Visita al Dios Teleno (cuaderno de viaje)

Desde varios kilómetros atrás, el pasajero lo lleva viendo a través del rayado cristal de la ventanilla del tren. Una larga sombra oscura rompe el oeste y las riberas y la llanura se desvanecen transformadas en suaves colinas verdiamarillas que poco a poco son sustituidas por una gran cadena de montañas, la cual, según el mapa que el pasajero lleva consigo, son conocidas como los Montes de León.

Mons Tilenus

En la estación de ferrocarril de Astorga varias terminales, depósitos y carriles abandonados dan fe de un pasado económico y comercial más prospero que el que se avecina. La vieja ciudad romana arrebatada al pueblo indígena Astur duerme en la vega del río Tuerto bajo la eterna mirada del monte que el pasajero busca con su mirada, pues el propósito del viaje no es otro que su búsqueda espacial (y más tarde, temporal).

El tiempo se detiene en la Maragatería

Val de San Lorenzo, Luyego, Lucillo… praderas, robles, tesos y chanos… y una ondulante carreterina acompañan ahora los pasos del viajero. Casas de piedra, todas ellas bien restauradas y en pefecto estado atestiguan la riqueza de unas gentes que se dedicaron durante siglos a comerciar y transportar el pescado gallego a todas los lugares del centro peninsular: los Arrieros Maragatos, gentes con una fuerte identidad e idiosincrasia dentro de las tierras del milenario Reino de León. Un pueblo de leyenda.

Luyego

Es la Maragatería el camino elegido para la búsqueda de ese monte que despide el sol cada atardecer, que recorta el horizonte y hace silbar el viento del oeste, recibiendo todo tipo de tempestades y otorgando a su trono de nieve y desgastada roca la condición de Dios.

El Teleno

El caminante por fin llega a Chana de Somoza, ya sobre el aurífero río Duerna, ya bajo la sombra del dios romano Marte, el cual aquí es llamado y conocido como: El Teleno.

El Mons Tilenus romano es la brújula de todas estas gentes humildes que en estos campos de viento, lobos y oro viven aún esperando promesas políticas que solo el tiempo juzgará. Hasta ahora, la única administración que parece haberse fijado en esta tierra es el Ministerio de Defensa, donde aquí tiene un famoso y polémico campo de tiro con varias décadas de antigüedad.

Molinaferrera, Santa Colomba, Filiel, Quintanilla de Somoza… parecen islas o barcos navegando en un enorme mar de trigo, colinas y arroyuelos. Son pueblos tranquilos, sin apenas ruido, tan solo algún gato cruza la calle u observa al caminante desde los corredores tradicionales leoneses que en estas aldeas maragatas conservan todo su atractivo. Como atractivas son también algunas casas, como aquella de Chana, que, para ayudar a la primavera a colorear el paisaje, sus dueños han pintando las puertas y ventanas de un azul radiante.

Guapa casa maragata

Pero al caminante no le sorprende tampoco que poca gente salga a su paso a medida que avanza hacia el omnipresente monte. Tras el majestuoso cocido maragato que tuvo la oportunidad de comer al mediodía, entiende que la siesta en estas tierras del noroeste es parte del menú. Él, sin embargo, tendrá que dejarla para otro día pues ahora ya está cerca de conocer esa atracción secular que “Tilenus” irradia sobre estos pueblos y gentes.

Hay nieve, quizás más de un metro, en buena parte de su cima. El monte, que es visible casi a más de cien quilómetros de distancia en días claros, está ahora bajo el viajero.

Chana de Somoza

A él se encomendaron primero las tribus astures, tribus que bebieron de la cultura celta y que por consiguiente practicaron sus ritos y costumbres de adoración a la naturaleza.

