Siete destinos naturales en la costa asturiana

Ha llegado Julio, el mes que muchos leoneses aprovechamos para cruzar el puerto (o el tunel) y refrescarnos en nuestra región hermana con el agua del mar o de la sidra.

La visita estival a Asturias es ya, más que una tradición, una necesidad para León (ciertamente, el mismo proceso ocurre a la inversa, con los miles de asturianos que pasan el verano en las soleadas Coyanza o Villamanín).

Esta simbiosis milenaria entre astures de uno y otro lado de las montañas (hemos de recordar que la patria astur no comienza en Camponanes, sino que también se instala en la Asturica Augusta maragata o en el Esla, antiguo Astura según las crónicas romanas) da juego a muchas combinaciones turísticas. Muchos sitios donde pasar un día, un fin de semana o una semana entera, y siempre en un marco natural de lujo como es toda la cornisa cantábrica y en especial las montañas y costas asturianas.

Hoy quisiera empezar hablando de siete destinos naturales y también culturales que nos llevarán a conocer, o al menos saborear, la extensa línea de costa asturiana, de más de 300 kms de longitud, desde las rías del Eo y el Navia hasta las estribaciones de los Picos de Europa, pasando por ciudades y cabos emblemásticos como Xixón y Peñes.

Son simplemente siete puntos geográficos con encanto a modo de sugerencia para todos aquellos leoneses que buscan en Asturias unas pequeñas vacaciones cerca del mar, sin excesivo gasto de tiempo, gasolina ni de alojamiento, pues las comunicaciones por coche en el Principado se realizan por autovías y las pensiones asequibles abundan en cualquier aldea pintada de hórreos y vacas con vistas al bravo mar cantábrico. Muchos de estos puntos, además, pueden ser de ida y vuelta a León en el mismo día, pero eso ya queda de manos del consumidor.

¡Empezamos!

1. Las playas de Castropol y Tapia de Casariego.

No hace falta irse a las Baleares para disfrutar de unas playas de alta categoría en el cantábrico (eso sí, con un grados de temperatura algo más bajos). El litoral gallego y asturiano comprendido entre los concejos de Foz y Tapia de Casariego ofrece al visitante un sinfín de playinas y playonas para gustos y colores, declaradas gran parte de ellas como monumentos naturales, como las Catedrales de Ribadeo o Penarronda en Castropol y Tapia.

Penarronda

Tapia de Casariego

Y es que playas como Penarronda, con su característica isla redonda varada en este arenal de 600 metros de longitud, es posiblemente una de las mejores playas de Asturias en cuanto a calidad del agua, accesibilidad, entorno y limpieza.

Castropol y la ría del Eo

Penarronda

El paisaje interior de esta parte oeste de Asturias no es quizás tan sorprendente como el del centro y el oriente, donde montaña y mar parecen unirse y desunirse constantemente en forma de pequeñas calas y largo acantilados, pero por el contrario, la cantidad de buenas playas, y, sobretodo, tranquilas playas supera a las dos otras partes del Principado en esta parte del litoral asturiano.

Tapia de Casariego

Y qué decir de sus pueblos, como Tapia de Casariego, marinero en su pasado y presente aunque con un fuerte impuslo hacia el turismo en nuestros días. Todo sus casco urbano esta rodeado de playas semitropicales, incluida una piscina construida en base a una antigua cetárea donde se guardaba vivo el marisco.

La Autovia del Cantábrico, A-8, que cogeremos nada más pasar el área metropolitana de Oviedo dirección de Avilés, nos sirve de enlace para llegar a estos rincones, que distán de poco más de una hora de trayecto desde Oviedo.

2. La ruta naviega.

Ya descrita en este blog, es quizás una de las rutas con más pujo en el cantábrico. La senda recorre los 21 kilómetros que unen la playa de Barayu (Valdés-Navia) con la playa de Navia, ya al lado de este río que vienen surcando los montes desde los altos de Pedrafita do Cebreiro, en Lugo, siendo uno de los ríos más importantes del norte ibérico.

Playa de Frexulfe

En su recorrido, además de serpentear toda la mágica línea de costa naviega, afamada por su marico, el caminante se encuentra con una de las playas más especiales de esta zona: Frexulfe, otro monumento natural asturiano.

Puerto de Vega – Veiga

El mar choca contra el islote de Romanelas – Veiga

Pero una de las joyas del recorrido es el pueblo de Puerto de Vega, marinero, pintoresco y semejante a otros pueblos cantábricos como Cudillero, Tazones o Tapia. En este pueblo, que cuenta con un centro de interpretación del parque histórico del Navia, se encuentra además uno de los primeros tratados balleneros de España.

Playa de Otur

Por otro lado, la gastronomía en esta zona está hecha para disfrutar de los sabores que el mar regala a estos pueblos de pescadores.

Tramo de la ruta naviega con la atalaya de Veiga al fondo

 

3. El Cabo Vídio.

Situado en las proximidades de Oviñana, conceyu de Cuideiru / Cudillero, es uno de los tres cabos con más encanto de Asturias. Se dice que el mejor centollo sale de estas aguas, pero no solo marisco nada entre ellas, este mismo año se ha avistado la presencia de una Orca.

Oviñana

Cabo Vidío

Desde lo alto de sus verticales paredes se divisa gran parte de la costa occidental asturiana y sus montañas vaqueiras. La playa del silencio, una de las joyas del cantábrico, está a escasos kilómetros de este paraje agreste.

