Paseando por Ablanosa: el reino del bosque cantábrico

Un aconsejable paseo forestal para cualquier época del año en las proximidades del último pueblo del Valle del Nalón,, a muy pocos kilómetros de la frontera de León (límites de Valdeburón y Puebla de Lillo).

Estamos hablando de Tarna (Conceyu de Casu, Asturies), una aldea en conjunción con la naturaleza desbordante del Parque Natural de Redes, siempre verde, siempre fresca y siempre embriagadora para el enamorado de las grandes selvas cantábricas. Porque hablar de Tarna es hablar de bosque, de río, de nieve. Y es que la alta cuenca de este río Nalón esta dominada por tupidos montes de castaño, hayedo y roble en proporciones saludables, verdaderos pulmones del norte.

 

 La cabecera del valle del Nalón, asentamiento del pueblo de Tarna, desde el puerto que lleva el mismo nombre y que separa los concejos de Caso y Valdeburón

 

A Tarna, que se accede desde Oviedo remontado la cuenca minera de Langreo o también desde Riaño (León) subiendo por el verde Valdeburón hasta el puerto homónimo de la población asturiana, se llega siempre con los ojos radiantes de ver tanta belleza en sus montañas, tan solo enfeadas un poquitín por la línea de alta tensión que al final no se construyó completamente y esperemos nunca se construya.

Maciédome, L´Abedular, Cantu l´Osu, Remelende, Cuetu Negru…. peñas todas que sobresalen entre los mantos verdes casinos, enjambres de hayas, en su mayoría, que son hogares de una fauna que aquí, como en la vecina montaña de Riaño, se suele ver casi a todas horas y en cualquier punto (hasta un Urogallo se solía pasear por las calles tarninas hace unos años).

 

 Tarna, una fresca mañana del mes de Julio

 

El paseo veraniego de hoy no encierra mayor dificultad que saber saborear el bosque, la biesca. Un ecosistema que nos acompañará constantemente hasta casi el final de la ruta desde la misma carretera, a dos kilómetros del pueblo dirección Oviedo hasta las altas praderas de Vegapociellu, muy cerca de la divisoria asturleonesa entre Casu y Puebla de Lillo.

 

 El valle de Ablanosa, el cual nos disponemos a recorrer, desde la carretera general

 

Ablanosa es el nombre del valle y también de la mayada que se encuentra en medio de este. Es un valle típico cantábrico, con circo glacial en su final y rodeado de altas cumbres, por un lado calizas y por otro cuarcíticas, estando su interior poblado de un espeso bosque de haya, fresno, castaño, roble, abedul, avellano y arce. Modelado también por la mano del hombre con el establecimiento de sendas y caminos que comunican varias mayadas o brañas que guardan una guapa sintonía arquitectónica con el medio que las rodea y que incluso constituyen ya un elemento importante del paisaje del que se aprovechan otros seres vivos del valle. Como digo, es un típico valle cantábrico, el cual me quiere recordar al valle de Pedroso, en la otra punta de la cordillera.

 

 Comienzo de la pista nada más descender de la carretera

 

Desde la carretera desciende una pista que se dirige al fondo del valle, donde corre el recién nacido Nalón el cual se atraviesa con un puente (Puente del Corral) que nos saca ya al comienzo del valle de Ablanosa, el cual nos da la bienvenida con una de las pendientes más notables del recorrido, pero que pronto disminuirá. Estamos aproximadamente a 900 metros de altura sobre el nivel del mar.

 

El Nalón

 

Y estamos ya metidos en faena en el interior de ese reino forestal que hoy queremos buscar. El nombre de Ablanosa deriva de Ablana o Ablanéu, nombre asturleonés que equivale a avellano o avellana en castellano. Es un topónimo extendido tanto al sur como al norte de la cordillera, de un árbol esencial en la vida de la montaña cantábrica, pues de él se alimentan multitud de especies.

La pista es cómoda y no tiene pérdida. La ventanas del bosque dejan ver el otro lado del valle, donde el Cuetu negru rompe el horizonte emergiendo de un oceáno verde denominado en parte como el monte saperu. Saperu ye el nombre que se le dá al roble albar en algunos lugares, aunque también puede derivar de la abundancia de anfibios.

Robledal en la primera parte del recorrido

 

Nosotros no vamos a meternos hoy en monte saperu, que quedará para otra ocasión, sino que seguimos dirección sur para llegar a las mayadas de L´Ablanosa y meternos de lleno en el monte fabucáu, donde el roble que nos ha acompañado desde el río va a dejar paso al haya.

 

El Cueto Negro, atrayente montaña que divide los valles de Ablanosa y de Mongayu

 

A los bosques de hayas, en estos valles asturianos, se les da el nombre de Fayeru. Es solo uno de los muchos nombres que reciben estos bellos árboles en el ámbito asturleonés, yendo desde el Jedo o Jaido de Riaño o Cabrales hasta el fayéu de Tinéu o Degaña, pasando por las denominaciones muy extendidas de Faeo y Faedo en el centro asturleonés. Todas ellas son hijas de esa f inicial latina que en esta lengua se mantiene a diferencia del castellano.

