…todo se derrumba

Concina, implora desesperada desde el suelo...que todo esto no sea verdad.

Concina, implorando desesperada desde el suelo...que todo esto no sea verdad.

Riaño Vive, la lucha sigue.
Los primeros mazazos de las excavadoras caen sobre nuestras casas, en la mañana soleada, humeante  y fria, de este día. 10  de diciembre de 1986. Un momento que no olvidaremos jamás, ninguno de los que lo vivimos por la gran conmoción que sufrimos al comprobar que lo incomprensible, lo inimaginable, era cierto. Concina, la mujer de la foto desesperada, implora en vano clemencia desde el suelo mientras Petri, su vecina y amiga de toda la vida, la intenta calmar. Ante ellas, la arrogancia y estupidez del poder se impone. Malditas mentiras.

Esos días sin adjetivos comprendidos entre el 10 de Diciembre de 1986 y 24 de Julio de 1987…fueron si, para olvidar. Pero lejos de eso, vamos a relatar con brevedad algunas de las cosas que en “esos días del delirio” en el pueblo leonés de Riaño, sucedieron a los que estábamos ahí.

…esos días se vivieron como un mercadillo de muerte; la muerte de un pueblo y en buena medida, la de sus gentes. Esas gentes que habían heredado lo que durante siglos y siglos de esfuerzo y sacrificio, habían creado sus antepasados. Y de la historia también hablaremos, pero en otro momento.

Recordamos los duros momentos vividos esos días, moviéndonos sin rumbo en medio de aquella perturbadora confusión mientras, contemplábamos impotentes como se destruía casa por casa, nuestro pueblo a manos de aquellos impasibles y arrogantes hombres a sueldo con casco y escudo.

…tristes anécdotas se sucedieron, como en uno de esos instantes que recuerdo de repente a mi espalda escuché decir….¡Que haces aquí!, ¿¡No estabas mejor ayudando en tu casa!? Ya está mi hermano contesté,¡…No tienes vergüenza!, que no haces otra cosa que el gamberro…No tienes derecho a estar en la familia…Me dí la vuelta hacia ella, la miré a la cara, y con todos los respetos la dije: “¡Vete a tomar por el culo! ¡Déjame en paz!”

Era una tía política mía con la que creo, nunca había mantenido una conversación normal.
Al rato, me vi apareciendo por casa sin saber muy bien para que. Sentía como una extraña enajenación mental entre todo aquello y sobre todo, una gran impotencia e incredulidad…y muchas cosas mas, que no se explicar. Me movía entre un trajín de gente por todas partes; muebles apilados en las calles, herramientas y aperos tirados en las huertas… y guardias civiles por todas partes que con su actitud siempre represora, te hacían parecer como un fugitivo.

Llegué a la entrada del corral de casa de donde salían y entraban como de su propia casa, los del mono color “cagalera” (con perdón) que eran los encargados de desguazar tu casa sobre la marcha, a golpe de maza. Dentro, había uno dando con el mazo a la trébede de la cocina. Yo le increpé, y me dijo que era para poder sacar la cocina económica.. era como si me sacase a mi el corazón de cuajo. Le hubiera matado allí mismo. Conteniéndome, le eché de la cocina y a los pocos segundos le vi por la ventana hablando con los guardias….

Escuche la voz de mi madre y subí de un salto las escaleras que daban a las habitaciones en el piso de arriba. Me encontré con ella en su habitación, estábamos solos en medio del estruendo de las máquinas y sus tajazos a los muros de las casas de nuestro vecinos de siempre.

Mi madre se sentó en su cama y yo en la mía y la de mis hermanos, donde habíamos dormido todos de pequeños. Entonces comenzó a llorar con gran dolor e incredulidad por lo que estábamos viviendo. Agarraba la colcha y gritaba recordando a su madre (mi abuela), y a no se quien más. Yo la abracé entre gritos y sollozos..¡Hay mamina!… ¿como nos ha podido pasar esto? Gritaba ella…

No se cuanto tiempo estuvimos allí,… y nunca más he vuelto.

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