Valporquero, un viaje al centro de la tierra

Desconozco si Jules Gabriel Verne (Julio Verne para los amigos) se dejó caer alguna vez por estos humildes valles y puerto ganaderos de la noble montaña del Torío leonés… no tiene mucha pinta… ¿verdad?.  Si me atrevo a asegurar, por el contrario, que en la genial mente del novelista francés un esbozo semejante a la imagen que presenta al mundo la cueva de Valporquero, le debió servir para orientar su ya inmortal novela “Viaje al centro de la tierra”.

Solo quien conozca este rincón subterráneo de la cordillera cantábrica sabe de lo que estoy hablando. Pero para quienes no lo conozcan todavía, allá vamos.

Valporquero, un nido de águilas.

El municipio leonés de Vegacervera, antiguo concejo de Cervera, es el primer ayuntamiento montañés del curso del río Torío, el cual hemos remontado muchas veces y que, a través de este ENLACE, podéis conocer. A él pertenece esta aldea de altura la cual hace de frontera y de nexo de unión con las tierras argollanas de Villamanín y Cármenes, el núcleo central de la cantábrica leonesa.

A la salida de las hoces, donde el río se encajona formando uno de los más bellos espacios naturales de la provincia, aparece un pintoresco pueblo llamando Felmín. Felmín lleva siglos mirando hacia lo alto con curiosidad, pues en apenas 3 kilómetros, 400 metros de desnivel ascienden desde esta localidad a través de una sinuosa carretera hacia lo que parece ser lo más alto de la montaña, el nido del águila.

Valporquero es un mundo aparte, su paisaje contrasta con el la garganta del Torío entre Felmín y Vegacervera. Aquí la visión se alarga hacia las montañas y valles vecinos, y la cercanía de las peñas calizas tapizadas de frescos hayedos es palpable junto con esa brisa cantábrica de alta montaña tan característica que suele “pintar” de rojo los rostros de los incansables montañeses que por estos terrenos llevan subiendo y bajando el ganado de los amplios puertos y altivas majadas durante siglos.

El valle y el entorno de Valporquero

Y es que Valporquero no solo es una cueva, es un entorno realmente vasto que merece la pena ser recorrido sin prisa.

Ya en la subida de Felmín a Valporquero se aprecia una buena mancha de haya que tiene continuación en el colindante valle de la Abadía compuesto por Tabanedo y Rodillazo. Este bosque da color a estas montañas blancas y pindias por las que, alguna vez que otra, se deja caer el Oso, que encuentra en este hayedo y en el de más arriba, justo al lado de la cueva, un poco de sombra en sus largas travesías por la cordillera.

El pueblo se asienta sobre una pequeña llomba. De ella destaca el lugar denominado “La Atalaya”, desde el cual se obtiene una gran vista del paisaje montañés de Vegacervera y Cármenes.

Hay que abandonar el pueblo por su parte más alta, que ya supera con creces los 1.400 metros de altura, para ir entrando poco a poco en el largo y ancho valle ganadero por el que discurren varios caminos que unen esta población con Villamanín, Gete, Villar del Puerto o Coladilla. Es tierra de merinas y mastines, de pastores transhumantes y transterminantes, tierra alta, de nieve y frío, de embutido y lumbre, pero también de sol y hierba.

Paseando hacia el alto del collado de Formigoso, de 1.657 metros, que no es poco, se aprecia el tradicional uso de estos puerto denominados “pirenaicos” que el pueblo ha usado durante generaciones. Hoy el avance lento pero constante de un ejército de escobas está borrando estas largas praderas. Ya no hay tanta pezuña como antaño y si más colmillo y hocico de omnipresente jabalí, el mismo animal que pudiera dar nombre a todo este entorno, pues Valporquero parece hacer alusión a “puerco”.

Desde los altos del Salguerón, los terrenos de Valporquero se mezclan con los del vecino Gete, el cual posee uno de los mejores valles de esta montaña, al pie del mítico pico Fontún (Pico de la collada o Machacao).