Cabo Vidíu

Cuideiru

Una puesta de sol en este punto asturiano es todo un mar de sensaciones antes de emprender la vuelta a León, y es que este punto dista de apenas 20 minutos de Avilés.

Atardecer en la costa occidental asturiana

 

4. La Isla de Deva y el playón de Bayas.

También comentado en este blog, es un punto imperdonable en el litoral astur, pues se trata de la isla más grande de Asturias y la playa de más longitud, creada por los sedimentos del Nalón que aquí viene a finalizar su trayecto desde el Puertu Tarna.

Deva

Más al oriente está la pequeña pero resultona playa de Munielles, con buenas vistas hacia la costa avilesina, accidentada y bella en cualquiera de sus rincones. Todos estos rincones están comunicados a través de una senda que bordea acantilados y playas desde Luanco hasta Bayas.

Punta Vidrias

Deva es isla, pero también diosa, diosa astur-celta de las aguas, de las fuentes, de los ríos y los mares. Y es que ver esta isla desde los acantilados de la rasa cantábrica es un recuerdo dificil de olvidar. Existe sendero señalizado desde el Cabo de Peñas hasta este punto, que linda con el aeropuerto de Asturias.

Bayas

 

5. Xagó y Peñes.

En el centro asturiano, entre Gijón, Oviedo y Avilés, se encuentra una pequeña “península” compartida por los conceyos de Gozón y Carreño, los cuales albergan playas tan afamadas como las de Lluanco, Candás, Bañugues, Verdiciu o Xagó, siendo esta una de las más grandes y bellas. Aunque el oleaje en esta arenal situado a la derecha de la ría de Avilés sea un condicionante para el baño, es un paraiso de surferos y amantes de las playas naturales situadas entre verdes paredes.

Xagó

La Herbosa

Y es que aquí, la tierra astur parece internarse en el atlántico a través del Cabo de Peñas, con más de 100 metros de altura y el punto más al norte de Asturias. Su faro es uno de los más viejos del principado y con más visión del cantábrico, además cuenta con un centro de interpretación de este espacio natural de increible belleza. La naturaleza en Peñas se muestra desafiante, intocable pero tremendamente bella.

Faro de Peñas

Peñas

La isla de la Herbosa, la segunda mayor de Asturias, es otro de los atractivos de este entorno al que se puede acceder bien desde Gijón o bien desde Avilés.

Peñas

 

6. Xixón y La Ñora.

La mayor ciudad del Principado posee la cariñosamente denominada playa de León, San Lorenzo, de buena calidad pero de gran afluencia en fines de semana. Por eso no está de más conocer otros rincones de la costa gijonesa.

San Lorenzo

Del extremo oriental de San Lorenzo, más allás del Piles, parte una senda que nos lleva rumbo al parque de la Providencia, mágnifico mirador de la ciudad y de la linea de costa que avanza hacia en conceyu de Villaviciosa.

Costa oriental de Xixón

Atardecer en Xixón

Siguiéndolo, en una hora y media llegaremos a la escondida playa de la Ñora, un pequeña pero hermosa cala, que cuenta con dos restuarantes y un sendero verde a través del río Ñora para los que quieren sumergirse en el bosque y abandonar la arena.

La Ñora

La Ñora

Los acantiliados de este recorrido esconden también otras playinas como la de Estaño, también recomendable.

7. Senda costera de Llanes.

Qué decir de Llanes… a pesar de que las nubes que chocan casi constantemente contra la sierra del Cuera nos deparen muchos días nublados y de orbayu, es uno de conceyos más guapos del Principado, y por eso más turísticos. Y es que sus numerosas playa semimediterráneas no dejan indiferente a nadie. Torimbia, Cobijeru, Gulpiyuri, Ballota, Celoriu, Barru… son muchos de los puntos a visitar si nos animamos a coger la bici y dirigirnos desde el mismo centro de Llanes dirección Ribadesella, haciendo una jornada de deporte y playa inolvidable.

Además, tenemos varios servicios de alquiles de bicicletas en Llanes y el tren de la Feve, que podemos usar para la vuelta.

Otro punto y a parte es el bullicioso Llanes nocturno. La vida tras la puesta del sol en las cercanías del puerto sigue brillando, siendo uno de los puntos de Asturias con más ambiente en verano.

Llanes y los cubos de la memoria

 

(Siguiente reportaje: Siete destinos naturales en el interior de Asturias).

 

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Canto a la mia tierra ( primavera y otoño en el “cul.lao” )

Cantu al mieu pueblu

(Eva González)


Güei, que toi de gracia,

you quiero cantar

a mia guapa tierra

canto al mieu l.lugar.


A suas auguas l.limpias

canto al urcial,

a los rebol.lales

canto al piornal.


Canto a los capudres,

canto al gabanzal

ya canto a las techas

que tila nos dan.


A la regaliza

que la sierra da,

canto a la xanzana,

canto al tomil.lar.


Dulce manzanil.la

por aiquí se da,

canto a los estal.lones

melecinas fain.


Canto al sabugueiru,

canto al acebal,

a los mostachales,

canto al bedular.


Canto a las papolas

pos de todas hai,

por cualquier sendeiru

a la oriel.la tán.


Al pipirripí,

a las violetas,

a las margaritas

a las pitas ciegas.


Las de San Xosé,

espantapastores,

a las campanil.las,

xacintos, calzones.


