio para la construcción de tejados. Grandes losas se expanden en esta pequeña cala donde desemboca un arroyo. Muy cerca se encuentra la isla de Veiga, la más grande de este recorrido.

La Cetárea

Estamos muy cerca de llegar a uno los puntos más interesantes, bonitos y atrayentes del recorrido. La gran playa de Frexulfe, semejante a la de Barayo por otra parte.




Frexulfe: playa, río y bosque

Frexulfe es un monumento natural de Navia. A esta larga playa llegan las aguas del río Frexulfe a través de una verde vega rodeada de pinos y eucaliptos. El mar suele ser bravo en este punto, siendo un lugar frecuentemente visitado por surfistas, incluso en verano se suelen realizar fiestas y jiras, siendo Frexulfe un lugar predilecto para toda la gente de estos pueblos naviegos.

Desde esta playa comienza uno de los tramos con más pendiente de la ruta. A través de un pinar ganamos altura para sobrepasar los afilados puntales que separan Frexulfe de una minúscula pero pintoresca cala, Fabal.

Otro tramo de bosque nos aguarda cuando arribamos cerca del pueblo de Las Cortías. Descendemos por la foresta para alcanzar la pequeña playa de Coedo. A partir de este tramos podemos sentir poco a poco la cercanía de la desembocadura del río Navia y avistar ya no tan lejanamente el faro del cabo de San Agustín.

En otra de las continuas revueltas del camino encontramos la fuente de Ríobreves, una de las pocas del recorrido.

Desembocadura del Navia

Subimos una pequeña cuesta para dar salida a la hermosa playa del Moro, donde se encuentra la peña Furada, una característica roca agujereada.

El Navia se entrega al cantábrico tras 150 kilómetros de recorrido. El nombre Navia se cree de origen prerromano, céltico, quizás una divinidad de las aguas como lo son las xanas, las mouras y cómo lo es también el nombre “Deva”.

Playa El Moro

La playa de Navia, cercana a un pinar y a una pequeña marisma, nos da la bienvenida a nuestro punto final de ruta. La población de Navia es industrial, el astillero ha sido parte fundamental de su vida, pero también el turismo está siéndolo ahora, pues es cada vez más atrayente la feria de la Sidra que aquí todos los veranos se realiza, así como toda la rica gastronomía que esta villa ofrece, siendo el tradicional postre de “la venera” de cate obligado. Las patatas de Navia gozan de amplio reconocimiento en todo el principado. Y las fabas, como en toda esta tierra, son de obligado consumo. ¡Qué aproveche!.


¿Cómo llegar?

Distancia desde León ciudad: 220 kms aprox.

Duración del trayecto: 2 horas y 15 minutos aprox.

Tipo de carretera: Autovía sin peaje desde Campomanes hasta Puerto de Vega (A-66 y A-8)

Publicado en La Senda del Hayedo | 3 comentarios

Brañas de La Seita y Zarameo desde Cuevas del Sil

Anda uno siempre recomendando lugares… y es díficil hacerlo en estas montañas y valles donde no hay rincones feos y donde todo es aprovechable para una vivir una jornada de naturaleza y turismo rural.

Pero si hay una ruta que puede encandilar a más de uno para el resto de su vida es la que os presento a continuación y que está muy indicada para realizar en los meses otoñales puesto que el color amarillo de los bedules pinta un soberbio cuadro donde dos brañas hacen de protagonista en uno de los valles más bonitos e interesantes del Alto Sil Leonés.

Naturaleza cantábrica y cultura tradicional brañeira son dos de los mundos que atraviesa esta ruta que es por otro lado breve y asequible para cualquier tipo de públicos (excepto para los muy vagos).

Cuevas del Sil bajo las únicas peñas calizas del valle

Nos dirigimos a la localidad de Cuevas del Sil, perteneciente al concejo de Palacios del Sil, un pequeño pueblín esparcido en una de los pocos ensanches que el río Sil crea tras su salida del cercano valle de Laciana. Cuevas por otro lado es un punto de partida muy importante para recorrer otros fenomenales espacios del Alto Sil como es Tejedo, las brañas del Campo Cuevas, el val.le del Fueixu, La Degul.lada, Brañadurria…

Pero hoy nos vamos a un pequeño vallín casi inperceptible desde la carretera general Toreno-Villablino que se adentra en un entorno de calidad medioambiental incalculable.