Volviendo hacia el otro lado del valle, un desapercibido sendero lleva hacia una verde collada rodeada de piornal y salpicada de dolinas y depresiones del terreno que dan lugar bajo nuestros pies a formaciones kársticas como la cueva que en breve visitaremos. Este sendero une Valporquero con Valle de Vegacervera, Coladilla y Vegacervera. Es una ruta aconsejable si se tiene tiempo y ganas de andar. Pinchando AQUÍ podéis ver mi caminata por estos terrenos hace un tiempo.

La cueva:  en el corazón de la montaña cantábrica

¿Preparados? ¿Cuerdas? ¿Cascos? ¿Linternas?

Tranquilos, estoy bromeando…

Desde 1966 esta cueva natural lleva siendo explotada para uso turístico y científico por la Diputación de León. Por un módico (bueno, semi-módico) precio de seis euros podemos recorrer gran parte del laberinto de salas y galerías de la cueva de Valporquero, habitualmente en periodo estival, aunque también en parte de la primavera y el otoño.

La montaña cantábrica leonesa guarda en su interior paisajes kársticos producidos normalmente por la lenta erosión de la roca caliza debido a los efectos del agua. Estos procesos geológicos han dado lugar en algunos sitios de nuestra montaña a cavidades de variado tamaño. A Valporquero hay que sumar por lo tanto las cercanas cuevas de Llamazares, en Valdelugueros, también abiertas al público.

La entrada directa de agua y la filtración de nieve y lluvia hacia esta gigantesca bóveda de Valporquero ha esculpido uno de los entornos más espectaculares del norte de España. Ha esculpido y sigueesculpiendo, pues Valporquero es una cueva en formación, es decir, que las estalacticas y estalagmitas que nacen en sus paredes crecen a ritmo de 1 centímetro cada cuarenta años aproximadamente. En tiempos geológicos eso no significa ni medio segundo, aunque en los efímeros tiempos humanos, eso ya sea media vida.

De especial interés son las columnas que se forman cuando la estalactita, que surge del techo, se une con la estalagmita, que se eleva desde el suelo. Valporquero es una completa guía geológica para todo aquel que se quiera interesar por este apasionante mundo subterráneo.

Varias salas componen Valporquero. Mientras el curso de agua busca su salida hacia el exterior, hacia el río Torío en el paraje de las hoces, la erosión ha provocado coladas y desprendimiento que han formado grandes salas como “La Rotonda”, de dimensiones gigantescas.

Otros rincones de la cueva son la sala de “Hadas” o “Gran vía”. Sus nombres hacen alusión a la sensación que el hombre experimenta en estos lugares bajo tierra, tan grandes, tan misteriosos, tan eternos.

Valporquero es por tanto lugar de visita imprescindible en la montaña leonesa. El pueblo, lleno de rincones típicos de arquitectura tradicional, la cueva, sacada de libros de ciencia ficción y la naturaleza exterior, salpicada de pastos, puertos y bosques, hace de este rincón una perfecta jornada para disfrutar de la naturaleza leonesa al 100%.

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Un recorrido por Toreno, un pueblo minero del Sil

Tras unas semanas de descanso, os dejo los enlaces y algunas fotografías del último reportaje que he realizado sobre la villa de Toreno, en el valle del Sil. Un lugar recomendable para pasarse esta primavera.

Primera parte:

1. Vista Satélite
2. Patrimonio Natural
3. Patrimonio Minero

Segunda parte:

4. Patrimonio Cultural e Histórico del Condado de Toreno
5. No todo tiene porque seguir pintando de negro aunque ya no haya minas…

(Pinchando en los enlaces de primera y segunda parte accederéis al reportaje completo en el blog)

1. Toreno, vista general

2. Ferrocarril Ponferrada-Villablino a la altura de Santa Marina del Sil

3. Iglesia de Pardamaza

4. Magosto tradicional

5. Entrada a Pardamza

5. Villar de las Traviesas y el monte Xistréu

6. Desfiladero del Bustillo en Librán

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La braña de Buenverde… ¡y un poco más!