Canto a la carqueisa,

codoxu ya escoba,

pos ponen mariel.los

los montes ya l.lobas.


You canto al mieu pueblu,

canto a la mia tierra,

nun atopéi outra

más guapina qu´el.la.


Ríu Ceronciel.lu o de Valdeprao. De lo mejorcín del valle del Sil.

Con estos versos en asturleonés de la muy querida escritora Eva González, natural del concejo leonés de Palacios del Sil, abro esta entrada sobre, más que una descripción de una sencilla ruta, una recopilación de imagenes sobre los cambios que la madre tierra confiere sobre los seres vivos según la estación en que nos encontremos.

A mi me gustan especialmente las estaciones de transición, donde absolutamente todo emerge o se sumerge, donde todo cambia y donde el paisaje es puro espectáculo.

Otoño y primavera son dos momentos especiales del año en los montes cantábricos, montes caducifolios, muy condicionados por el sol y la nieve.

En cualquier valle podemos contemplar los cambios que se suceden en la vegetación, si bien cada uno tenemos nuestros rincones predilectos, aquellos en los que primeramente pensamos cuando queremos dar un paseín.

Vista sur del valle de Valdeprao

Valdeprao (Palacios del Sil-León), ya ha salido más veces en este blog ( no dejará nunca de salir ).

Es un valle, desde mi punto de vista, enormemente valioso e interesante en esta parte de la cordillera. Su geología glacial, su vegetación cantábrica, su fauna de garra y pico, su cultura brañeira… es siempre una emoción caminar por sus senderos.

Los neveiros se acumulan en las montañas del Miro.

A uno, que le gusta mucho pensar, piensa cómo es posible que este valle no tenga una centro de recepción de visitantes del espacio natural del Alto Sil y un centro de interpretación parecido al que hay en Caboalles de Arriba, pues en nada habría que envidiar a otros lugares como Somiedo, mismamente.

Vista norte del valle

Pero las realidades son bien distintas a un lado y a otro de la cordillera. Aquí, en Valdeprao, hasta la carretera (o lo que queda de ella) es de propiedad privada y tras el cierre del mítico restaurante ya no queda nada abierto al visitante foráneo. Al otro lado de las montañas, bueno, todo el mundo sabemos quien lidera el turismo rural de montaña.

Desde el pueblín que una vez fue braña parte de un camino hacia el este, hacia un pequeño valle donde se despliega una mancha forestal destacable.

Es el val.le, un paso ancestral de comunicación con otros pueblos, brañas y valles como Palacios, Susañe o Pedroso, todo ello a través de un pequeño colladín aquí llamado simplemente “El Cul.láu”, apareciendo en los mapas como collado de Valdeprado y con una altitud de 1.549 metros.

El recorrido de ida y vuelta no supera las dos horas, aunque el ascenso haya que tomarselo con calma. Pero es fácil, porque el ecosistema que nos rodea según entramos en este pequeño vallín es inmenso. Un auténtico tesoro para los naturalistas.

No es dificil ver algún oso o faisán en estos senderos, pues el alimento abunda en esta parte del gran valle de Valdeprao, el mismo que vemos si volvemos la vista hacia atrás una vez ganada altura suficiente para contemplar los colosos del Miro y Busmor que cierran el valle por el lado Oeste.

Dos estampas del mismo monte, una en noviembre, otra en mayo.

Una alfombra de arandaneras se despliega sobre el bosque formado principalmente por abedules, pero también por capudres, salgueiros, acebos, avellanos y robles. Puro paisaje del norte.

Al otro lado del requero el monte bajo se extiende pindio hacia los altos, y aunque es monte que sabe desgraciadamente de incendios casi anuales, hay pequeñas “islas” donde viven grandes robles entre lleras y xardones, verdaderos refugios de todo tipo de fauna.

Arándaneras, xardones, capudres… El jardín secreto.

El contraste entre la vertiente sur y la norte es considerable, si bien al final del recorrido, acercándonos a cul.láu, todo confluye en una misma mancha forestal donde se compaginan todos los elementos antes citados.

La diversidad botánica es considerable. En primavera brotan multitud de plantas y flores que adornan cada rincón del minúsculo valle. Quizás los gamones y las gril.lándanas o narcisos sean los más vistosos, por sus radiantes colores blancos y amarillos. En la poesía de Eva González tenemos una inmejorable guía botánica para caminar por estos lares, y lo mejor de todo, con los nombres originales de cada cosa.

Narcisos, gril.lándanas, la flor emblemática de la cordillera asturleonesa.

Cuando uno ya está un poco fatigado de tanta subida en tan poco tiempo, el bosque allana y la pradera se cuela entre los abedules para que los caballos puedan pastar a gusto en el cruce de caminos y de lindes.

Susañe hacia el sur, Palacios al este, Valdeprao al oeste y hacia el norte el cordal de finaliza en los montes de Zarréu, en el pico Bóveda.

Estamos en el Cul.láu, lugar sagrado para estas gentes vaqueiras y mineras. Cull.láu o cuchao es simplemente la manera en asturleonés, la lengua propia de aquí, de denominar “collado”.

Se respira mucha paz, se oye mucha naturaleza y uno se impregna de estos montes que acaban enamorando y guardados en la memoria para siempre.