Entrada al valle del La Seita vista desde la veiga de Cuevas

La Regueira La Seita desemboca en ese Sil ya curtido desafortundamente de presas y obras hidráulicas aguas arriba del puente medieval de Cuevas, reconstruido en parte por el deterioro del paso del tiempo y de las aguas, el cual nos sirve de acceso para pasar al otro lado del valle, atravesando también las viejas vías del ferrocarril minero que hace tiempo que dejó de sonar en este valle por el que transcurrió más de 50 años.


Estación de Cuevas, a punto de ser engullida por el bosque


El entorno inmediato de Cuevas es ya una delicia para el amante del bosque. Abedules, serbales, robles, castaños, humeiros, acebos e incluso alguna haya colorean los montes que suben verticales hacia las cumbres del Alto Sil. Vamos a remontar el curso de la Regueira la Seita desde los 880 metros aproximadamente hasta los 1.600 metros de altura, todo ello sobre una buena pista marcada y señalizada pero también a través de un pequeño sendero que se adentra en la espesura del fantastico bosque mixto cantábrico que este valle alberga.

Estamos en tierra de brañas, tierra de pastores seminómadas, vaqueiros, que han estado circulando por estos montes durante centurias llevando sus ganados a las tierras altas donde poder aprovechar los pastos que esta dificil orografía ha concedido al hombre durante su existencia.

Característico cierre labrado en la madera abundante en todo el occidente

El municipio de Palacios, como otras veces hemos comentado, quizás guarde los ejemplos más interesantes y a la vez bellos de estas construcciones ganaderas que han dado un toque aún más pintoresco a este soberbio paisaje si cabe. Es un patrimonio cultural que se ha de preservar y a la vez fomentar en el camino del turismo rural pues bien puede servir de un pequeño recurso económico para estos pueblos. En Somiedo ya se ha iniciado este camino.

La perfecta integración de la brañas en la montaña, sus tejados de losa y paredes de piedra, sus portillas de madera, y las murias de piedra que dividen los propiedades, hacen de todo este conjunto un lugar donde saborear el auténtico sabor tradicional de la alta montaña cantábrica.

Subida a La Seita, con cierta inclinación en algunos tramos

El bosque caducifolio cantábrico visto desde una de las cabanas de La Seita

La primera braña a la que llegamos es la perteneciente al pueblo que hemos dejado atrás, Cuevas. Es la Seita, nombre que parece guardar alguna relación a las explotaciones auríferas romanas que abundan en esta zona, concretamente en el cercano valle de Brañadurria, y el cual se repite también en otro topónimo de la cercana Omaña.


La Seita

En esta parte del recorrido el valle se abre, regalando terreno para que proliferen prados robados al bosque y para que más de media docena de cabanas se agrupen formando un pequeño barrio que ha servido a los vecinos de Cuevas para establecer parte de sus labores ganaderas durante siglos.

Hoy, La Seita aún guarda ganado en sus alrededores, pero como pasa en la mayoría de la brañas de la zona, las cabanas ya solo sirven para uso de ocio y recreo personal, no quitando a sus propietarios de las cotidianas labores de mantenimiento, el cual se ha hecho de manera envidiable y el cual mostraremos en la siguiente braña a donde nos encaminamos tras abandonar La Seita.


Desvío que hemos de coger para adentrarnos en el bosque del Reventón

La segunda parte de la ruta gana ya una cierta altura que nos permite ir contemplando el emplazamiento en el fondo del valle de la braña que acabamos de abandonar, rodeada de un inmenso bosque que en los días otoñales se muestra impactante. Son montes de oso y urogallo, también de acebo y tejo, o mejor dicho, xardón y teixu, pues estos son los nombres con los que hemos de nombrar las cosas en esta parte del país pal.luezu donde el asturleonés es aún un hecho innegable.

Xardones y teixos, pero también robles y abedules son ahora protagonistas de la fase de la ruta que se adentra en el monte del Reventón, un bosque atlántico espeso, donde líquines y ejemplares centenarios de tejo y roble se yerguen sobre nosotros, meros transeuntes del tiempo.