Dos veces he tenido la oportunidad de conocer y respirar el l.l.acianiegu aire que se respira en la braña de Buenverde, en el minero pueblo de Villager de Laciana (León).

Descrita en infinidad de blogs, incluida en decenas de publicaciones sobre este pequeño mundo del Alto Sil y siempre renombrada en la boca de los habitantes del denominado “Valle de la Libertad”, no voy en absoluto a dar a conocer ningún secreto sino más bien a recordar mis vivencias por este paraje de sublime belleza y, de paso, mostrar, si incluso hubiera alguien que aún no se hubiera percatado, el importante potencial cultural y ecológico que tenemos en montañas occidentales de León, toda enciclopedia de cultura tradicional y de convivencia armoniosa con la naturaleza (lo que hoy conocemos como desarrollo sostenible), hecho este que ha facilitado que todo este valle de Laciana haya sido declarado por la UNESCO como Reserva Mundial de la Biosfera, título que aún no se ha sabido explotar de manera rentable en el Alto Sil de Villablino, cosa que, por el contrario, se se lleva realizando desde hace años en el vecino concejo asturiano de Somiedo, declarado Parque Natural y destino líder en turismo rural.

Las brañas de los municipios de VillablinoPalacios del Sil constituyen uno de los símbolos turísticos y de identidad más genuinos de esta parte de la cordillera cantábrica. Zaraméo, en Matalavilla. Funtel.l.ada, en Palacios. Buenverde, en Villager… Todas ellas son de imprescindible visita.

Varias sendas nos elevan hacia estas construcciones ganaderas edificadas normalmente en praderas superiores al manto forestal y que, por lo tanto, suelen tener unas panorámicas realmente fenomenales.

A Buenverde se accede desde Villager de Laciana, cruzando el río Negro o de Caboalles e integrándose de repente en un sobresaliente y pindio monte de abedul, serbal y roble. Desde este punto existen dos sendas para subir a Buenverde. Quizás la más apta sea optar por la que sale a mano derecha (reguera La Osa) la cual nos llevará a conocer también la semi-abandonada braña de la Chiburnial y nos permitirá realizar una ruta circular al enlazar con la otra senda que sube o baja por la reguera Bichera.

El primer comentario acerca de esta ruta de menos de cuatro horas de duración es que el primer tramo que acometemos cuenta con una pendiente realmente considerable. Ascenderemos 300 metros de desnivel en apenas dos kilómetros. Luego, tras pasar la braña de la Chiburnial, la pendiente se suaviza bastante hasta Buenverde.

Por eso lo mejor es no pensar en las temibles cuestas e ir poco a poco quedándonos con el entorno natural que nos rodea. Estamos en mitad de uno de los mejores bosques de Laciana, conocida popularmente como la debesa, la cual tapiza todo el cordal que va desde la presa de Las Rozas hasta la La Cul.l.ada de Zarréu, punto donde el hayedo va paulatinamente ganando la partida al hermoso bosque mixto cantábrico que Villager y los Caboalles tienen la suerte de poseer en sus linderos vecinales.

La braña de la Chiburnial, que aparece poco despúes de pasar una semi-oculto salto de agua conocido como “el molín de la navicha”, se encuentra actualmente en estado de abandono o por lo menos en trámites de ser engullida por el monte. Tan solo dos o tres cabanas resisten al paso del tiempo y apenas queda pastizal para el ganado, viéndose en la parte cimera de esta como el escobal poco a poco se ha adueñado del paisaje. Aún así, el paisaje de la Chiburnial podría ser el escenario de cualquier película tipo “Braveheart”. Un aire místico y legendario, donde trasgus y mouras se esconden tras los abundantes teixos y acebos, impregna el lugar.

