Elegancia perruna vs marranería municipal

El ayuntamiento de León ha ordenado las zonas verdes de la ciudad desde un punto de vista canino: se han definido las zonas en las que los perros pueden ir sueltos, prohibiéndose en el resto. En aquellas que sí, se han colocado unos carteles (bastante horteras, desde mi punto de vista) con un dibujo de un perro con chistera y frac y el lema “Elegante como tu perro”, en los que se informa de que el perro puede ir suelto y se insta a recoger los excrementos. A su vez, se han colocado papeleras específicas para las cacas.

Un paseo por algunas de estas zonas obliga a rebautizar la iniciativa: “Usted sea elegante como su perro; lo de ser marrano déjenoslo a nosotros”.

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Justicia social. Un caso particular.

Hay una persona cercana a mí que tiene una situación personal complicada: mayor de 50 años, con una enfermedad mental (no evaluada y, por tanto, no reconocida) que le imposibilita trabajar de manera estable. Vive sola, de manera precaria, acogiéndose a diversas ayudas públicas y con algo de apoyo económico familiar.

El hecho es que hace unos tres años aproximadamente tenía como único ingreso una ayuda de inserción, de unos 420 euros mensuales, que le obligaba a ir al servicio de empleo a firmar cada seis meses. En una de las ocasiones, por motivo de la enfermedad mencionada, se retrasó dos o tres días en ir al servicio de empleo (leyó la fecha de la carta mal, al parecer); fue y le pusieron el sello sin problema. A los cuatro meses, recibe una carta diciéndole que:

a)    Según la normativa, no se puede uno retrasar a la hora de firmar.

b)    Al haberse retrasado, tiene que estar como sanción seis meses sin cobrar (desde el momento que se lo notifican, no antes).

c)    Tiene que devolver el dinero cobrado indebidamente, con sus intereses.

De este modo, estuvo sus seis meses sin ingresos, con riesgo serio de indigencia, y ahora tiene que devolver casi 2.000 euros al servicio de empleo, a pesar de que no tiene ningún otro ingreso (ni  lo tendrá) más que los 426 de una ayuda pública.

Eso sí, le permiten devolverlo en doce cómodos plazos, de 165 euros cada mes.

No dudo de que incumplió la normativa, por supuesto, y que todas estas reclamaciones están dentro de la legalidad. Pero esto está sucediendo en un país donde algunos han robado dinero público hasta la extenuación, y donde Gallardón (por decir uno) está recibiendo 10.000 euros mensuales por ir a dos reuniones a la semana, y donde nos hemos gastado miles de millones en rescatar bancos…¿de verdad nos podemos permitir el lujo de empujar a la gente a la indigencia? ¿Seguro que no podemos solucionar esto?

Estoy hablando de justicia social, no de caridad.

Estamos desmantelando los servicios públicos asistenciales a una velocidad de vértigo, y detrás de cada una de esas normas, de cada recorte, de cada desahucio, hay personas como la del caso que he contado.

Verguenza.
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Basura

Y a la espera de la contratación de los limpiadores que van a cambiar el rostro de la ciudad (que vienen las elecciones!), mientras nuestros munícipes se divierten con pendones, mitras, misas y genuflexiones, y nuestro concejal Cayón nos echa la bronca una vez más (y otra más) por quejarnos -esta vez por el plan de asfaltado-, la ciudad sigue incólume envuelta en un manto de porquería y desidia.

León, un domingo cualquiera, brilla.

 

 

 

 

 

 

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Nuestra Catedral es nuestra

Ha vuelto a suceder: sábado por la mañana, el centro lleno de turistas. Acudo a la catedral con dos sevillanos que están de paso, con ganas de admirar las vidrieras, pero un joven trajeado (sin ningún distintivo) nos impide el paso. ¿Motivo?: una boda. Nos informa de que estará abierta para el público general de dos a ocho.

 Mis amigos se quedaron sin verla por dentro.

 Hasta hace muy poco tiempo, los visitantes y las bodas convivían en la catedral sin ningún problema. Desde que empezaron a cobrar por entrar, las cosas cambiaron.

 Pienso en los peregrinos a Santiago, que pasan por allí una sola vez y que se encuentran con esta privatización de un espacio que, por mucho que figure a nombre de la iglesia, pertenece al pueblo… Un expolio más.

 ¡Quiten sus sucias manos de la Catedral!

 Al menos pudimos disfrutar, previo pago de cinco euros, de la maravilla del Panteón Real en San Isidoro, muy bien explicada por una guía que nos llevaba a la carrera ya que a las visitas que siempre hubo (y en las que te dejaban un rato para disfrutar de las piezas) ha habido que añadir la presentación del Santo Grial; en una sala semioscura, la guía te cuenta la historieta de que el cáliz de Doña Urraca (de ágata y recubierto de piedras preciosas) es en realidad -según la historiadora Margarita Torres-  la copa de la que bebió Jesús (y Franco, cabe recordar). Vistas las caras de una buena parte de los concurrentes, tendrán que esforzarse en inventarse una historia mejor.

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Otro bando municipal

Nota: parece ser que el anterior bando publicado en este blog, hace unos días, creó dudas sobre su autenticidad en unos cuantos avezados lectores. Por este motivo, tengo que advertir que este bando es real; que el alcalde me ha elegido a mí para publicarlo en exclusiva, fuera de los circuitos oficiales, por motivos ignotos pero que me hacen feliz. Solo los elegidos, como usted, lo podrán leer. 

Y la mejor muestra de que es real reside en la firma con la imagen del alcalde, muestra irrefutable de su autoría. Si fuera de otro ¡no pondría su foto! Que no haya dudas.

 

 

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