Xardón, teixu, bedul…

El roble del Reventón tiene cierta fama en la comarca, pero no quiero abandonar la gran cantidad de teixos que afloran en este bosque con orientación norteña que bien pudiese haber sido llamado como el Teixedal de La Seita.

El camino es ahora un sendero que serpentea y zigzaguea entre los troncos de los árboles ganando paulatinamente altura. Vamos a alcanzar en breves momentos la parte superior del bosque donde los abedules vuelven a ser reyes y señores del paisaje. Estos valles del Alto Sil y los vecinos de Omaña guardan una de las mejores muestras de abedulares a gran escala de la provincia de León y de la cordillera cantábrica.

Vista área de La Seita desde las proximidades de Zarameo

Volvemos a pisar prados que por otro lado van cubriéndose año tras año de monte bajo debido a la falta de pezuña y diente que durante otro tiempo si poseyeron.

Estamos ante las puertas de la mayor braña de todo el occidente leonés junto con la ancaresa de Campo del Agua: Zarameo.

Más de veinte cabanas se esparcen en este nido de águilas, destacable mirador de las montañas del Sil y de las asturianas del Narcea y el Ibias. No es un pueblo, no, de momento no han puesto iglesia aquí arriba, si bien es verdad que Zarameo, la braña de Matalavil.la, es igual de grande que muchos pueblos de este norte que tanto nos gusta.


Se canta, incluso, en la lengua del país, que Zaraméu nun yia ciudade, que yía braña, que mirándola ende l.luenxe paez una catedrale. Y nun yia pa menos.

La primera vez que uno entra a Zarameo parece haber encontrado un mundo perdido. Uno no se explica que hace un pueblo aquí subido, alejado del mundo, atado a estas montañas de silencio, arándano y abedul. Zarameo, para mí, fue una de la experiencias más gratas de mis caminatas en solitario.

Pero Zarameo tiene mucha vida. Si bien es cierto que hasta hace poco más de una década esta braña solamente contaba con una cabana en pie, los sabios vecinos de Matalavilla, que es el pueblo que regenta esta braña aunque su situación haga pensar que lo es Cuevas por encontrarse en el mismo valle de La Seita, han sabido reconstruir y devolver la vida a esta inmensa braña en estos últimos años sin NINGÚN tipo de subvención por parte de las administraciones competentes. Algo que por el contrario si sucede en la vecina Asturias, donde si se fomentan este tipo de actuaciones.


Imagen de Zarameo en la década de los 80 del pasado siglo. Se aprecia el estado de abandono pero también la limpieza del terreno circundante. (Fotografñia del Libro “Las Comarcas de León”)

Teitandu un poucu’l l.lousáu y las gril.lándas

Dos vecinos de Matalavilla tuvieron la amabilidad de mostrarme en el interior restaurado de su cabana, en la que un tiempo sirviera para almacenar paja y aperos ganaderos, y que hoy ha quedado como un perfecto apartamento de alta montaña que ya a muchos les gustaría poseer. Pero ello ha requerido trabajo, y como el matrimonio me comenta, es necesario “teitar” el tejado con losa cada año, subir material desde el pueblo, cosa que no es siempre fácil si pensamos en las infinitas nevadas que por aquí suelen caer y lo más importante, tener la fuerza de voluntad de recuperar algo que estaba destinado ya al olvido tan solo hace una década.

Interior de la cabana. (Agradecimientos a los vecinos de Matalavilla que me la enseñaron).

Lo más importante de la reconstrucción de Zarameo, aparte del amor y el que han puesto sus propietarios, es la utilización de materiales autóctonos o al menos concordantes con el paisaje y la tradición. Así se utilizan pizarras negras y piedras graníticas sacadas de las l.leiras del lugar. Por dentro también se han decorado escaleras y muebles con madera de abedul.

Zarameo, aparte de su interesante conjunto de calles y cabanas, también cuenta con otro elemento arquitectónico tradicional como es la oul.leira (ollera, en castellano). Esta pequeñísima construcción tiene su función en el almacenamiento de la leche en un lugar fresco y seguro hasta que sea bajada al pueblo. Por ello dentro de ellas podemos denotar la presencia de humedad y feleitos.

