Raqueteando por Cerulleda

Una vez más (ya no sé cuántas van) volvimos a surcar el Curueño hacia sus altivas fuentes en Valdelugueros. Una vez salimos este inusual invierno en busca de esa nieve sagrada que ha caído en esas dos primeras semanas de Febrero y que tan bien ha sentado en nuestra montaña leonesa. Esperemos que antes de que el Sol establezca definitivamente su imperio primaveral, caigan otras dos nevadinas semejantes…

Valdelugueros desde la cima de hoy

Como digo, subimos hasta Cerulleda, penúltimo pueblo del Curueño antes de que la carretera se introduzca en tierras asturianas de Aller, con el propósito de desempolvar las raquetas y disfrutar de un día de sol y nieve (a falta de playa).

Vega de Cerulleda

Cerulleda es una pequeña aldea situada entre Lugueros y Redipuertas. El río lo divide en dos, pero dos puentes, la cimera y la bajera, lo unen. Las truchas hacen vida junto con los vecinos de este pueblin que tiene dos caras, una tradicional, de pueblo auténtico de montaña y otra más moderna, con cabañas de madera construidas para el turismo de nieve que la cercana estación de Riopinos pretende establecer en el valle como un buen recurso para la supervivencia de estos pueblos.

Cerulleda

El Curueño

Y a ese turismo de nieve nos encaminamos cuando calzamos las raquetas y comenzamos a andar hacia la pista que conduce a la hermosa valleja de Busllambre, no sin antes pasar por el molino donde Jesús Fernandez Santos escribió la célebre novela de “Los Bravos”.

Pico Huevo y la hermosa Puerta de Faru

La pista sube ladeando dejando el Curueño a nuestra izquierda y poco a poco se va adentrando en la montaña. Al poco rato nos saca a una campera donde la nieve ya coge algo más de grosor y las raquetas se hacen indispensables, así como unas gafas de sol para disminuir los reflejos y destellos de este mundo blanco, casi ártico, que se ve acentuado cuando miramos hacia los cercanos montes blancos de Faro y La Morala, los cuales se muestran sencillamente espectaculares en este día.

Venado

Tras pasar una cabaña y espantar a un joven y bello venado el cual estaba encamado entre las escobas, comenzamos la cuesta que nos lleva a la collada que queremos alcanzar para, luego, comenzar un cresteo que poco a poco nos tiene que llevar (si los cálculos no nos traicionan) hasta la cima del Pico Espina, a 1.929 metros de altura, cumbre que domina este valle de Lugueros y nos llevará a contemplar también los cercanos terrenos de Puebla de Lillo.

Tensando músculos...

El cresteo hacia la cima requiere atención para no pasar por debajo de cornisas de nieve que en estos días de sol se derriten y pueden producir pequeñas avalanchas las cuales pueden ocasionar algún que otro susto. También, en algunos tramos el hielo hace acto de presencia. Afortunadamente los pequeños crampones de la raqueta hacen de sujeción para evitar caídas.

Cornisas de nieve

Acercándonos a la cima

Llegamos a una colladina tras habernos cruzado con varios rebecos que, como en casi todas las ocasiones, pasean sin mucha prisa cerca de nosotros. De aquí a la cima ya son escasos metros y tras guardar las raquetas en la mochila, puesto que aquí el viento no ha permitido que la nieve se amontonara, subimos cómodamente hacia el pico Espina.

Culminando el objetivo

Cumbre del Pico Espina

Tras comer y descansar mientras nos deleitamos con las buenas panorámicas que esta cima guarda (el puerto de Vegarada, el Mampodre, Pico Agujas, La Morala, Bodón…). Nos ponemos de nuevo en marcha con las raquetas para realizar el descenso por su cara sur hacia la collada desde la cual comenzaremos la bajada por un hermoso y muy nevado valle que desemboca directamente en el pueblo.

Descendiendo del pico

Vegarada y Riopinos: nacimiento del Curueño

El sol, que ahora nos da directamente de cara, hace que la temperatura suba y que comencemos a deshacernos de ropa progresivamente. El montañismo con raquetas es un deporte exigente y con alto nivel de esfuerzo físico, pues si bien la raqueta impide que nos hundamos en la nieve, el mero hecho de levantar el peso de cada raqueta y andar sobre la nieve, la cual no siempre es compasiva con el caminante, es un ejercicio continuo de quema de calorías, lo que hace conveniente ir bien hidratado y también llevar ropa adecuada para evitar que el tejido empapado de sudor nos acabe provocando un buen catarro.

Mirando los altos montes de La Morala

Aún así, en días así, de sol, nieve y montaña, sin prisa ninguna, uno disfruta como un niño. ¿Qué tendrá la nieve que tanto gusta al ser humano?

Poco a poco vamos descendiendo por este valle hacia Cerulleda y también poco a poco la nieve va fundiéndose para dar paso a los prados cercanos al pueblo donde pasta la ganadería local.

Montañas de Puebla de Lillo

Arribamos de nuevo a este simpático pueblo de montaña surcado por este río, el Curueño, que siempre nos deja con un gran sabor de boca, el cual alimentamos en Lugueros posteriormente con un poco de cebada como recomienda el buen decano del montañero leonés.

Mapa de la ruta

Nota de interés: En Lugueros podemos alquilar raquetas y otro material de nieve en las  “Casas de Montaña Alto Curueño”( http://www.casasdelugueros.com/).

Tiempo Aproximado: 5 horas.

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