El sistema inmunitario

Menuda semana la que se avecina; densa y con muchos frentes aunque en la memoria colectiva pesa sobre todo la convocatoria del huelga para el próximo jueves 29, la primera de la era Rajoy, aún sin cumplir los primeros cien días de mandato. Tal vez más allá del resultado, sobre la balanza a uno y otro lado pesan los miedos a perder la posesión laboral, por muy precaria que sea, frente a la rabia contenida por una sociedad que tal vez deba medicarse porque su sistema inmunitario social está muy tocado, y así lo aprecia con la brillantez con la que relata sus reflexiones José Antonio Marina.

El filósofo y ensayista ahondaba este domingo en las páginas de El Mundo, ya sin su edición leonesa, sobre las causas del significativo bajón de las defensas de una sociedad aquejada de un fuerte síndrome de inmunodeficiencia social más que preocupante; Asevera Marina que esta flacura de defensas del sistema social en el que nos desenvolvemos tiene mucho que ver con la carencia de pensamiento crítico, “parece que estamos encantados de que nos timen. Aplaudimos a los pícaros, los convertimos en un espectáculo, con lo que quitamos mordiente a sus tropelías”.

Y esta falta de espíritu crítico se visualiza muy bien cuando cada bando de la contienda política se limita a exponer su enroque ideológico; “los argumentarios de los partido políticos me parecen penosos porque fomentan la pereza de la inteligencia y el gregarismo sectario. Una especie de pensamiento único de capillita”. E insiste en que somos cómplices de una “impotencia confortable” al dar por hecho que nada es inamovible y para qué entonces esfuerzo alguno, sea el culpable la naturaleza humana, somos como somos, o cómo somos, o bien el sistema que nos teje la vida.

Marina hace especial hincapié en la falsa percepción sobre la tolerancia a la que clasificamos como virtud de la democracia, como daño colateral asumible; al otro lado se debe situar la justicia, que nos debe empujar a ser precisamente intolerantes con aspectos tan dañinos como la corrupción.

“Criticar no es significa atacar, significa separar el grano de la paja” dice Marina y por eso uno de los mejores antibióticos contra este cuadro patológico es el pensamiento crítico; el que es capaz de romper con el voto cautivo en el que se enreda el sistema democrático cuando se enquista en el bipartidismo. No menos importante, estima Mariana, la participación ciudadana como pegamento que vuelva a unir los caminos de la sociedad civil y la sociedad política.

Pero por encima de todas las medidas aplicables resalta sin duda la ética. Debe ser la hoja de ruta, “las cuatro instituciones” que sitúe el marco en el que se desarrollan los pilares sobre los que se asienta el progreso y la convivencia justa; la democracia, la tecnología, la racionalidad científica y el mercado libre; Marina expone con claridad el papel de la ética.

“Dejadas a su propia dinámica pueden ser destructivas para el ser humano. La ciencia no tiene nada que decir sobre la ética; la tecnología carece de noción sobre el bien y el mal; el mercado dejado a su propia dinámica conduce al monopolio y el abuso y la democracia no puede ser eficaz si no se somete a valores éticos fundamentales”, algo que, Marina nos recuerda, proclama la propia Constitución, sí, ese texto que con tanto empacho nombramos pero no rige la práctica política en muchas de las ocasiones.

Y por tanto para aislar el virus, que debilita hasta síntomas preocupantes nuestro sistema inmunitario social, la mejor terapia es el desprecio y la repulsa social, no debemos “aceptar como normal lo indecente”. Y así acto seguido, a bote pronto, ¿cuántos casos de indecencia manifiesta, con nombres y apellidos, cargos y pluses, se nos viene a al cabeza miremos hacia el horizonte que miremos? ¿Y la huelga, es una acto de desprecio y repulsa también?

Dejamos a un lado la reflexión de una cabeza privilegiada como la del nieto del filósofo toledano Juan Marina para acercarnos a la jungla más cercana; nuestro hábitat más común. Los críticos han vuelto a darle un cachete a los oficiales del aparato del PSL. Ahora cabe preguntarse si en este río revuelto quién quiere navegar como patrón del velero oficial. Hasta ahora podría encajar la presidenta de la Gestora, Teresa Gutiérrez, aunque no sé ahora estaría dispuesta a tomar el timón para remar contra corriente. Y ahí a tiro de piedra tenemos el Plan de Ajuste que se deberá aprobar el viernes. Habrá sorpresas; no desconecten; sigan atentos a esta pantalla.

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