Me llamó la atención una enorme cabana situada a la salida de la braña hacia Buenverde. Me gustaría saber a quién perteneció y que uso tuvo, porque me pareció ver hasta restos de un antiguo corredor en ella, y por su tamaño (el doble de las otras cabanas de esta braña) no parece una vivienda solamente destinada a los meses de verano. ¡Espero que algún lacianiego me deje alguna respuesta!.

La distancia que nos separa ahora hacia Buenverde es muy llevadera y poco a poco encontraremos ventanas hacia el valle, que desde este punto se ve majestuoso.

Pero lo importante de este tramo es el gigante bosque de abedules que se adueña de la vegetación a partir de los 1.500 metros de altura. Si los abedulares de Fasgar y Montrondo tienen fama, este de Buenverde debería estar por lo menos en esa lista de abedulares singulares de España.. No es fácil encontrar estas formaciones forestales homogéneas de abedul. La blancura de sus troncos y la limpieza del suelo crean una estampa muy guapa que nos acompaña hasta las praderas que dan la bienvenida a la braña de Buenverde.

Alrededor de nueve cabanas, un refugio público y una laguna configuran una de las brañas más visitadas de Laciana.

El por qué de su éxito se debe, desde mi punto de vista, a su estratégica situación. Desde ella se divisa toda Laciana, todo el cordal cantábrico desde el Cueto d´Arbás hasta Peña Ubiña. Orallo, Villablino o Piedrafita de Babia son contemplados muy bien desde este punto. Destaca el largo valle de Orallo que, aunque flanqueado por dos cielos abiertos no muy hermosos, es uno de los valles más largos e importantes de la comarca. Junto con la panorámica, el color verde de esta campa de altura es otro elemento llamativo. La abundancia de agua que baja de las cumbres del pico de El Miro hacen de este lugar un buen l.l.amargo o sitio abundante en agua durante gran parte del año. El bosque de abedules lo rodea por todas sus vertientes, un bosque que por otro lado cobija especies tan entrañables como el Urogallofaisán, como aquí se denomina.

En su plano arquitectónico decir que es una braña que cuenta con cabanas, que, si bien no son tan bellas e interesantes como las de Zarameo (la mayor braña de todo el Alto Sil y una de las mejor restauradas), dotan al paisaje de una calidad y pureza única.

Es aconsejable, si el tiempo lo permite, avanzar hacia la Braña de Arriba perteneciente al palaciego pueblo de Villarino del Sil y que en apenas 20 minutos puede alcanzarse desde Buenverde.

De esta prolongación de la ruta pueden sacarse dos puntos muy interesantes:

El primero es la mejorada vista (aún más si cabe) que se adquiere desde la falda del Pico Matalachana, desde la cual se ven lugares tan guapos como los Rabanales (de arriba y abajo), Cueto Nidio, la braña de Cubachu, el Nevadín y por supuesto todo la franja boscosa que va desde Las Rozas hasta la braña de la Degul.l.ada en Palacios.

El segundo es la propia visita a la braña de Villarino, que cuenta con aproximadamene ocho cabanas, todas ellas en buen estado de conservación, con fuente y con un potro de ferrar. El año pasado una gran cantidad de terreno próximo a esta braña fue devastado por el fuego. Esperemos que la primavera vuelva a teñir de verde este paraje.

Volvemos de nuevo a Buenverde para acometer el vertiginoso descenso a través del bosque de la regueira Bichera, la cual cuenta con una bonita cascada también en su tramo medio.

El camino aquí es más delicado. Debido a la abundancia de piedras hay que tener cuidado con los resbalones. Por otro lado, nos adentramos en un tramo forestal bastante notable y lleno de rincones más que interesantes.

Viendo el desnivel de esta senda se puede entender porque es más recomendable realizar esta ruta en este sentido. Subir por aquí ha de ser una tarea cuanto menos de mucha paciencia.