Llegamos a L´Ablanosa, donde las cabanas de la mayada conservánse en buen estado y los prados consiguen robar un poco de espacio al infinito bosque. 

 

 L´Ablanosa

Es un lugar hermoso. Se oye el río que baja airoso de las montañas de nieve y arándanos que limitan Tarna con Isoba, y trás de él, solamente las nubes que acarician las cumbres del Cantu l´Osu a nuestra derecha y del Cueto Negro en nuestra izquierda.

 

 Amigos del montañero

Bonita estampa de las cabanas que parecen surgir de la misma tierra

Le toca al valle ahora estrecharse mientras vamos abandonado la mayada que deja estampas muy bellas al pie del camino. También toca abandonar el camino para coger un sendero indicado levemente por un letrerín donde se lee “A la Vega”. Allá vamos, a la Vegapociellu, final o principio de este valle.

Es uno de los tramos más agrestes puesto que vamos siguiendo senderos que se unen y se desunen constantemente en mitad de un largo y ancho fayeru de alta belleza y atracción para todos los sentidos del ser humano.

 

 

En este tramo del valle, inmersos ya en el bosque fabucáu, la anchura del mismo es minima y apenas entra la luz solar en este día un tanto nubláu.

Se va presintiendo poco a poco la salida del oscuro pero hermoso tunel del bosque cuando aparece de nuevo un sendero un tanto más marcado y algunos claros que nos dejan ver las montañas de La Bardera, divisoria de aguas entre el Nalón y el Porma.

 

 Escalera natural en el monte Fabucáu

 

Y de repente, saliendo de un tramo de escobas floridas en amarillo, aparece una de las mejores visiones del recorrido: la Vega Pociellu, a 1.277 metros de altura.

 

Dos estampas de la Vega Pociellu

Esta vega, donde aún pasta el ganado bovino y caballar y donde aún queda en pie alguna cabanina que nos relata tiempos en que este valle sería un constante trajineo de pastores y vaqueros, es una auténtica joya natural. Para empezar, su forma en U es clara evidencia de un circo glacial, como glaciar son aún los inviernos en estos lugares rodeados por cumbres de más de 1.800 metros donde el viento y el hielo han modelado un terreno en el que solo el monte bajo y algunas manchas de abedul resisten el invierno. Un claro contraste con los laterales del valle, donde el hayedo, situado a menos altitud, domina con creces cada vallina.

 

 Las cabanas de la Vega Pociellu, muchas de ellas ya son fantasmas de lo que fueron

 

Desde la Vegapociellu sigue un tímido senderín entre la pradería que pronto se internará de nuevo en un corto bosque para ascender hacia la divisoria cantábrica, la cual, como antes hemos dicho, une Tarna con los altos páramos de Isoba y en concreto con el valle de Pinzón, otra joya de la naturaleza cantábrica.

 

Tiatordos, la fabulosa roca caliza del Alto Nalón y Ponga


Mirando hacia nuestro punto de inicio solo se ve inmensidad, y al fondo, la silueta caliza del Tiatordos, la gran montaña del oriente asturiano y emblema de este parque natural de Redes.

Toca zampar en la vega, entre las cabanas y con la mirada clavada en la montaña como canta Victor Manuel, hijo de esta bendita tierra astur. La vuelta, más rápida que la ida, la realizamos por el mismo sendero hasta el Nalón.

 

Duración aproximada: 3 horas y media.

Sentido: Lineal

Desnivel: 350 metros (ascenso) aproximadamente.

 

 

(Pinchar para ampliar)

 

Recomendamos…

Un buen lugar para alojarse en el parque natural de Redes… 

Posada Cantu l´Osu, en Sobrescobio. Pincha AQUÍ para ver su página web.

 

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Ascensión a Las Corcadas – La Panda – desde Casasuertes

Ya hacía tiempo que no pisaba tierras de Casasuertes (Burón, León) y al mismo tiempo que no ascendía un “2.000″. Aunque lo último tiene poca o ninguna importancia, si era importante para mí volver a andar por uno de los valles más chulos e interesantes de la cordillera cantabrica en su vertiente sureña.

Este valle y casi esta misma ruta que hoy os presento en el blog, ya había sido tocada AQUÍ hace unos años cuando descubrimos con Adrián los antojos del Oso con las maderas de los refugios del parque regional.

 

 Casasuertes (Foto: Adrián Fernández)

Ya de aquella hablamos de subir hasta “La Panda”, esa peña caliza con esa cresta de “diplodocus” tan característica que en los mapas aparece normalmente como “Las Corcadas” y que enamora al montañero que la ve por primera vez por sus atractivas vertientes que caen tanto hacia Portilla como a Casasuertes.

 

 Corcadas, solitaria montaña caliza a la sombra del Gildar y el Cebolleda, desde Peña Prieta.

2.050 metros de altura elevan a esta montaña para servir de mirador excepcional de los gigantes de Tierra de la Reina que se agrupan hacia el norte y el este: Peña Prieta, Tres Provincias, Cubil del Can, Vallines, Lurianeta, Murcia, Espigüete… Así como la línea de cumbres de Gabanceda-Cebolleda, que esconde al otro lado el bucólico valle de Valdeón y los Picos de Europa.