En las piedras dejaron las huellas de sus vidas y escribieron con símbolos de difícil significado una cultura de culto al Sol y, por supuesto, al gigantesco monte Teleno, fuente de ríos que darían fertilidad a sus cultivos, emanador también de ese oro tan codiciado por Roma (en toda la cuenca del Duerna el caminante va viendo montes horadados por la minería romana), pero también nacimiento de las más terribles tormentas que estos viejos habitantes vieron, dándole el nombre también de Dios del Rayo y del Trueno.

Al poco rato y tras abandonar la carretera, los pies del curioso viajero se detienen al lado de dos enormes rocas, sobre una suave loma que mira al pueblo de Filiel. Cercano a ellas, dos tímidos carteles de reciente incorporación relatan de su importancia.

Laberintos tallados en piedra

Laberintos tallados en piedra

Al parecer, las espirales, laberintos y cazoletas que aparecen grabadas en la roca (ya algo desgastadas por el peso del tiempo y de los largos inviernos leoneses) forman parte de un conjunto de petroglifos de la edad de bronce que hasta hace bien poco solo se conocía de su existencia en las costas gallegas y en algunos pocos lugares más del noroeste ibérico. Su actual interpretación nos lleva a pensar en pequeños observatorios estelares o altares destinados a ritos de fertilidad.

Recientes carteles incorporados por la administración autonómica. No estaría de más un nivel más alto de protección.

Estos que ahora ve el caminante, mientras el frio aire el Teleno golpea no con mucha ternura su cara, han sido descubiertos hace muy pocos años. Aunque la palabra “descubiertos” no sea la más indicada, puesto que las gentes estos pueblos saben desde el principio de los tiempos de su existencia. Lo cierto es que ha sido todo un “redescubrimiento” para la comunidad científica y ya son muchas las asociaciones y personas individuales que trabajan para su conservación y estudio preciso, y por qué no, para dar un poco de vida a esta comarca, la cual podría encontrar en estos monumentos prehistóricos una fuente de riqueza. Es un lugar místico y misterioso, solitario e espiritual… quien sabe qué extraños rituales harían aquí los antepasados astures de estas gentes maragatas… quien sabe si aún hoy en día algún extraño fenómeno ocurre aquí las noche de luna llena y nosotros, gentes del siglo XXI, unidos a la pantalla y al teclado permanentemente, no somos a percibirlo ya que hemos perdido ese lazo que nos unía fuertemente con la naturaleza y con los astros…

Extraños montones de piedras "crecen" en las cercanías de Molinaferrera

Vuelve a soplar el aire sobre la cara del caminante que desciende ahora hacia el río en búsqueda de alojamiento mientras un par de corzos cruzan sin mucha prisa la carretera de reciente construcción por la que, a pesar de ser puente de uno de Mayo, no pasan ciertamente muchos vehículos.

En la lejanía, tierras rojas son humedecidas por varias tormentas de primavera que de momento respetan la cabeza del viajero, mientras, en la cumbre del Teleno, a 2.183 metros, un remolino de nieve y aire juega entre las viejas peñas de este monte tan desgastado por la erosión del viento y el hielo, el cual parece guardar una historia que poco a poco, entre sus bosques y piedras “afuracadas”, iremos desvelando.

Continuará…

Visita obligada para saber más sobre el Teleno y la Maragatería:

http://asturiense.blogspot.com.es/2011/08/teleno-senor-del-laberinto-del-rayo-y.html

http://www.ileon.com/cultura/013362/juan-carlos-campos-presenta-petroglifos-en-maragateria

3 respuestas a Visita al Dios Teleno (cuaderno de viaje)

  1. Maite dice:

    Enhorabuena Alejandro, gracias por tener en cuenta la zona del Teleno en tu blog!!! una que es de la zona, espera por ese “continuará…”.

  2. María dice:

    Me ha gustado tu artículo. Es una mezcla de todo, cultura, historia, tradición y poesia “ese monte que despide el sol cada atardecer, que recorta el horizonte y hace silbar el viento del oeste, recibiendo todo tipo de tempestades y otorgando a su trono de nieve y …”.
    Enhorabuena.

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