Oul.leira de Zarameo

Desde esta braña se puede alcanzar también la divisoria de este valle con el del Salientes y Valseco, el cual, por cierto, carece de brañas como en la que nos encontramos. También podemos surcar los montes hasta Rabanal de Arriba a través de Brañadurria o descender a Palacios a través de la Degul.lada. Todo a gusto del consumidor.

Panorámica de la Braña de Zarameo

Nosotros vamos a bajar de nuevo a La Seita pero por la otra ladera del valle, siguiendo una pista que desciende bruscamente hacia la regueira cercana al bosque del Reventón a través de teixos y xardones nuevamente de considerable tamaño. Además, por esta ruta de vuelta tenemos una panorámica envidiable de Zarameo.


Volvemos de nuevo a La Seita, donde un par de mastines y algunas yeguas campan por su calle principal. Ellos también son hijos herederos de este inmenso y valioso marco ambiental que es el Alto Sil, el llamado por escritores de la zona, el país de las brañas.

Alojamiento y buen comer: Palacios del Sil, Villablino, Salientes, Páramo del Sil, Anllares del Sil.

Duración aproximada: Tres horas y media

Publicado en La Senda del Hayedo | 3 comentarios

Subida al Tambarón desde Montrondo

Hoy quiero recordar un largo pero fundamental recorrido que realicé hace dos otoños por la cuenca alta del Río Omaña y que me sirvió para comprender con más exactitud la majestuosa magnitud de ese cordal de montañas que separa los valles del Sil de los del Omaña y que es principalmente conocido por albergar el famoso Pico Catoute, montaña emblemática del noroeste leonés.

El destino elegido fue el Pico Tambarón, un dos mil elegante que comparte escenario junto con otros gigantes como el Nevadín o Valdiglesias.

Visible desde la misma ciudad de León, el Tambarón de MONTRONDO (pero también de SALIENTES) es a mi parecer una de las excursiones más completas para conocer esta Omaña alta de Murias de Paredes donde el urogallo, el abedul y una forma de vida tradicional y respetuosa con el medio ambiente han hecho de esta comarca leonesa una de las reservas de la biosfera más bien conservadas de España.


Murias de Paredes

Los amplios robledales que rodean el río Omaña, naciente por otro lado a los pies del mismo Tambarón, y los abedulares de Murias, Fasgar y Vegapujín convierten a este lugar en un deleite para biólogos y estudiosos también de esa ave nórdica que tiene en Omaña una de las mejores poblaciones de la península ibérica, el urogallo cantábrico.

No es fácil ver a este ave forestal, quizás sea más fácil tropezarse con el Oso a medida que nos acercamos al Alto Sil y sus extensas arándaneras de Catoute y Peña Carnicera. Pero lo que si vamos a poder ver en este recorrido es un completo dosier de geografía leonesa por la posición estratégica de esta montaña.

Comenzamos ruta en Montrondo, el último pueblo del Omaña junto con Fasgare. De ambos hemos hablado ya anteriormente en este blog. (VER reportaje Fasgar, VER reportaje Montrondo).


La doble cumbre del Tambarón

Nada más salir del pueblín el camino atraviesa el río que ya es flanqueado por chopos y abedules. La pista es buena y en breve tiempo, tras pasar por un pequeño embotellamiento del valle, llegamos a las praderas donde el río que viene del oculto valle de DEBESA CORTADA se une al Omaña al pie de un guapísimo abedular que cubre toda la ladera orientada al norte.


Bajo la Peñona y con el abedular de Montrondo a nuestras espaldas

En frente nuestro aparece la doble silueta del Tambarón, pues este pico cuenta con dos cumbres. Hemos de seguir pues por el valle principal bajo la cubierta forestal en dirección a la parte más alta del valle, aquella que se cubre durante varios meses al año de un alto espesor de nieve y que está muy cercana al Puerto de La Magdalena y al famoso valle de Fasgarón.

Bajo la atenta mirada de La Peñona, ese afloramiento calizo que recorre este rincón asturleonés desde Degaña hasta Vegapujín, los prados y las cascadas juegan en un clima de alta montaña que ya supera los 1.400 metros.


Una vez sobrepasada la pared de La Peñona y antes de entrar en la finca del Mular donde hay varios ejemplares de burro zamorano-leonés hemos de encontrar un pequeño sendero que gira bruscamente hacia el sur pero en pendiente. Comienza el ataque al Tambarón.