Pero en poco tiempo se llega de nuevo al cruce de caminos donde el bosque ya recula para dejar paso a los terrenos ribereños, donde sebes y praderas recorren el espacio que existe entre Villager y Caboalles de Abajo, siempre con la emblemático y, por desgracia, ya histórico castillete del Pozo Calderón.

Para acabar la ruta como se debe acabar una ruta, recomiendo el restaurante La Campanona, en la carretera de Villager a Orallo, desde la cual además se obtiene una vista curiosa de los montes caminados durante la jornada.

RECOMENDACIÓN: Mapa y libro de rutas ALTO SIL, de editorial Calecha.

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Un buen lugar para pasear en Riaño…

Los bosques de Riaño y de la montaña oriental leonesa en general son de medalla de oro. Ya lo hemos comentado varias veces en algún reportaje de este blog y no podemos sino volver a incidir sobre ellos una vez al año por lo menos.

Hoy me gustaría hablar concretamente de las colladas y bosques que se extienden por los pies del macizo calizo del Pico Gilbo (o Giblo, en jerga Horcadiella). Para mí constituyen uno de los lugares más placenteros para pasear, ver fauna y disfrutar del paisaje riañés. Un lugar sobresaliente en calidad y cantidad ambiental que se puede recorrer en un tiempo relativamente corto.

A caballo entre HorcadasCarande Riaño, el Gilbo y sus dominios han creado un bonito escenario donde se compaginan bosques de robles, hayas, avellanos, brezales y praderas naturales. En estas últimas crece una planta denominada Gamón (Asphodelus albus) que guarda una estrecha relación con este paraje y las gentes que lo han frecuentado desde tiempos remotos.

El verde valle de Risosa

El Collao del Baile es el nombre que recibe el collado que hace de intersección de caminos entre Horcadas, Carande y Riaño. El curioso nombre se explica y se relaciona con la planta antes comentada. Hasta no hace muchas décadas era costumbre entre los vecinos de Carande y Horcadas subir a estos pequeños puertos para recoger gamones. El valor de esta planta radica en que sirve de alimento para los gochos en tiempos de invierno, cuando la nieve cubre el paisaje. En tan solo un mes, Junio principalmente, el gamón crece y llega a su punto máximo con un color blanco que pinta el fantástico paisaje primaveral. Es una planta que puede alcanzar el metro de altura y es necesario “apañarla” en este estado puesto que apenas entrada Julio el gamón se seca quedando casi “combustionado”.

Tras la recogida se estableció la costumbre de celebrar una pequeña romería, un baile de bienvenida al verano como se celebra en otros puntos del mapa geográfico y que suele tener su máxima expresión en la fiesta de San Juán.

Así quedó para la eternidad el nombre de “El collao del Baile”.

Para acceder a estos parajes puede seguirse la ruta de pequeño recorrido establecida por el parque regional de Picos de Europa y que aprovecha varias pistas y senderos que parten de Carande y Horcadas.

Hórreo de Carande

Tramo anterior a la llegada a Las Biescas

Desde Horcadas parten dos caminos desde su altiva y elegante iglesia. Ambos ascienden por el valle de Risosa que cuenta con buenos robledales y praderas, además de una buena fuente cercana a un antiguo chozo de pastores que ha sido sabiamente rehabilitado por la junta vecinal de este pueblo.

Rincón de Horcadas

Desde Carande a Collao del Baile se llega a través del majestuoso bosque de la Fuente del Hoyo que inicia su ruta en el cementerio de esta localidad.

Hayas, serbales y robles centenarios crecen en este bosque donde es casi imposible no toparse con algún cérvido si se va en silencio y con el oído en “on”.

Carande a las puertas de la primavera

Desde el Collao y alrededores se adquiere una bonita vista de la comarca: el pico Gilbo y la Sierra de Carande (integrada en la gran sierra del Pando) inundan nuestros ojos. Cualquier época del año es buena para respirar esta gran vista que van “in crescendo” si vamos ganando altura hacia el cercano collado de Vallarqué, separador de los terrenos de Riaño y Horcadas.