Pero no solo altas cumbres destacan desde su cima, sino también una expléndida visión de los espesos montes de Portilla de la Reina, hogar principal del oso pardo en su sector oriental, y que están llenos de fauna que se puede ver facilmente en esta ascensión. Allá vamos.

 

 Saliendo de Casasuertes, al fondo la pirámide de La Panda.

Salimos de Casasuertes, a una altitud de 1.240 metros sobre el nivel del mar.

Desde pequeño, oir hablar de este pueblo o ver su nombre en los mapas, hacíame pensar instantaneamente en lo salvaje, en lo virgen, en lo más profundo de la montaña de Riaño y por extensión, de la cordillera.

Y es que Casasuertes son palabras mayores. Su aislamiento que se aprecia una vez pasado el cruce de Cuénabres al sumergirnos en verdaderas selvas cantábricas no tan frecuentes en su parte sur, hace de este valle un lugar de privilegiada naturaleza y de historias que hablan de grandes nevadas, lobos, osos y quizás, soledad.

 

 

El pueblo es apenas una calle que acompaña al río y que se arrejunta a él bajo las miradas de Peñamayor y el hayedo que se extiende hacia el valle del Misón, ya bajo la cumbre del Pandián.

 

 Entre Prao Mayor y la Cueña

A pesar de la estrechez del valle en este punto, poco a poco, según salimos del pueblo hacia el norte, la vega va ganando terreno y el paisaje se abre en los terrenos de Prao Mayor, uno de los lugares más guapos de este valle y cruce de caminos, por otro lado.

Ya con la sombra de La Panda sobre nuestras cabezas, que desde aquí se muestra piramidal y esconde su larga cresta que tanto la caracteriza, cogemos el camino que se interna en la foz de la Cueña, puerta de acceso al valle de Valcarque.

 

Venada y cría subiendo hacia las Consagras

 

Este es uno de los pasos más prestosos del recorrido, caminando bajo el fresco hayedo, sobre el río, pegados a la caliza y con buenas vistas sobre el monte de las consagras que suele ofrecer buenas visiones de fauna local, avanzamos ya con algo más de pendiente sobre sendero sin demasiadas pérdidas.

Como comentábamos en el anterior reportaje sobre Casasuertes, en este guapo lugar se halla una oquedad sobre la roca donde se suele echar de comer a las cabras montesas en tiempos de invierno y nevadas, y comentaba Adrián la manía que tiene el oso de entrar a esta cueva no a comer la comida a las cabras, sino a desmontar la esctructura de madera que sirve de recipiente de la comida. Parecer ser un animal con ciertas manías y costumbres las cuales incluyen reventar todo lo que sea madera y pueda estar un poco dulce. ¡Qué personaje tenemos en nuestros montes!.

 

 

Salimos de la Cueña a los prados de Valcarque, punto donde aprovechamos para comer y estudiar la ascensión a la divisoria de aguas entre Casasuertes y Portilla (Concejos de Burón y Boca de Huérgano).

 

 Montes de Valcarque

Hay sendero, a veces un poco difuso, para subir por el hayedo que tenemos en hacia el este y que nos ha de llevar a la collada que separa Valcarque de Susiellas, otro de los grandes valles de Riaño, y acceso más rápido para coronar las Corcadas, si se quiere.

Negociando un poco con las urces y las escobas llegamos al collado, a 1.635 metros, desde el cual vemos la línea a seguir para arribar a la base de La Panda.

 

 

 

 Subiendo la ladera de la Panda con Gabanceda al fondo y el macizo del Cornión por detrás de ella.

 

 Ten, Pileñes y Maciédome

La blanca caliza de esta montaña destaca entre las cumbres que la rodean, ya geología más cuarcítica y pizarrosa. Esta veta caliza sigue su recorrido hacia Cuénabres aflorando entre el monte cada poco casi de forma rectilínea.

Tenemos ya una magnífica panorámica de Picos de Europa, con abundantes neveros en pleno mes de Julio, así como del Mampodre, Peña Ten, Pileñes y demás amigos.

 

Vistas hacia Casasuertes, el valle donde venimos y al fondo el Mampodre.

Con muchas ganas de abandonar una vez el no confortable terreno de monte bajo salimos a la cabecera del valle de Montó, bajo la pirámide de La Panda. Vamos a por ella.

Y vamos poco a poco porque los 200 metros de desnivel que nos separan de la cumbre se hacen de rogar, y más aún cuando vamos parando constantemente para deleitarnos con las vistas de esta guapa pero también fria mañana de Julio.

 

Llegamos a la cumbre por fín. Más montañas al otro lado y sobretodo, lo más destacable, es el inmenso monte de Portilla de la Reina que posee en los valles de Vallorza y Salceda.

Comunicados con Casasuertes por sendero, son sitios realmente salvajes. Me imagino a las gentes de estos dos pueblos caminando por estos montes en invierno, sobre la nieve, con la oscuridad de la noche cayendo sobre sus cabezas y con el miedo ancestral al lobo sobre su cuerpo.