Y esa sensación se incrementa cuando nos asomamos al borde del collado y vemos toda la cadena de montañas de los macizos de Valdiglesia y Catoute, sobre los valles de Salientes y Salentinos. Montañas salvajes, de grandes altitudes donde la nieve tarda en desaparecer a pesar de la cercania del verano.

Para nieve y neveiros los del Miro, el macizo que tenemos a nuestras espaldas pero que el atardecer primaveral nos ciega levemente y parece ocultarlo del paisaje.

Los mismos montes, en días otoñales y primaverales


Lo mejor de este pequeño recorrido en cuanto a vistas de lugares sorprendentes llega al mirar hacia abajo, casi hacia nuestros pies. Es un valle que ya hemos recorrido antes en este blog y que podemos ver pinchando AQUÍ.

Es el val.le de Pedroso, un valle que resuena en todos las bocas de los habitantes del Alto Sil por contener un robledal de cerca de 10 kms de longitud, dos brañas (una de ellas, la fontel.lada, de increible belleza), un río que tiene más truchas que el mismísimo Sil y… bueno, decir que aquí el urogallo aún canta y el oso es dueño y señor de este basto territorio que se extiende al norte de Palacios hasta la frontera con el concejo de Degaña.


En el cul.láu existe un refugio muy bien acondicionado por los vecinos del concejo y a su lado una fuente que brinda al senderista la posibilidad de alargar la estancia por estas colladas que dan paso a montañas significativas como Bóveda (1.917 m) o La Cueta de Susañe (1.731 m).


Aunque el monte bajo ha colonizado buena parte del collado debido a la escasez de ganado, el enclave se mantiene abierto por el cuidado vecinal.


Otoño, invierno, primavera, verano… el tiempo cae sobre estos montes solitarios así como cae sobre nuestros pasos, pero la raiz permanece guardada en lo más profundo de nuestras almas y de nuestra memoria, y es ella la que brota para hacer que volvamos a casa de vez en cuando y no nos olvidemos los valles y ríos que nos vieron nacer, los mismos que muy problamente nos vean morir. Y es que así es el ciclo de la vida, una continua primavera y un continuo otoño, surgencias de vida y muerte que dejan estampas de belleza que hemos de saborear estemos en el momento que estemos.



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Circular por la costa de Bayas (Asturias)

Si hace unos pocos meses hablaba en este blog sobre la ruta de la costa Naviega, he decidido seguir hablando un poco de otros destacados o renombrados accidentes geográficos de la costa asturiana, puntas o cabos que merecen ser visitados para disfrutar aún más de este mar de infinita belleza tan cercano a León y a sus gentes.


Duración aproximada: 2 horas

Sentido de la ruta: Circular

Aproximación desde León ciudad: 2 horas aproximadas. AP-66 (Autopista) ó N-630 (Puerto Pajares) hasta el cruce de autovía (la Y) con dirección Avilés. Desde Avilés tomar A-8 dirección Aeropuerto de Asturias (Santiago del Monte-Bayas).




Siguiendo la ruta hacia el occidente de Peñas, ruta por otro lado que no es imaginaria, sino que incluso está balizada y señalizada con el nombre de “Senda Norte”, la cual comienza en Lluancu y acaba en la desembocadura del río Nalón, nos trasladamos al conceyu de Castrillón para conocer dos lugares importantes en la naturaleza del litoral asturiano, ambos declarados monumentos naturales en 2002.


La Isla de La Deva, la mayor de Asturias

Y es que si queremos realizar este breve paseo de dos horas que bordea los acantilados de Bayas, hemos de saber que vamos a conocer el mayor islote de la costa astur.


Costa de Santa María del Mar: minas de Arnao y la playa de Salinas.


Desde las praderas de Bayas, la costa industrial avilesina


Para ello nos encaminamos hacia el oeste desde la iglesia de Bayas, donde abandonando la carretera tras andar apenas 80 metros aparece un camino que nos integra en un pequeño bosque de pinos y eucaliptos, el cual nos sacará pronto a la húmeda vecindad del mar, próximos a la playa de Munielles, la cual es digna de conocer y desde la cual se obtienen unas buenas vistas de la abrupta y minera costa de Santa María del Mar.


Descenso que luego se converitrá en la única subida destacable del recorrido


Tras pasar una sucesión de cuestas, las cuales incrementarán la grandeza del paisaje hacia el oriente, vamos a llegar a un plataforma situada a más de 100 metros sobre el nivel del mar que nos sirve de nexo de uníon con el sendero que bordea esta franja de rasa cantábrica con el propio mar.


Llegando a la punta Vidrías con un paisaje de fondo que engloba varios lugares de interés de la costa de Castrillón


La Punta Vidrías en un saliente significativo de esta costa desde el cual obtendremos una fenomenal vista sobre la cercana isla de La Deva y los acantilados que la separan de la península.


La Punta Vidrías


Esta hermosa isla es la mayor del Principado de Asturias, con 800 metros de largo y 400 metros de ancho, y una altura cercana a los 90 metros, Deva es mirada obligada de todos aquellos amantes del mar. Y es que su nombre ya lo dice todo.


Deva



Deva es una divinidad presumiblemente prerromana que los habitantes de la europa atlántica adoraron allá donde el agua era protagonista. Así, esta deidad de las aguas está representada en muchos topónimos de nuestro norte. Por citar algunos, tenemos el Río Deva, nacido en los Picos de Europa, otro río y monte Deva en Xixón y por supuesto, esta isla-fortaleza que hoy sirve de refugio de varias aves marinas, pero que en la antiguedad debió ser un lugar de culto y oración para los pueblos astures que vivían cercanos al mar y sus caprichos.