El pico Espigüete, omnipresente en casi toda la ruta

1. Tramo boscoso en la Fuente del hoyo    2. La sierra de Carande

En Vallarqué en paisaje ya se asemeja más a la alta montaña de vegetación subalpina y peña caliza, aunque el gran hayedo que cae hacia el viaducto de Riaño sigue estando bajo nuestros pies. Es un lugar desde el cual podemos tomar varias opciones: podemos descender a Riaño a través de los hayedos que llegan casi hasta las orillas del embalse y que se conocen como “Las Biescas”. Podemos ascender hacia la colladas de Bachende desde donde se puede acometer la subida al Gilbo. O podemos volver hacia Horcadas a través de las lleras y “pedrices” de las faldas de la montaña.

Diferentes estampas estacionales de Riaño desde Vallarqué

Si optamos por descender hacia Riaño y Las Biescas es recomendable seguir la senda marcada por el PR, la cual nos lleva a un pequeño colladín entre dos peñas calizas. En una de ellas, llamada la peña de Vallarqué, hay una buena colonia de Buitre Leonado establecida desde hace años. Es de las nidificaciones más importantes de la comarca.

El hayedo aparece de nuevo en nuestro camino pero, aunque su oscuridad y densidad impone respeto, no hay problema de pérdida pues un senderín surca el bosque hasta su final en las campas de las Biescas, lugar donde se asentaba el antiguo “campamento” de Riaño antes de ser inundado. A todo este tramo se le conoce como “la canal moro”.


El Gilbo y Cueto Cabrón en noviembre y en julio de 2012

En el descenso por el hayedo (uno de mis tramos favoritos sin lugar a dudas) veremos algún resto minero como escombreras o construcciones. En todo el macizo del Gilbo y el cercano Yordas crece el mineral de Antimonio, el cual fue explotado a mediados del pasado siglo.

La vistas hacia el Yordas en este lugar son realmente guapas, así como de los altos del Pandián. Si hay que estar atentos en épocas primaverales a la cota del pantano, pues el camino que enlaza este lugar con el viaducto está temporalmente anegado por el agua.

Los pastos de Carande producen una de las mejores leches de León

Como veis, todo estas laderas entre Horcadas y Riaño cuentan con unos paisajes que no dejarán indiferente a nadie. He querido mostrarlos en distintas épocas del año para comparar los colores que estos bosques dan a la hermosa comarca de Riaño.

Para rematar el día aconsejo una buena comida en el bar de Horcadas. Loli prepara como nadie un cocido montañés imprescindible para terminar de integrarnos en esta parte de la cordillera cantábrica.



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Salientes… de obligada visita

No puede este blog permitirse el lujo de no contar con un espacio dedicado a uno de los valles y uno de los pueblos donde el mundo natural y rural cantábrico se muestra en su máximo exponente. Vamos a intentar ponerle remedio a esto…

El culo del mundo es una expresión que se utiliza frecuentemente para dirigirse a aquellos lugares de difícil acceso o cuanto menos, de viaje no ciertamente corto.

León y su provincia está plagado de “culos mundiales”, desde La Cabreira hasta las paredes verticales del Cares, podemos estar orgullosos con contar con los lugares más remotos y aislados de buena parte de la península. Somos campeones en ello. La nieve, las montañas y unas vías de comunicación tercermundistas han cosechado durante siglos a esta tierra de silencio y mucha… mucha… mucha paz.

Me van a tener que perdonar los habitantes de Salientes por meterles en este saco, pero si miramos el mapa geográfico, algo de razón llevo… ¿No?

Enclavado al sur de Laciana, ligeramente desplazado hacia el Este del minero valle del Sil y a muy poca distancia de la villa omañesa de Murias de Paredes, Salientes (Palacios del Sil) surge con mucha nobleza y orgullo en uno de los valles más completos, bellos e impresionantes del cordillera cantábrica.