 

 

En Salceda, me comenta Adrián, se intentó la suelta en libertad de la osina Jimena, encontrada en el Alto Sil y llevada a Burgos para su conservación y su preparación para la posterior suelta en liberdad. El esbardu murió en el viaje de vuelta a las montañas leonesas. Sin esclarecerse mucho el por qué, fue un buen mazazo para toda la gente que trabaja por la recuperación de la especie en la montaña de Riaño. Hubiera estado bien que el centro de recuperación de especies estuviera aqui, y no a 200 kilómetros. Pero bueno, eso ya es tema político…

Revolución de montañas: Vallines, Lurianeta, Coriscao… entre otras

 El que escribe sobre el valle de Susiellas

 

Nos vamos a por la cumbre “cumbre” de Las Corcadas. Un chulo cresteo que ya echaba de menos, mientras observamos venadas, rebecos y cabras montesas. Toda una lección de fauna.

Es Corcadas y el macizo del Yordas uno de los pocos lugares de la montaña leonesa donde poder observar cabras montesas, reintroducidas aquí hace apenas unas décadas con claros fines cinegéticos, casi como el venado, especie no tan abundante hace un siglo como lo es ahora. Si es verdad, que la cabra montesa paseó por estas montañas hace siglos, siendo extinguida como otras tantas especies (quebratanhuesos, lince, perdiz alpina…).  

 

 

Pasamos por una brecha en la caliza que se cuela hacia el este vertiginosamente y decidimos convertirla en punto de partida hacia el collado la Cruz, el punto que queremos coger para descender de nuevo a Casasuertes.

Foto de cima y vuelta hacia la brecha, no sin antes contemplar pausadamente todas la cumbres del Alto Esla en su parte de Tierra de la Reina, verdaderos titanes, toda una revolución de montañas de varias formas y tamaños. El Cubil del Can, con su tradicional nevero que se mantiene hasta Agosto lleva buena parte de las miradas. El Espigüete, cumbre palentina con parte en tierra leonesa, es casi una deidad en esta parte de la cordillera.

 

El Cubil del Can y al fondo Peña Prieta, máxima altitud de la cordillera

 Espigüete

El descenso, con precaución, porque ya se sabe que “en las bajadas, están las ostias”, lo realizamos apuntando hacia el collado la Cruz a través de lleras y terreno no muy bueno.

 

 Ruta de descenso al valle

En la Cruz nos espera el frescor de hayedo, que se agradece después de unas cuantas horas de sol y piedra. El sendero que aquí se coge nos lleva directos a Prao Mayor a través del valle de Salceda (si, el mismo nombre para este valle de Casasuertes), terreno conocido donde cogeremos de nuevo la pista de ida para hacerla de vuelta, no sin antes mojar un poco las piernas en el truchero río de Casasuertes.

 

(Pinchar para ampliar)

 

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Siete destinos naturales en la costa asturiana

Ha llegado Julio, el mes que muchos leoneses aprovechamos para cruzar el puerto (o el tunel) y refrescarnos en nuestra región hermana con el agua del mar o de la sidra.

La visita estival a Asturias es ya, más que una tradición, una necesidad para León (ciertamente, el mismo proceso ocurre a la inversa, con los miles de asturianos que pasan el verano en las soleadas Coyanza o Villamanín).

Esta simbiosis milenaria entre astures de uno y otro lado de las montañas (hemos de recordar que la patria astur no comienza en Camponanes, sino que también se instala en la Asturica Augusta maragata o en el Esla, antiguo Astura según las crónicas romanas) da juego a muchas combinaciones turísticas. Muchos sitios donde pasar un día, un fin de semana o una semana entera, y siempre en un marco natural de lujo como es toda la cornisa cantábrica y en especial las montañas y costas asturianas.

Hoy quisiera empezar hablando de siete destinos naturales y también culturales que nos llevarán a conocer, o al menos saborear, la extensa línea de costa asturiana, de más de 300 kms de longitud, desde las rías del Eo y el Navia hasta las estribaciones de los Picos de Europa, pasando por ciudades y cabos emblemásticos como Xixón y Peñes.

Son simplemente siete puntos geográficos con encanto a modo de sugerencia para todos aquellos leoneses que buscan en Asturias unas pequeñas vacaciones cerca del mar, sin excesivo gasto de tiempo, gasolina ni de alojamiento, pues las comunicaciones por coche en el Principado se realizan por autovías y las pensiones asequibles abundan en cualquier aldea pintada de hórreos y vacas con vistas al bravo mar cantábrico. Muchos de estos puntos, además, pueden ser de ida y vuelta a León en el mismo día, pero eso ya queda de manos del consumidor.

¡Empezamos!

1. Las playas de Castropol y Tapia de Casariego.

No hace falta irse a las Baleares para disfrutar de unas playas de alta categoría en el cantábrico (eso sí, con un grados de temperatura algo más bajos). El litoral gallego y asturiano comprendido entre los concejos de Foz y Tapia de Casariego ofrece al visitante un sinfín de playinas y playonas para gustos y colores, declaradas gran parte de ellas como monumentos naturales, como las Catedrales de Ribadeo o Penarronda en Castropol y Tapia.

