Valdelugueros

Hoy quiero hablar de uno de mis lugares preferidos de León: Valdelugueros.

Situado allá en las altas tierras de un río, el Curueño, el cual, en palabras del escritor leonés Julio Llamazares, es “el solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa”.

Valdelugueros desde los altos de Tolibia de Arriba

Valdelugueros desde los altos de Tolibia de Arriba

Valdelugueros es el concejo que recoge todas las cristalinas aguas de este río tan literario, el cual comparte colladas con otros concejos importantes de la cordillera como Puebla de Lillo, Valdepiélago, Cármenes o Rioaller, ya en la húmeda vertiente asturiana.

Valdelugueros es uno de los últimos grandes valles de León que ha resistido a esa epidemia que a mediados del pasado siglo asedió buena parte de la montaña leonesa: los pantanos. Y es por esta razón, entre muchas otras, por la cual, el que ahora escribe, tiene mucho apego y cariño a estas tierras, las cuales seguramente encarnan lo que un día fue Riaño, Luna o Vegamián antes de que lodo lo cubriera todo.

Cueto Ancino desde las majadas de Valdeteja

Cueto Ancino desde las majadas de Valdeteja

Los Argüellos, que es el nombre tradicional de esta comarca hermanada durante siglos a los valles vecinos del Torío y el Bernesga, irrumpen con fuerza al caminante que decide atravesar las hoces de Valdeteja, estrecheces del valle donde río, carretera y una vieja calzada romana se tienen que arreglar para compartir los escasos metros que la caliza otorga en estos lugares.

A la salida de las primeras hoces, tras abandonar el pueblo de Nocedo, aparece un pequeño ensanche del valle donde unos pocos caseríos se han establecido para que el ganado de Valdeteja pasase el invierno con comida suficiente y no tuviera que subir los más de cien metros de desnivel que separan el río del pueblo de Valdeteja, el primero de Valdelugueros, que comparte valle con Valverde de Curueño.

Los señores del bosque: Los Tejos, árboles sagrados.

Los señores del bosque: Los Tejos, árboles sagrados.

Esta pequeña majada guarda uno de los mejores valles de esta montaña, el valle de Tejedo, al que se accede de manera cómoda por un camino que, luego, en el interior del hayedo, se divide en mil ramales los cuales nos pueden llevar a conocer con precisión los secretos botánicos de este bosque, antiguo lugar de oraciones por monjes que aquí tuvieron hasta un monasterio, el cual se puede ver aún en el fondo del valle.

Valdeteja, encerrado de una manera muy bella entre dos grandes montañas, el Bodón por el norte y la Valdorria por el sur, es de los pueblos más hermosos de esta montaña. Quizás por ello, el actor Viggo Mortensen (El señor de los Anillos), viene cada poco por estas carreteras olvidadas (y muchas sepultadas por la nieve durante el invierno). Hecho este, que ha propiciado que el pueblo otorgue a su plaza el nombre del famoso actor.

La siega en Valdeteja

La siega en Valdeteja

Caminando de nuevo hacia el norte, hacia el gran valle, las truchas del Curueño se ceban y saltan al lado de un viejo camino que quizás muy pocos saben de él. Es la Calzada Romana que une Puente Villarente con Vegarada, y que en este último tramo de su existencia brota de manera muy visible en la margen derecha del río, arrimada a la peña y que cruza de vez en cuando las aguas (uniéndose con la actual carretera) a través de varios puentes, cada uno con su nombre, como el de Villarías, el del Ahorcado, el del Villarín…

El bosque de Tejedo desde Valdeteja

El bosque de Tejedo desde Valdeteja

Uno de esos puentes da paso a otro valle donde se refugian entre robles y cerezos dos pueblos, uno con inminente nombre ganadero: La Braña, y otro con nombre más literario e histórico: Arintero.

La Braña y el Bodón

La Braña y el Bodón

Arintero es la cuna natal de esa mujer batalladora y de ardiente coraje que fue a luchar a la guerra para evitar que su anciano padre tuviera que hacerlo. Es la Dama de Arintero, dama que seguramente recorrió más de una vez las vegas de este valle presidido por la famosa Forqueta o Peña Forcada, que divide el Porma del Curueño, y donde el tiempo parece haberse detenido entre los miles de Gamones que en este valle de Valdemaría crecen y se funden el paisaje en un color verde y blanco durante los meses de Mayo y Junio.

Arintero

Arintero

De nuevo en el río, y siguiendo la calzada/carretera, una última hoz nos descubre al final de su oscuridad el gran valle de Lugueros, máximo exponente de la belleza de estas tierras y seguramente de los más guapos de la cordillera.

Posiblemente el culpable de tanta belleza lo tiene un señor muy alto, de orígenes celtas, que vive casi al lado del cielo. Aquí le conocen como Bodón, y es el emblema de estas tierras de Valdelugueros, presidiendo todo el valle y creando una estampa que enamora al instante al viajero que conoce este lugar por primera vez.