Seguiendo el sendero hacia poniente vamos bordeando este increible paisaje donde se esconden restos de antiguas explotaciones mineras además de algún punto un tanto descuidado para la observación de aves marinas.


Oquedad en la base de la isla de Deva


El Playón de Bayas

También conocida como El Sablón, es la mayor playa en longitud de la costa asturiana y hacia su extremo oriental llegamos para comtemplar su magnitud desde lo alto de otro saliente que también nos permite ver la Isla de La Deva con otra perspectiva.



El Sablón

Formada por los sedimentos del río Nalón (en muchas de estas playas, el color negro de la arena es debido a los residuos de carbón que este río transporta desde las cuencas mineras hasta el cantábrico), esta playa es otro monumento natural de Asturias, compartida con Sotu´l Barcu y Castrillón.



Una larga sucesión de olar llegan a sus arenas continuamente, creando una peculiar neblina marina que parece dar un toque exótico al lugar, quizás solo roto por el sonido de los aviones que aterrizan y despegan del ya menguado, desgraciadamene, Aeropuerto de Asturias, el cual nos puede llevar a Londres en poco más de una hora y media, y que se asienta a pocos kilómetros de nuestra posición.



Bayas


Desde este punto puede optarse por bajar a El Sablón o regresar al pueblo de Bayas por su entrada oeste.


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La Peña Valdiglesia, titán del Alto Sil

(Actividad realizada en Enero de 2013)

La cordillera cantábrica parece desgajarse en dos en su parte sureña cuando llega a las tierras oocidentales del territorio leonés. Las cuencas fluviales del Sil, el Luna y el Omaña ponen sobre el tablero del ajedrez todo su poderío, siendo el río Sil el aparente ganador pues alrededor de este río convergen la mayor parte de las aguas y las nieves que caen sobre las sierras de Coto, Vizbueno y Gistreo, es decir sobre los Montes de León en su parte norte, cadena de montañas que recorre de norte a sur la provincia leonesa desde L.laciana hasta La Cabreira, teniendo en su recorrido varios hitos de montaña imprescindibles para el buen montañero: Nevadín, Catoute, Peña Cefera, Valdiglesia, Teleno, Pico Tuerto…

A uno de estos hitos nos encomendamos hoy para intentar poner una significante “crucecita” en los picos más altos de León, y más concretamente de la región del Alto Sil, que engloba comarcas tan emblemáticas como L.laciana, Omaña y El Bierzo.

La Peña Valdiglesia es el techo de este barullo de montes con 2.134 metros, 22 metros más alto que el vecino Catoute, el cual siempre se creyó el más alto de esta comarca de arándanos, osos y brañas.


Valdiglesia y Braña la Pena visto desde el Puerto de Vivero


Valdiglesia, también llamado Valdeiglesias erróneamente (en la exhaustiva labor de identificación de topónimos para la realización del mapa Alto Sil de la editorial Calecha parece ser que quedó confirmado que su nombre tradicional es “La Peña de Valdiglesia”), es un pico perteneciente a un largo cordal que comienza en las proximidades de la presa de la Matalavilla y finaliza en la Peña Carnicera, ya en los límites con el concejo de Murias deParedes.


Valdiglesia desde Catoute


Ella es su máxima altura, pero se ve acompañada de de otras dos cumbres muy atractivas que complementarán nuestra ascensión: Pico Chao y Pico de Braña la Pena.

Para comenzar nuestra actividad nos hemos dirigido al pueblo de Salentinos (Páramo del Sil), el cual conocemos ya de anteriores expediciones, por ejemplo, al CATOUTE, uno de los picos más frecuentados de la zona y por supuesto de los más hermosos. Pinchando en este ENLACE podemos conocer más sobre él y Salentinos.


La Cabana del Trasgu (Salentinos)


Tras un fuerte desayuno al lado de la lumbre del albergue rural “La Cabana del Trasgu”, regentada por Senén, nos ponemos en marcha por el mismo camino que lleva a la transitada ruta del Catoute, a través del fuertemente encajonado valle en V de Salentinos, con empinadas laderas de monte bajo pero también de importantes manchas de abedul, roble, teixu y xardón, donde se cobijan especies cantábricas como el oso, el llobu y el urogallo.


La Reguera de las L.lávanas


El invierno está en su máximo apogeo y la helada es considerable cuando atravesamos el paraje de la reguera de las L.lávanas, un hermoso salto de agua que golpea incesamente esos bloques cuarcíticos que aquí y en toda la cordillera reciben en nombre de llávanas. Es un lugar especial, nos acompaña una amplia gama de vegetación atlántica como el capudre, el acebo y el abedul, y el río que nace en las cumbres del Alto Sil resuena en el fondo del valle, oculto entre un mar de árboles.


Atravesando una original l.leira

En breve, y tras pasar la fuente de las l.lávanas, el valle va abriéndose para que veamos al fondo toda su longitud y parte de las cumbres que lo rodean.

Llegamos pues a la guapa braña de Salentinos, ya con abundante pradería para el ganado y donde existe un refugio de montaña muy buen cuidado que esperamos siga así.