Penarronda

Tapia de Casariego

Y es que playas como Penarronda, con su característica isla redonda varada en este arenal de 600 metros de longitud, es posiblemente una de las mejores playas de Asturias en cuanto a calidad del agua, accesibilidad, entorno y limpieza.

Castropol y la ría del Eo

Penarronda

El paisaje interior de esta parte oeste de Asturias no es quizás tan sorprendente como el del centro y el oriente, donde montaña y mar parecen unirse y desunirse constantemente en forma de pequeñas calas y largo acantilados, pero por el contrario, la cantidad de buenas playas, y, sobretodo, tranquilas playas supera a las dos otras partes del Principado en esta parte del litoral asturiano.

Tapia de Casariego

Y qué decir de sus pueblos, como Tapia de Casariego, marinero en su pasado y presente aunque con un fuerte impuslo hacia el turismo en nuestros días. Todo sus casco urbano esta rodeado de playas semitropicales, incluida una piscina construida en base a una antigua cetárea donde se guardaba vivo el marisco.

La Autovia del Cantábrico, A-8, que cogeremos nada más pasar el área metropolitana de Oviedo dirección de Avilés, nos sirve de enlace para llegar a estos rincones, que distán de poco más de una hora de trayecto desde Oviedo.

2. La ruta naviega.

Ya descrita en este blog, es quizás una de las rutas con más pujo en el cantábrico. La senda recorre los 21 kilómetros que unen la playa de Barayu (Valdés-Navia) con la playa de Navia, ya al lado de este río que vienen surcando los montes desde los altos de Pedrafita do Cebreiro, en Lugo, siendo uno de los ríos más importantes del norte ibérico.

Playa de Frexulfe

En su recorrido, además de serpentear toda la mágica línea de costa naviega, afamada por su marico, el caminante se encuentra con una de las playas más especiales de esta zona: Frexulfe, otro monumento natural asturiano.

Puerto de Vega – Veiga

El mar choca contra el islote de Romanelas – Veiga

Pero una de las joyas del recorrido es el pueblo de Puerto de Vega, marinero, pintoresco y semejante a otros pueblos cantábricos como Cudillero, Tazones o Tapia. En este pueblo, que cuenta con un centro de interpretación del parque histórico del Navia, se encuentra además uno de los primeros tratados balleneros de España.

Playa de Otur

Por otro lado, la gastronomía en esta zona está hecha para disfrutar de los sabores que el mar regala a estos pueblos de pescadores.

Tramo de la ruta naviega con la atalaya de Veiga al fondo

 

3. El Cabo Vídio.

Situado en las proximidades de Oviñana, conceyu de Cuideiru / Cudillero, es uno de los tres cabos con más encanto de Asturias. Se dice que el mejor centollo sale de estas aguas, pero no solo marisco nada entre ellas, este mismo año se ha avistado la presencia de una Orca.

Oviñana

Cabo Vidío

Desde lo alto de sus verticales paredes se divisa gran parte de la costa occidental asturiana y sus montañas vaqueiras. La playa del silencio, una de las joyas del cantábrico, está a escasos kilómetros de este paraje agreste.

Cabo Vidíu

Cuideiru

Una puesta de sol en este punto asturiano es todo un mar de sensaciones antes de emprender la vuelta a León, y es que este punto dista de apenas 20 minutos de Avilés.

Atardecer en la costa occidental asturiana

 

4. La Isla de Deva y el playón de Bayas.

También comentado en este blog, es un punto imperdonable en el litoral astur, pues se trata de la isla más grande de Asturias y la playa de más longitud, creada por los sedimentos del Nalón que aquí viene a finalizar su trayecto desde el Puertu Tarna.

Deva

Más al oriente está la pequeña pero resultona playa de Munielles, con buenas vistas hacia la costa avilesina, accidentada y bella en cualquiera de sus rincones. Todos estos rincones están comunicados a través de una senda que bordea acantilados y playas desde Luanco hasta Bayas.

Punta Vidrias

Deva es isla, pero también diosa, diosa astur-celta de las aguas, de las fuentes, de los ríos y los mares. Y es que ver esta isla desde los acantilados de la rasa cantábrica es un recuerdo dificil de olvidar. Existe sendero señalizado desde el Cabo de Peñas hasta este punto, que linda con el aeropuerto de Asturias.

Bayas

 

5. Xagó y Peñes.

En el centro asturiano, entre Gijón, Oviedo y Avilés, se encuentra una pequeña “península” compartida por los conceyos de Gozón y Carreño, los cuales albergan playas tan afamadas como las de Lluanco, Candás, Bañugues, Verdiciu o Xagó, siendo esta una de las más grandes y bellas. Aunque el oleaje en esta arenal situado a la derecha de la ría de Avilés sea un condicionante para el baño, es un paraiso de surferos y amantes de las playas naturales situadas entre verdes paredes.

Xagó

La Herbosa

Y es que aquí, la tierra astur parece internarse en el atlántico a través del Cabo de Peñas, con más de 100 metros de altura y el punto más al norte de Asturias. Su faro es uno de los más viejos del principado y con más visión del cantábrico, además cuenta con un centro de interpretación de este espacio natural de increible belleza. La naturaleza en Peñas se muestra desafiante, intocable pero tremendamente bella.

