Las Pinturas Rupestres de Toreno (II): San Pedro Mallo

De Toreno parte la vía rápida que comunica con el Alto Sil y Laciana. El río, la carretera y las vías férreas del tren minero comparten un estrecho valle donde muchos pueblos han tenido que subirse a las empinadas laderas para aprovechar más luz solar, más pasto y más terreno, lejos de un Sil que en época de riadas se vuelve verdaderamente agresivo, llegando a inundar buena parte del escaso valle que entre Páramo y Toreno existe.

Es en Matarrosa del Sil, quizás uno de los pueblos mineros más emblemáticos de la provincia, donde surge la carreterina que asciende entre castañales y monte a los pueblos que se acuestan en la ladera Este del valle: Villamartín, Santa Leocadia y San Pedro.

Las cumbres de Anllares sobre su central térmica vistas desde San Pedro Mallo

Son alrededor de 300 metros de desnivel lo que tiene que salvar la calzada para llegar a San Pedro Mallo, donde se encuentran las pinturas que tenemos la intención de visitar. Pero antes de llegar a este pueblo, hacemos una breve parada en Santa Leocadia.

Santa Leocadia

Santa Leocadia es una pequeña aldea casi al borde de la despoblación que cuenta un testimonio crucial del pasado de esta comarca de Ribas del Sil. Una bella iglesia del siglo XVII se levanta en mitad del pueblo, y es en ella donde hay que buscar la historia de buena parte de estos pueblos, pues es una heredera directa del antiguo monasterio de Santa Leocadia de Castañeda, fundada sobre el año 900, en los albores del Reino de León.

Iglesia de Santa Leocadia

Del monasterio solo queda testimonio del lugar donde estuvo ubicado, pero también, curiosamente, queda constancia en las piedras con las que muchas casas de Sta. Leocadia y San Pedro están construidas y que se supone  vienen directamente de los materiales del antiguo monasterio, que entró en decadencia en el siglo XIII y perdió su condición de tal, pasando el relevo a la iglesia que hoy vemos, y la cual administró los impuestos de muchos pueblos del Obispado de Astorga.

Desde el campanario de Santa Leocadia

Abandonamos esta pequeña capital religiosa y administrativa del valle y damos el último impulso para subir a San Pedro, asentado a 1.000 metros de altitud y  constituyendo uno de los mejores miradores naturales de Toreno y del valle del Sil.

Pero San Pedro guarda muchas cosas para la vista aparte del paisaje panorámico. Así que, como siempre, vamos por partes.

San Pedro Mallo

Una buena muestra de arquitectura tradicional se nos aparece en cada una de sus calles. Corredores, fornos y corrales se compaginan con piedras muy interesantes, y es que como antes dijimos, las originales piedras del monasterio fueron aprovechadas por muchos vecinos para la construcción de sus hogares. Y así podemos comprobarlo en las fotografías.

Calle de San Pedro

Figuras labradas en la piedra de algunas casas

En San Pedro llega la antigua calzada que viene de Librán en dirección a Páramo del Sil, y a ella tenemos que dirigirnos para ir en busca de “La Cueva”.

Las buenas vistas empapan el paseo por el pueblo, pues toda la cuenca del Sil en Ponferrada es bien visible desde cualquiera de las calles de San Pedro, así como las montañas de Valdeprado y Anllares que cierran el valle por el norte.

San Pedro y al fondo la hoya de El Bierzo

El camino desciende hacia un pequeño valle muy arbolado donde se esconde la cascada de El Cerbenzón, aconsejable su visita en tiempos de primavera y lluvia. Una vez en la hondonada, justo abajo del pueblo que de nuevo lo volvemos a ver en las alturas, el camino se dirige hacia el Sur entre buenas castañales y vegetación de ribera mientras van apareciendo a nuestra izquierda formaciones rocosas que nos vuelven a recordar a los parajes de Librán, que están relativamente próximos de nuestra posición.