Lugueros desde Bodón

Lugueros desde Bodón

Bajo el Bodón, afloran los tejados de dos pueblines, Llamazares, el cual cuenta con unas cuevas muy interesantes y unos hayedos tremendamente preciosos, y Redilluera, pueblo que da paso a la alta cuenca del Torío a través de la collada que lo une con Canseco.

Llamazares en un atardecer primaveral

Llamazares en un atardecer primaveral

En el valle, Tolibia de Abajo y Lugueros se reparten la fértil vega en un escenario natural digno de mil palabras y un millón de fotografías.

A un lado de este valle, muy cercana a Arintero, está Tolibia de Arriba, también pueblo con mucho encanto y mil historias de lobos, duendes y enormes nevadas que merece la pena conocer.

Tolibia de Abajo

Tolibia de Abajo

Si seguimos de la capital del concejo, Lugueros, hacia el norte, la montaña cantábrica se viste con sus mejores galas en los montes de Villaverde de la Cuerna y Cerulleda, siendo esta última población famosa por albergar un viejo molino propiedad de la familia de Jesús Fernández Santos, reconocido escritor español que aquí compuso una de sus principales obras: “Los Bravos”.

Una basta extensión de brezales, prados, peñas y bosques acompañan al río en busca de su nacimiento. Es relativamente fácil avistar fauna por estos lugares: corzos, lobos, algún oso y algún urogallo, caminan por estos antiguos senderos de pastores trashumantes que subían (y alguno aún sube) desde las tierras llanas y riberas hasta los altos puertos siempre verdes de Vegarada y Redipuertas.

La capital del valle: Lugueros

La capital del valle: Lugueros

Es Redipuertas el último pueblo de Valdelugueros por esta parte, sus cascadas pueden ser un buen aliciente para afrontar los últimos kilómetros que nos separan del alto del puerto, quizás el paraje más bello de todo este paraíso natural.

Los campos de Redipuertas: un mundo de poesía.

Los campos de Redipuertas: pura poesía.

Aquí nace el Curueño, bajo las cumbres del Pico Huevo, Faro, Nogales, Jeje, Agujas… y entre los bosques de Repinos, donde corren pequeños regueros entre turberas y paisajes que nos evocan a épocas glaciares y que podemos revivir en crudos inviernos donde la nieve alcanza espesores de más de tres metros, sepultando el valle, el río, la carretera ( e incluso el pintoresco Redipuertas ), e inundando el paisaje de un silencio blanco, solo iterrumpido por las aludes y algún tiro de los cazadores que aquí vienen en busca del escalador rebeco.

Vegarada hace de límite entre Asturias y León, y aunque su campana ya no suene entre estas arandaneras y brañas alleranas, es un lugar muy animado por la cantidad de montañeros que muchas veces aquí se dan cita para acometer las ascensiones al la Puerta de Faro, enorme brecha entre montañas situada al sur del puerto, por la cual se cuela el cierzo y la niebla cada tarde, vistiendo este lugar de una magia y solemnidad que nos lleva a recordar lugares nórdicos, propios de Escocia o Escandinavia.

La Puerta de Faro, en Vegarada

La Puerta de Faro, en Vegarada

Caballos entre las arandaniegas de Vegarada

Caballos entre las arandaniegas de Vegarada

En Vegarada la carretera se diluye durante varios kilómetros hasta que llega al pueblo asturiano de Rioaller, donde otro río, el Aller, comienza su andadura hacia el cantábrico recogiendo las aguas que bajan de San Isidro y Piedrafita.

Las brañas alleranas del puertu, en pleno Junio.

Las brañas alleranas del puertu, en pleno Junio.

Desde el mismo puerto también parte otra carretera, de no muy lejana construcción, que nos lleva a la otra cabecera del Curueño: Repinos. En Repinos o Riopinos se encuentra una sección de la estación invernal de San Isidro destinada principalmente al ski de fondo o de travesía. Aunque en invierno el lugar presume de una gran belleza, no es menos cierto que durante el resto del año, el terreno aparece bastante erosionado y deteriorado por la acción de las pistas y las instalaciones. Aún así, Valdelugueros tiene en este lugar un potente atractivo turístico que junto con toda la naturaleza que este río ha ido creando a su alrededor, ha de ser el verdadero referente económico para el futuro de estas aldeas tan castigadas por el frío y una nefasta actuación de las administraciones hasta el momento.

RUTAS Y PASEOS POR VALDELUGUEROS PINCHANDO AQUÍ

2 respuestas a Valdelugueros

  1. mario prieto dice:

    Me gusta, Gracias!!

  2. rosa dice:

    muy agradecida por describir tan bien estos rincones de la provincia que son un lujo

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