Sí, hay que sufrir un poco para subir a esta montaña, por eso recomiendo ir con tiempo si se hace la ruta desde Montrondo. También hay alguna parte en que el monte invade el camino por eso no está mal ir con algún mapa y sobre todo con un buen sentido de la orientación.

Los montes de León son realmente un lugar bastante salvaje donde no abundan buenos caminos y sendas y donde el monte se ha apoderado de casi todos los rincones que una vez fueron ganaderos y agrícolas.


Llegamos al lago más famoso de Omaña, el Llao o Tsao de Montrondo, o como dicen ahora, el Pozo Hollado, todo un desastre toponímico producido por la castellanización. Quedémosnos con el nombre “Tsau” que significa Lago en asturleonés.

Bajo estas aguas que en otoño están en horas bajas está sumergida una leyenda que se repite en muchos lagos de la cordillera. Ella cuenta la existencia de una criatura con forma de dragón y culebra, un cuélebre entre paisanos, que devoraba cada año las jóvenes más bellas del pueblo de Montrondo hasta que fue abatida por una valiente joven que en vez de dejarse engullir por el monstruo le clavó un crucifijo en su cabeza. Pinchando AQUÍ podéis ver un poco más de esta historia contada por el escritor Julio Álvarez Rubio.


Del Llao de Montrondo al Tambarón ya es solo un suspiro, pero un suspiro bastante profundo.

Llegamos al pie de la primera cumbre que desde aquí muestra un aspecto muy piramidal. Vamos a bordearla dirigiéndonos al norte, hacia la laderas que miran al Valle de Viveiru pero también hacia las montañas babianas lindantes con una Asturias que se deja ver a través del puerto de Somiedo y el pueblo de Santa María del Puerto.


El Puerto de Somiedo desde el Tambarón de Omaña





Últimas cuestas antes de hacer cima

Las grandes cumbres de este mundo de montañas van apareciendo a medida que nos acercamos a la primera cumbre, la que cuenta con una durilla cuesta.

Estamos ya en la frontera con la cuenca hidrográfica del Norte, donde el Sil es el rey, y los valles que caen bruscamente hacia la fosa tectónica del Bierzo muestran todo sus esplendor otoñal.



El pico de Fernán Pérez sobre los abedulares de Fasgare

El valle de Salientes, con su Valdiglesias y el Pico La Turria. Los cordales del Catoute y Peña Cerneya. El abrupto valle del Boeza, naciente en términos de Fasgar, a los pies de Fernán Pérez. Y más al fondo los macizos de Valdeprao, Ancares… y un largo ecétera.

Todo un deleite para el apasionado de la geografía.


Valle de Salientes, fuertemente encajonado. Al fondo el macizo de Valdeprao


Tras comer decidimos acercarnos a la segunda cumbre del Tambarón, más alta y menos transitada. Esta cae en picado sobre la braña de La Forcada de Salientes, pueblo que no vemos solamente por un pelín de terreno pero que sabemos que resiste allí abajo junto con mis amigos de MIL MADREÑAS ROJAS.






Me asombra especialmente el profundo tajo que el Boeza recién nacido en el CAMPO DE SANTIAGO abre a su salida hacia Igueña en comparación con las suaves pendientes del Omaña en el Vallegordo representadas en el hermoso vallín de Urdiales.


Tajo del Boeza a su salida del circo glacial del Campo de Santiago


Valle de Urdiales y el abedular de La Guariza al fondo


Montrondo y Murias

Los abedules, dorados en esta eṕoca del año complementan un paisaje que por si mismo es soberbio.

Descendemos de nuevo hacia Montrondo, siendo el camino de ida el más recomendado. Ojito con no meterse en el salvaje y abandonado valle de La Portiecha, está impracticable y los senderos se pierden en una selva de escobas.


Un vistazo al inmenso territorio de la sierra de Xistréu culminada por el Catoute y Peña Cerneya entre otras destacables peñas


Abandonamos esta cuenca alta del Omaña con la mirada puesta en Viveiru, un valle al que le tengo especialmente ganas.

Mapa del valle del primer Omaña

Alojamiento y buen comer: Murias de Paredes, Riello, Senra, Villablino.

Duración aproximada: Seis horas.


Publicado en Murias de Paredes, Omaña | Deja un comentario