Faro de Peñas

Peñas

La isla de la Herbosa, la segunda mayor de Asturias, es otro de los atractivos de este entorno al que se puede acceder bien desde Gijón o bien desde Avilés.

Peñas

 

6. Xixón y La Ñora.

La mayor ciudad del Principado posee la cariñosamente denominada playa de León, San Lorenzo, de buena calidad pero de gran afluencia en fines de semana. Por eso no está de más conocer otros rincones de la costa gijonesa.

San Lorenzo

Del extremo oriental de San Lorenzo, más allás del Piles, parte una senda que nos lleva rumbo al parque de la Providencia, mágnifico mirador de la ciudad y de la linea de costa que avanza hacia en conceyu de Villaviciosa.

Costa oriental de Xixón

Atardecer en Xixón

Siguiéndolo, en una hora y media llegaremos a la escondida playa de la Ñora, un pequeña pero hermosa cala, que cuenta con dos restuarantes y un sendero verde a través del río Ñora para los que quieren sumergirse en el bosque y abandonar la arena.

La Ñora

La Ñora

Los acantiliados de este recorrido esconden también otras playinas como la de Estaño, también recomendable.

7. Senda costera de Llanes.

Qué decir de Llanes… a pesar de que las nubes que chocan casi constantemente contra la sierra del Cuera nos deparen muchos días nublados y de orbayu, es uno de conceyos más guapos del Principado, y por eso más turísticos. Y es que sus numerosas playa semimediterráneas no dejan indiferente a nadie. Torimbia, Cobijeru, Gulpiyuri, Ballota, Celoriu, Barru… son muchos de los puntos a visitar si nos animamos a coger la bici y dirigirnos desde el mismo centro de Llanes dirección Ribadesella, haciendo una jornada de deporte y playa inolvidable.

Además, tenemos varios servicios de alquiles de bicicletas en Llanes y el tren de la Feve, que podemos usar para la vuelta.

Otro punto y a parte es el bullicioso Llanes nocturno. La vida tras la puesta del sol en las cercanías del puerto sigue brillando, siendo uno de los puntos de Asturias con más ambiente en verano.

Llanes y los cubos de la memoria

 

(Siguiente reportaje: Siete destinos naturales en el interior de Asturias).

 

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Canto a la mia tierra ( primavera y otoño en el “cul.lao” )

Cantu al mieu pueblu

(Eva González)


Güei, que toi de gracia,

you quiero cantar

a mia guapa tierra

canto al mieu l.lugar.


A suas auguas l.limpias

canto al urcial,

a los rebol.lales

canto al piornal.


Canto a los capudres,

canto al gabanzal

ya canto a las techas

que tila nos dan.


A la regaliza

que la sierra da,

canto a la xanzana,

canto al tomil.lar.


Dulce manzanil.la

por aiquí se da,

canto a los estal.lones

melecinas fain.


Canto al sabugueiru,

canto al acebal,

a los mostachales,

canto al bedular.


Canto a las papolas

pos de todas hai,

por cualquier sendeiru

a la oriel.la tán.


Al pipirripí,

a las violetas,

a las margaritas

a las pitas ciegas.


Las de San Xosé,

espantapastores,

a las campanil.las,

xacintos, calzones.


Canto a la carqueisa,

codoxu ya escoba,

pos ponen mariel.los

los montes ya l.lobas.


You canto al mieu pueblu,

canto a la mia tierra,

nun atopéi outra

más guapina qu´el.la.


Ríu Ceronciel.lu o de Valdeprao. De lo mejorcín del valle del Sil.

Con estos versos en asturleonés de la muy querida escritora Eva González, natural del concejo leonés de Palacios del Sil, abro esta entrada sobre, más que una descripción de una sencilla ruta, una recopilación de imagenes sobre los cambios que la madre tierra confiere sobre los seres vivos según la estación en que nos encontremos.

A mi me gustan especialmente las estaciones de transición, donde absolutamente todo emerge o se sumerge, donde todo cambia y donde el paisaje es puro espectáculo.

Otoño y primavera son dos momentos especiales del año en los montes cantábricos, montes caducifolios, muy condicionados por el sol y la nieve.

En cualquier valle podemos contemplar los cambios que se suceden en la vegetación, si bien cada uno tenemos nuestros rincones predilectos, aquellos en los que primeramente pensamos cuando queremos dar un paseín.

Vista sur del valle de Valdeprao

Valdeprao (Palacios del Sil-León), ya ha salido más veces en este blog ( no dejará nunca de salir ).

Es un valle, desde mi punto de vista, enormemente valioso e interesante en esta parte de la cordillera. Su geología glacial, su vegetación cantábrica, su fauna de garra y pico, su cultura brañeira… es siempre una emoción caminar por sus senderos.

Los neveiros se acumulan en las montañas del Miro.

A uno, que le gusta mucho pensar, piensa cómo es posible que este valle no tenga una centro de recepción de visitantes del espacio natural del Alto Sil y un centro de interpretación parecido al que hay en Caboalles de Arriba, pues en nada habría que envidiar a otros lugares como Somiedo, mismamente.