La Braña de Salentinos


Este punto es clave en nuestra ruta, pues desde aquí hemos de abandonar el valle y el camino principal que se dirigen al Campu la Veiga y al Catoute, para torcer hacia el norte (izquierda) por un camino que sube algo pindio al principio pero que luego relaja y que nos deposita en el valle de Las Murias.

A nuestra izquierda, por otro lado, estamos dejando el bosque del Teixidal, uno de los más significativos de Salentinos. En esta subida podremos contemplar las cumbre que se elevan sobre el otro lado del valle, límitrofes con el valle del Primout: Peña Roguera, La Bobia, Sunida… Una sierra superinteresante para crestear otro día.


Ascendiendo por el valle de Las Murias


El valle de Las Murias es un antiguo lugar donde existió una brañina, de hecho, la palabra “murias” proviene o significa “paredes” o “viejas construcciones”. Hoy en día es mayormente pasto del monte bajo y de los jabalíes. Poca pradería se intercala entre las escobas y es este el tramo donde más especial atención hay que prestar para no perder el sendero que asciende hasta un segundo nivel del valle.

Este segundo nivel, ya muy cerca de la cresta que separa Salentinos de Valseco, se caracteriza por la abundancia de zonas húmedas de gran altura, buenas para la fauna local (varias rastros de oso y lobo son apreciables en este paraje).


Las Murias. Se ve parte de una laguna congelada y el camino que parte de la braña


La cresta está ya muy cerca de nuestro alcance por lo que quiere decir que el peor o más duro tramo de la ruta está ya pasado. Una vez arriba, las grandes vistas hacia todos los puntos cordinales van a compensar este esfuerzo.

La ladera sur del Pico Chao (2.046 metros) nos regala ya una espléndida panorámica sobre el valle de Matalavilla, inundado en parte por el destructivo embalse. Sobre este y sobre el pueblo de Valseco, el cual es visible también, se levanta la cordillera cantábrica que limita el Sil y el Cúa del Ibias asturiano.

Alcanzamos el primer pico del día desde el cual dibujamos ya la ruta a seguir hasta alcanzar Valdiglesia, que emerge al final de la cresta.


Adrián “peleando” con la nieve helada del Pico Chao dejando Valseco a sus espaldas


Pico Chao o L.lao


Este tramo, del Pico Chao al Valdiglesia, es el más entretenido y el que mejores vistas depara, pero también requiere atención, en especial por la nieve y por el hielo que se acumula en la ladera norte que caer vertiginosa hacia Valseco y Salientes, formando bellos circos glaciares.


Un paseo de altura con vistas increibles hacia gran parte de los Montes de León


El pico de Braña la Pena es el siguiente hito en nuestro recorrido. Una cumbre muy semejante al Valdiglesia en muchos aspectos (esas afiladas y largas sierras de peñas que caen hacia Salientes son muy características de este macizo, así como los pequeños circos que se forman debajo de ellas). Con 2.100 metros de altura, el paisaje ya se abre viendo otras montañas como el Cornón de Laciana, la Ubiña babiana, Los Ancares o los Montes Aquilianos. El viento, por otra parte, aumenta su fuerza en cada paso, y es que estamos en la alta montaña leonesa, una de las mejores reservas de agua del país, pues de aquí bebe el río Sil, uno de los ríos más caudalosos de España (actualmente ciertamente esquilmado por una empresa eléctrica).




Diferentes estampas del recorrido Pico Chao – Valdiglesia


Las huellas de lobo son constantes en nuestro recorrido y adivinamos un paso fluido entre Salientes y Salentinos de este cánido cada vez más abundante, al igual que el Oso Pardo, que en Salientes alcanza una gran densidad durante la primavera.

La Peña Valdiglesia, 2.134 metros, está ya a tiro piedra. Su fina cresta nevada (y con algún que otro punto helado) pone la puntilla alpina a nuestra excursión. Con cuidado la cresteamos disfrutando al mismo tiempo de toda su grandeza.


Cima de Vadiglesia


Valdiglesia es una señora montaña y una de sus virtudes es su aislada posición en el mapa, rodeada de pueblos que lamentablemente o afortunadamente quedan lejos del turismo masivo de otras zonas como Somiedo o Picos de Europas. El Alto Sil es un mundo muy salvaje en pleno siglo XXI.


Pico Braña la Pena desde el cordalín de Valdiglesia



Cortados norteños de Valdiglesia y vistas hacia el puerto de Vivero y Babia con Peña Ubiña destacando al fondo


Descendemos de Valdiglesia tras contemplar unas buenas vistas hacia el Nevadín y todo el valle de Salientes, desde el cual también puede acometerse esta ascensión. Peña Ubiña y la sierra de la Filera que separa Babia de Omaña es también perfectamente visible desde aquí, así como las montañas que separan Laciana de Somiedo y Cangas del Narcea. El occidente de la cordillera desde un balcón envidiable.


Más pindias canales de Valdiglesia esta vez en su cara Este


Llegamos al collado de Tierrafracio, secular paso entre Salentinos y Salientes (y también en buena medida hacia el valle del Boeza y del Omaña). A nuestra dejamos la Peña Carnicera y el Tambarón, dos peñas que también son llamativas para el montañero y que siempre hay que llevar en la agenda.


Peña Carnicera desde el collado Tierrafracio


Desde el collado, siguiendo una no muy ancha vereda, vamos buscando salida al Campu la Veiga, el mismo que se acuesta en frente de las laderas empinadas del Catoute y Peña Cerneya, uno de los lugares más hermosos de este valle de Salentinos y puede que del Alto Sil. Abundante agua, bosque, lagunas, arándaneras por doquier, verticales peñas… es, como digo, un lugar digno de conocer.