Nadie compite con Salientes. Tan solo Valseco y Salentinos se atreven quizás a igualarlo, pero Salientes is different.

Sorprende encontrar tras varios kilómetros acompañados de un bravo río lleno de temblorosos puentes y densas selvas atlánticas un pueblón tan bien hecho y tan grande. Salientes, a pesar de ser el último pueblo del largo valle que desemboca (realmente solo desemboca el valle ya que el río Valseco está prisionero en las fauces del pantano de Matalavilla-Endesa) en Páramo del Sil, es una de los conjuntos urbanos más grandes del Alto Sil. Las construcciones y la arquitectura no es ni mucho menos igual a la que podemos encontrar en pueblos como Primout o el cercano Salentinos. Las calles de Salientes desprenden un aroma más noble, más señorial, por así decirlo.

La primera visita a Salientes impresiona, tanto por carretera como por camino.

La pasada primavera llegamos a este pueblo a través de las colladas de Vivero y Montrondo, pueblos omañeses que cuentan con una secular comunicación y relación socioeconómica con Salientes y el Alto Sil en general.

Desde los altos de Brañarreonda o Tierrafracio, el pueblo se ve en el fondo de un valle muy encajonado, rodeado de magníficas cumbres como Valdiglesia (mayor altura de la comarca), Nevadín y Tambarón, todas más de 2.000 metros de altura y que convierten a esta tierra en un fabuloso destino para los deportes de montaña e invierno.

La paz, el sosiego, el estado de armonía natural que transmite Salientes se lo debe en parte a este medio natural donde otros habitantes mundanos también opinan lo mismo ( el Oso Pardo ya se ha convertido en un vecino más en los últimos años y cada primavera decenas de curiosos hacen espera en los parajes cercanos al pueblo para fotografiar al gran plantígrado ).

Pero no todo es culpa del medio natural.

Existe una casa en Salientes donde se fabrican las mejores vacaciones para los amantes del turismo rural y creo sinceramente que de ella emana parte de esta culpa.

Mil Madreñas Rojas es una de las joyas que guardan estas montañas de León. Pocas casas rurales llegan a la altura de este “palacio” regentado por Antonio y Mónica, dos jóvenes que han apostado por el pueblo como forma de vida, creando un lugar especialmente indicado para aquellas personas que desean desconectar del mundo urbano, integrarse en la naturaleza y abrir un nueva dimensión a sus sentidos sin necesidad de vaciar la cartera, que en estos tiempos no se suele llenar fácilmente…

Espacio e intimidad, amplias cristaleras con una maravillosa vista hacia los tejados y las montañas del pueblo, varias habitaciones a medida del número de huéspedes y, sobretodo, una sabrosísima comida la cual solo quien ha comido a la luz de la lumbre mientras los copos de nieve cubren las calles entenderá todo lo que puede llevar a  englobar el adjetivo “sabroso”, hacen de Mil Madreñas Rojas un lugar de obligada visita.

Salientes, aparte de toda la riqueza natural y personal que atesora, cuenta con otros pequeños tesoros culturales como es el patrimonio lingüístico.

La lengua asturleonesa tiene una buena representación en el valle. La variante dialectal conocida como Patsuezu impregna cada palabra, cada acento, cada frase y cada rincón del paisaje. Aquí los puentes son “las puentes”, los castillos “castiechos”, las hogueras “tsumes”… y un sinfín de expresiones típicas de estas montañas del noroeste que ya a principios del siglo XX fueron recogidas en un trabajo que el prestigioso profesor Menendez Pidal realizó sobre el “Dialecto Leonés”.

Ampliando la imagen inferior podemos ver una pequeña muestra de un simpático diccionario Castellano/Asturleonés del mismo pueblo de Salientes editado hace pocos años por la editorial ” El Buho Viajero”.

A Salientes volveré en breve tiempo para seguir descubriendo uno de los entornos más genuinos de la cordillera cantábrica.

Mil Madreñas Rojas… www.milmadreñasrojas.es

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