Alrededores de la Cueva

Allá donde la peña se acerca al camino abandonamos este para subir y (a veces trepar) por las rocas hacia el lugar denominado como “La Cueva”. En ella se encuentra una enorme oquedad y un par de laberintos o pasadizos muy interesantes, los cuales han servido, según me cuenta Paco Vuelta, de refugio en épocas de guerra pasadas. Además, según parece, se han encontrado restos óseos en el lugar, desconociéndose hasta el momento más concreción de los hallazgos.

En el interior de la Cueva

El lugar por sí mismo es mágico, una hermosa producción original de la naturaleza. Pero la puntilla que lo hace realmente especial son las figuras que aparecen dibujadas en las paredes Norte del paraje.

Figura antropomorfa

De nuevo nos encontramos con pinturas rupestres casi desconocidas por el gran público exceptuando los habitantes de la zona que si saben de su existencia. Una figura antropomorfa, semejante a las de Librán, aparece casi imperceptible para la vista en frente de nosotros a la altura de nuestra cabeza. Pero quizás no es la que más nos llama la atención, ya que el protagonismo la adquiere otra figura situada a escasos metros y que parece representar a un hombre con cuernos y rabo, como un pequeño demonio que también puede significar la atribución de poderes faunísticos al hombre en uno de los muchos ritos y fiestas de fertilidad que aquí debieron realizar los primeros pobladores de este valle, puesto que ese “rabo”, también induce a pensar en una figura fálica, la misma que tiene la otra pintura.

El pequeño demonio

El pequeño demonio

Lo que no cabe duda, dejando a un lado todas las posibles explicaciones de esta curiosa pintura, es que representa un patrimonio cultural de alto valor, siendo recomendable una rápida protección por parte de las autoridades.

Todo este lugar de La Cueva está lleno de leyendas e historias que complementan perfectamente las pinturas de “chamanes” y “druidas”, pues según me ha comentado una vecina de San Pedro, de pequeña siempre oyó historias de gentes que vivían en estas oquedades, gentes viejas, inmortales, los antiguos “mouros”, los cuales guardaban extrañas recetas y remedios naturales para todo tipo de males, atribuyéndoles incluso poderes sobrenaturales. También oyó esta señora de fuegos y ruidos de gaitas que desde estas peñas llegaban algunas noches al pueblo, desconcertando a la población. Es curiosa esta leyenda pues una casi exactamente igual está documentada en términos de Candín (Los Ancares).

La Cueva

Entre historias mágicas, pinturas y laberintos de roca, los cuales mi amigo Paco me confiesa que tiene verdadero respeto a entrar solo (y no es para menos), abandonamos este paraje para volver de nuevo al camino que nos conduce al pueblo.

San Pedro Mallo, al igual que el vecino Librán, tienen en estas rocas un potencial turístico sin competencia en el mercado que han de saber aprovechar si estos ayuntamientos mineros quieren mantener algo de población, atraer visitantes y sacar algo de provecho económico del patrimonio cultural y natural que la historia y la naturaleza les ha proporcionado de manera gratuita.

5 respuestas a Las Pinturas Rupestres de Toreno (II): San Pedro Mallo

  1. Pedro dice:

    Amigo Alejandro, felicidades por el reportaje. No obstante la última foto no se corresponde exactamente con la cueva; ésta está un poquito más abajo. Un abrazo.

  2. Pingback: Blog de HEKATE » Blog Archive Pinturas Rupestres de Toreno - Blog de HEKATE

  3. María dice:

    gracias por descubrirnos parte de nuestra historia del municipio.
    Muy bueno.

  4. Daniel Diez Iglesias dice:

    Alejandro en un lugar precioso y con lluvia Otoñal he disfrutado de Tus comentarios , me encanta que Nos cuentes Tus conversaciones con los Lugareños es una de mis Pasiones desde siempre , pero quedan pocos Aprovecha.

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