Pico Catoute, todo un símbolo del montañismo leonés

Con algo de atención de no perder el sendero se llega por fin al fondo del valle (este sendero se encuentra cada año más deteriorado desafortunadamente). Desde este punto ya cogemos la pista principal que habíamos abandonado unos metros más abajo en el paraje de La Braña.

Un recorrido de altura por el macizo de Valdiglesia cierra el día invernal que esperemos podamos repetir otro día, esta vez ya más veraniego y sin ese cruel viento y frío leonés que ha hecho de estas montañas un reducto de la Iberia más nórdica.




Tiempo aproximado: 6 horas (ida y vuelta).

Alojamiento y buen comer: En Salentinos (Bar La Obra, Albergue La Cabana del Trasgu), en Salientes (Mil Madreñas Rojas).

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Ruta de la Costa Naviega (Asturias)

El entorno

Blancos y negros acantilados, verdes praderas, largas playas, diminutas calas, desafiantes puntales, limpios ríos, castros celtas y pueblos marineros de herencia ballenera son algunas de las cosas que podemos toparnos y a la vez disfrutar si realizamos una de las rutas con más “tirón” y belleza de la costa occidental asturiana, la denominada ruta Naviega.

Con casi 20 kilómetros de recorrido entre el litoral cantábrico y las estribaciones de las montañas occidentales de Asturias (espacio que ha creado la llamada “rasa cantábrica”), la Naviega lleva ya casi 30 años siendo uno de los reclamos turísticos del conceyu de Navia, desde que en 1988 el grupo de montaña Peña Furada de Navia diera a conocer este itinerario natural.


La ruta es en sí una de las mejores maneras de conocer esta costa muchas veces olvidada y relegada a segundos platos entre la gran variedad de paisajes costeros de Asturias. Una ruta totalmente completa, donde conoceremos el entorno natural, cultural y urbano de dos de los pueblos más emblemáticos de esta costa: el pintoresco y marinero Puerto de Vega (Veiga) y el industrial y comerciante Navia, final del río que lleva el mismo nombre y que proviene ni más ni menosdel lejano Puerto de Pedrafita do Cebreiro, en Lugo, siendo uno de los ríos más importantes del noroeste de España, tanto por su longitud, caudal y como eje de comunicaciones del occidente asturiano y parte del oriente gallego (sus aguas, incluso, han servido de medio de transporte durante décadas).


La ruta

Alrededor de cinco horas (ida) nos llevará recorrer los cercanos 20 kilómetros que separan la playa de Navia de la reserva natural de la playa de Barayo, entre los conceyos de Navia y Valdés, la cual suele servir de comienzo de andadura.

Cercana al pueblo de Vigo, pero compartida como hemos apuntado con el bonito concejo de Valdés (L.luarca), el estuario del río Barayo en el mar cantábrico es uno de los puntos más interesantes biológicamente hablando de toda la ruta, aparte del paisajístico.

Río Barayo

Sus marismas, su vegetación de ribera, sus dunas y los cortados que se internan en el mar dan cobijo a un ecosistema de notable valor en esta costa cantábrica.


Dos estampas de la playa y el estuario de Barayo

Tras abandonar la espesura del río Barayo ascendemos hacia las praderas cultivadas de maíz que nos acompañarán en buena parte de la ruta. Desde este punto se contempla perfectamente la playa de Barayo, sus cuevas y sus puntales como El Cuorno de Barayo, que desafía el oleaje cantábrico.

Cada saliente, entrante, cala, roca… tiene su nombre, y como es lógico la lengua que los bautiza es el asturleonés, una lengua que por estas latitudes va a ir perdiendo fuerza paulatinamente hasta que lleguemos a la ría del Navia, donde el gallego parece imponerse sobre la vieja lengua astur, y es que el río Navia es un separador natural e histórico de los pueblos prerromanos de astures y galaicos.

Es por ello por lo que toda esta pequeña franja supone una delicia para el aficionado a la lingüística y a la toponimia, pues las dos lenguas, lejos de competir, se combinan y se mezclan. Incluso, en las pequeñas aldeas de Vigo y Santa Marina, se recogen palabras vaqueiras caracterizadas por el uso de la “ch” vaqueira, al igual que en Luarca, Somiedo o Palacios del Sil. Aunque muchas de ellas ya están de desuso o integradas en la fala eo-naviega.

Asteiro

La ruta sigue pasando muy cerca de la Punta El Oligo, desde la cual se obtienen buenas imágenes la costa que vamos dejando atrás, y del castro de Vigo (Punta El Castro), donde se tiene constancia de un asentamiento prerromano, alzado sobre el mar y también sobre un vasto terreno de labor (Las Chanadas).

En breves metros veremos ya otra de las calas o ensenadas más guapas de la ruta, esta es la de Asteiro, rodeada de profundos felechales y donde desemboca el pequeño reguero de Vigo.

Estamos ante un mar salvaje, duro, agresivo, pero a su vez bondadoso, rico y fértil para aquel que lo trabaja y lo respeta. En toda la costa naviega se dan buenas poblaciones de percebe y marisco en general, siendo Puerto de Vega uno de los puntos más importantes del norte de España en su comercialización. Y son en estas escarpas peñas, islas y rompeolas donde el percebeiro prueba su pericia para conseguir el preciado producto marino. Las islas de Romanelas, las cuales son visibles constantemente desde esta primera parte de la ruta, suelen ser uno de los mejores puntos para encontrar este marisco.