Vista norte del valle

Pero las realidades son bien distintas a un lado y a otro de la cordillera. Aquí, en Valdeprao, hasta la carretera (o lo que queda de ella) es de propiedad privada y tras el cierre del mítico restaurante ya no queda nada abierto al visitante foráneo. Al otro lado de las montañas, bueno, todo el mundo sabemos quien lidera el turismo rural de montaña.

Desde el pueblín que una vez fue braña parte de un camino hacia el este, hacia un pequeño valle donde se despliega una mancha forestal destacable.

Es el val.le, un paso ancestral de comunicación con otros pueblos, brañas y valles como Palacios, Susañe o Pedroso, todo ello a través de un pequeño colladín aquí llamado simplemente “El Cul.láu”, apareciendo en los mapas como collado de Valdeprado y con una altitud de 1.549 metros.

El recorrido de ida y vuelta no supera las dos horas, aunque el ascenso haya que tomarselo con calma. Pero es fácil, porque el ecosistema que nos rodea según entramos en este pequeño vallín es inmenso. Un auténtico tesoro para los naturalistas.

No es dificil ver algún oso o faisán en estos senderos, pues el alimento abunda en esta parte del gran valle de Valdeprao, el mismo que vemos si volvemos la vista hacia atrás una vez ganada altura suficiente para contemplar los colosos del Miro y Busmor que cierran el valle por el lado Oeste.

Dos estampas del mismo monte, una en noviembre, otra en mayo.

Una alfombra de arandaneras se despliega sobre el bosque formado principalmente por abedules, pero también por capudres, salgueiros, acebos, avellanos y robles. Puro paisaje del norte.

Al otro lado del requero el monte bajo se extiende pindio hacia los altos, y aunque es monte que sabe desgraciadamente de incendios casi anuales, hay pequeñas “islas” donde viven grandes robles entre lleras y xardones, verdaderos refugios de todo tipo de fauna.

Arándaneras, xardones, capudres… El jardín secreto.

El contraste entre la vertiente sur y la norte es considerable, si bien al final del recorrido, acercándonos a cul.láu, todo confluye en una misma mancha forestal donde se compaginan todos los elementos antes citados.

La diversidad botánica es considerable. En primavera brotan multitud de plantas y flores que adornan cada rincón del minúsculo valle. Quizás los gamones y las gril.lándanas o narcisos sean los más vistosos, por sus radiantes colores blancos y amarillos. En la poesía de Eva González tenemos una inmejorable guía botánica para caminar por estos lares, y lo mejor de todo, con los nombres originales de cada cosa.

Narcisos, gril.lándanas, la flor emblemática de la cordillera asturleonesa.

Cuando uno ya está un poco fatigado de tanta subida en tan poco tiempo, el bosque allana y la pradera se cuela entre los abedules para que los caballos puedan pastar a gusto en el cruce de caminos y de lindes.

Susañe hacia el sur, Palacios al este, Valdeprao al oeste y hacia el norte el cordal de finaliza en los montes de Zarréu, en el pico Bóveda.

Estamos en el Cul.láu, lugar sagrado para estas gentes vaqueiras y mineras. Cull.láu o cuchao es simplemente la manera en asturleonés, la lengua propia de aquí, de denominar “collado”.

Se respira mucha paz, se oye mucha naturaleza y uno se impregna de estos montes que acaban enamorando y guardados en la memoria para siempre.

Y esa sensación se incrementa cuando nos asomamos al borde del collado y vemos toda la cadena de montañas de los macizos de Valdiglesia y Catoute, sobre los valles de Salientes y Salentinos. Montañas salvajes, de grandes altitudes donde la nieve tarda en desaparecer a pesar de la cercania del verano.

Para nieve y neveiros los del Miro, el macizo que tenemos a nuestras espaldas pero que el atardecer primaveral nos ciega levemente y parece ocultarlo del paisaje.

Los mismos montes, en días otoñales y primaverales


Lo mejor de este pequeño recorrido en cuanto a vistas de lugares sorprendentes llega al mirar hacia abajo, casi hacia nuestros pies. Es un valle que ya hemos recorrido antes en este blog y que podemos ver pinchando AQUÍ.

Es el val.le de Pedroso, un valle que resuena en todos las bocas de los habitantes del Alto Sil por contener un robledal de cerca de 10 kms de longitud, dos brañas (una de ellas, la fontel.lada, de increible belleza), un río que tiene más truchas que el mismísimo Sil y… bueno, decir que aquí el urogallo aún canta y el oso es dueño y señor de este basto territorio que se extiende al norte de Palacios hasta la frontera con el concejo de Degaña.


En el cul.láu existe un refugio muy bien acondicionado por los vecinos del concejo y a su lado una fuente que brinda al senderista la posibilidad de alargar la estancia por estas colladas que dan paso a montañas significativas como Bóveda (1.917 m) o La Cueta de Susañe (1.731 m).


Aunque el monte bajo ha colonizado buena parte del collado debido a la escasez de ganado, el enclave se mantiene abierto por el cuidado vecinal.