Llegamos a Puerto de Vega o Veiga, que es como se suele llamar entre los paisanos de esta villa marinera de historia y cultura digna de conocer.

Entramos al centro del pueblo a través del Baluarte, un mirador-paseo que nos permite contemplar el famoso puerto de pescadores de Veiga, con su almena defensiva para contrarrestar los viejos ataques, según cuenta la historia, de los piratas ingleses.


En Puerto de Vega se respira mar en todos sus rincones. En el almacén de pescadores llegan cada día las gentes del mar donde reparan sus utensilios, sus embarcaciones en el inmediato astillero de “La Venecia” y se planifican las próximas salidas en busca de la gran variedad de productos que el cantábrico ofrece: caballas, besugos, merluzas, bonitos y todo tipo de marisco que será vendido en la cercana lonja, “la rula”, que está en medio del puerto, pero que también será enviado a otras tan importantes como la gallega de Burela.

Salimos del puerto ascendiendo hacia poniente, a través de las empinadas calles por donde un día el asturiano quizás más ilustre de todos los tiempos, Jovellanos, fue conducido a lo que sería su lecho de muerte en 1811 tras una enfermedad de pulmonía.

Y es que antes de abandonar Puerto de Vega es aconsejable visitar el Museo de las Historias del Mar, donde se enseña y se relata todo lo acontecido en este pueblo desde su nacimiento haciendo hincapié en la interesante tradición ballenera que esta localidad tuvo, pues fue en este puerto donde se firmó un histórico documento fechado en 1608 sobre la caza de este cetáceo que antaño se dejó ver más frecuentemente por toda la costa cantábrica.


Dos paisajes de Veiga: su nuevo puerto marinero construido a principios de los 90 tras una devastadora galerna, y los amplios pastizales que lo rodean.

Cruzamos la ermita de La Atalaya, altiva sobre el pueblo, y nos encaminamos poco a poco a la segunda parte de la ruta, donde el paisaje cambia y los accidentes geográficos influyen notablemente el sendero.

Antes de llegar a la playa de la Llosera, hacemos parada en la antigua cetárea de Veiga, cerrada ya en 1968 pero que aún conserva su muro que permitía la entrada de agua marina para la conservación de marisco (bogavante, centollu, ñocla…) en su interior en condiciones ideales para su posterior comercialización.

La Llosera, como su nombre indica, fue lugar elegido para extraer ese material propicio para la construcción de tejados. Grandes losas se expanden en esta pequeña cala donde desemboca un arroyo. Muy cerca se encuentra la isla de Veiga, la más grande de este recorrido.

La Cetárea

Estamos muy cerca de llegar a uno los puntos más interesantes, bonitos y atrayentes del recorrido. La gran playa de Frexulfe, semejante a la de Barayo por otra parte.




Frexulfe: playa, río y bosque

Frexulfe es un monumento natural de Navia. A esta larga playa llegan las aguas del río Frexulfe a través de una verde vega rodeada de pinos y eucaliptos. El mar suele ser bravo en este punto, siendo un lugar frecuentemente visitado por surfistas, incluso en verano se suelen realizar fiestas y jiras, siendo Frexulfe un lugar predilecto para toda la gente de estos pueblos naviegos.

Desde esta playa comienza uno de los tramos con más pendiente de la ruta. A través de un pinar ganamos altura para sobrepasar los afilados puntales que separan Frexulfe de una minúscula pero pintoresca cala, Fabal.

Otro tramo de bosque nos aguarda cuando arribamos cerca del pueblo de Las Cortías. Descendemos por la foresta para alcanzar la pequeña playa de Coedo. A partir de este tramos podemos sentir poco a poco la cercanía de la desembocadura del río Navia y avistar ya no tan lejanamente el faro del cabo de San Agustín.

En otra de las continuas revueltas del camino encontramos la fuente de Ríobreves, una de las pocas del recorrido.

Desembocadura del Navia

Subimos una pequeña cuesta para dar salida a la hermosa playa del Moro, donde se encuentra la peña Furada, una característica roca agujereada.

El Navia se entrega al cantábrico tras 150 kilómetros de recorrido. El nombre Navia se cree de origen prerromano, céltico, quizás una divinidad de las aguas como lo son las xanas, las mouras y cómo lo es también el nombre “Deva”.

Playa El Moro

La playa de Navia, cercana a un pinar y a una pequeña marisma, nos da la bienvenida a nuestro punto final de ruta. La población de Navia es industrial, el astillero ha sido parte fundamental de su vida, pero también el turismo está siéndolo ahora, pues es cada vez más atrayente la feria de la Sidra que aquí todos los veranos se realiza, así como toda la rica gastronomía que esta villa ofrece, siendo el tradicional postre de “la venera” de cate obligado. Las patatas de Navia gozan de amplio reconocimiento en todo el principado. Y las fabas, como en toda esta tierra, son de obligado consumo. ¡Qué aproveche!.


¿Cómo llegar?

Distancia desde León ciudad: 220 kms aprox.

Duración del trayecto: 2 horas y 15 minutos aprox.

Tipo de carretera: Autovía sin peaje desde Campomanes hasta Puerto de Vega (A-66 y A-8)

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