Otoño, invierno, primavera, verano… el tiempo cae sobre estos montes solitarios así como cae sobre nuestros pasos, pero la raiz permanece guardada en lo más profundo de nuestras almas y de nuestra memoria, y es ella la que brota para hacer que volvamos a casa de vez en cuando y no nos olvidemos los valles y ríos que nos vieron nacer, los mismos que muy problamente nos vean morir. Y es que así es el ciclo de la vida, una continua primavera y un continuo otoño, surgencias de vida y muerte que dejan estampas de belleza que hemos de saborear estemos en el momento que estemos.



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Circular por la costa de Bayas (Asturias)

Si hace unos pocos meses hablaba en este blog sobre la ruta de la costa Naviega, he decidido seguir hablando un poco de otros destacados o renombrados accidentes geográficos de la costa asturiana, puntas o cabos que merecen ser visitados para disfrutar aún más de este mar de infinita belleza tan cercano a León y a sus gentes.


Duración aproximada: 2 horas

Sentido de la ruta: Circular

Aproximación desde León ciudad: 2 horas aproximadas. AP-66 (Autopista) ó N-630 (Puerto Pajares) hasta el cruce de autovía (la Y) con dirección Avilés. Desde Avilés tomar A-8 dirección Aeropuerto de Asturias (Santiago del Monte-Bayas).




Siguiendo la ruta hacia el occidente de Peñas, ruta por otro lado que no es imaginaria, sino que incluso está balizada y señalizada con el nombre de “Senda Norte”, la cual comienza en Lluancu y acaba en la desembocadura del río Nalón, nos trasladamos al conceyu de Castrillón para conocer dos lugares importantes en la naturaleza del litoral asturiano, ambos declarados monumentos naturales en 2002.


La Isla de La Deva, la mayor de Asturias

Y es que si queremos realizar este breve paseo de dos horas que bordea los acantilados de Bayas, hemos de saber que vamos a conocer el mayor islote de la costa astur.


Costa de Santa María del Mar: minas de Arnao y la playa de Salinas.


Desde las praderas de Bayas, la costa industrial avilesina


Para ello nos encaminamos hacia el oeste desde la iglesia de Bayas, donde abandonando la carretera tras andar apenas 80 metros aparece un camino que nos integra en un pequeño bosque de pinos y eucaliptos, el cual nos sacará pronto a la húmeda vecindad del mar, próximos a la playa de Munielles, la cual es digna de conocer y desde la cual se obtienen unas buenas vistas de la abrupta y minera costa de Santa María del Mar.


Descenso que luego se converitrá en la única subida destacable del recorrido


Tras pasar una sucesión de cuestas, las cuales incrementarán la grandeza del paisaje hacia el oriente, vamos a llegar a un plataforma situada a más de 100 metros sobre el nivel del mar que nos sirve de nexo de uníon con el sendero que bordea esta franja de rasa cantábrica con el propio mar.


Llegando a la punta Vidrías con un paisaje de fondo que engloba varios lugares de interés de la costa de Castrillón


La Punta Vidrías en un saliente significativo de esta costa desde el cual obtendremos una fenomenal vista sobre la cercana isla de La Deva y los acantilados que la separan de la península.


La Punta Vidrías


Esta hermosa isla es la mayor del Principado de Asturias, con 800 metros de largo y 400 metros de ancho, y una altura cercana a los 90 metros, Deva es mirada obligada de todos aquellos amantes del mar. Y es que su nombre ya lo dice todo.


Deva



Deva es una divinidad presumiblemente prerromana que los habitantes de la europa atlántica adoraron allá donde el agua era protagonista. Así, esta deidad de las aguas está representada en muchos topónimos de nuestro norte. Por citar algunos, tenemos el Río Deva, nacido en los Picos de Europa, otro río y monte Deva en Xixón y por supuesto, esta isla-fortaleza que hoy sirve de refugio de varias aves marinas, pero que en la antiguedad debió ser un lugar de culto y oración para los pueblos astures que vivían cercanos al mar y sus caprichos.



Seguiendo el sendero hacia poniente vamos bordeando este increible paisaje donde se esconden restos de antiguas explotaciones mineras además de algún punto un tanto descuidado para la observación de aves marinas.


Oquedad en la base de la isla de Deva


El Playón de Bayas

También conocida como El Sablón, es la mayor playa en longitud de la costa asturiana y hacia su extremo oriental llegamos para comtemplar su magnitud desde lo alto de otro saliente que también nos permite ver la Isla de La Deva con otra perspectiva.



El Sablón

Formada por los sedimentos del río Nalón (en muchas de estas playas, el color negro de la arena es debido a los residuos de carbón que este río transporta desde las cuencas mineras hasta el cantábrico), esta playa es otro monumento natural de Asturias, compartida con Sotu´l Barcu y Castrillón.



Una larga sucesión de olar llegan a sus arenas continuamente, creando una peculiar neblina marina que parece dar un toque exótico al lugar, quizás solo roto por el sonido de los aviones que aterrizan y despegan del ya menguado, desgraciadamene, Aeropuerto de Asturias, el cual nos puede llevar a Londres en poco más de una hora y media, y que se asienta a pocos kilómetros de nuestra posición.



Bayas


Desde este punto puede optarse por bajar a El Sablón o regresar al pueblo de Bayas por su entrada oeste.


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